22 Mar 2017 - 4:00 a. m.

Así quieren salvar la Amazonía colombiana

En el país existen más de 300 estrategias dedicadas a cuidar esta selva. La más ambiciosa, Visión Amazonía, busca eliminar la deforestación para 2020.

Esteban Dávila Náder / @EstebanDN

Los problemas ambientales del Amazonas colombiano no son un secreto. La praderización, los cultivos ilícitos, la minería ilegal y el acaparamiento de tierras públicas como parques nacionales y reservas forestales se han convertido en un camino hacia la deforestación, un fenómeno que en 2015 le quitó al país 124 mil hectáreas de árboles, de las cuales 57 mil corresponden a esta región, según el Ideam.

Ese mismo año el país le prometió al mundo reducir a cero la deforestación en la Amazonía para el 2020, pero ¿qué se ha hecho hasta ahora para cumplir esa promesa? Los esfuerzos no son pocos y provienen tanto del sector público como del privado, señala José Yunis, coordinador de Visión Amazonía, el programa de conservación y desarrollo sostenible con el que el Ministerio de Ambiente planea salvaguardar los bosques de esta región.

“Hay una política por proteger la Amazonía. Desde mucho tiempo atrás se constituyeron grandes reservas forestales, parques nacionales y territorios indígenas”, explica el ambientalista refiriéndose a proyectos que se presentaron en las décadas de los 50, 80 y 90. Pero el mundo se mueve y esas acciones ya no son suficientes.

Por ello el nacimiento de Visión Amazonía, que viene actuando en la región desde mediados del año pasado, apoyándose en cinco pilares: gobernanza forestal, desarrollo sectorial, desarrollo agroambiental, gobernanza con pueblos indígenas y monitoreo.

El primero se enfoca en mejorar la capacidad del país para darle un uso sostenible y planificado al bosque, de manera que “pueda generar riqueza”, comenta Yunis. En favor de ese objetivo se busca lograr la zonificación ambiental y ordenación forestal de 2’250.000 hectáreas de bosque, así como mejorar la identificación de los productos que se extraen de la selva.

Le sigue el desarrollo sectorial, que consiste en registrar los avances de sectores como el del transporte, la minería e infraestructura en sintonía con los objetivos verdes a través del diálogo entre entidades, el establecimiento de reglas claras de inversión y el fortalecimiento de las licencias ambientales. “Para hacer una vía entre dos municipios, por ejemplo, evaluamos si va a pasar por zonas de conflicto o de interés forestal y corregimos el rumbo”, advierte el ambientalista, agregando que ya trabajan con el Departamento Nacional de Planeación para revisar estos escenarios.

Por el lado agroambiental resulta importante destacar que cerca de cuatro millones de hectáreas en la región sirven de pastizales para actividades ganaderas o agrícolas que hay que transformar. Para ello se contempla la alianza con asociaciones de campesinos a través de pactos de producción de cero deforestación, motivados por capacitaciones, incentivos económicos, créditos y mecanismos de financiación.

Así mismo, se están promocionando estrategias como el silvopastoreo o la siembra de los frutos que da el bosque: “De la palma, por ejemplo, sale el acai y el liche, útiles para la gastronomía y la industria farmacéuticas”. Algo similar se busca hacer con la gobernanza de los pueblos indígenas pues, según Yunis, cerca de 28 millones de hectáreas de bosque se encuentran en sus territorios.

La ventaja, agrega el experto, es que tradicionalmente estas culturas ancestrales “no han deforestado, sino que han cuidado el bosque porque es su casa”. En ese sentido, lo que se busca es fortalecer la capacidad de preservación y generar herramientas para distribuir y comercializar sus productos agrícolas.

Así las cosas, el objetivo para 2017 es forjar pactos “con al menos unas 20 organizaciones campesinas e indígenas, en las cuales vamos a tener unas hectáreas tanto de producción como de conservación”, agrega. El punto final, de condiciones habilitantes, se limita a acudir a diferentes mecanismos de monitoreo como imágenes satelitales, informes del Ideam e inventarios forestales detallados.

De esta manera se evalúa la efectividad del proyecto, que ahora más que nunca tiene que dar resultados, ya que aunque se desconoce la cifra exacta, “la deforestación en 2016 aumentó con respecto al año anterior”, indica Yunis, y aclara que el promedio entre 2000 y 2012 era de 83 mil hectáreas.

Este programa del Gobierno no es el único que se preocupa por cuidar la Amazonía. Son varias las empresas y organizaciones que han adelantado iniciativas para proteger la selva. Es el caso del Comité de Ganaderos del Caquetá, el primero en lograr la denominación de origen para uno de sus quesos, “trabajado con sistemas silvopastoriles y que hoy es usado por cadenas de restaurantes como la de los hermanos Rausch y hoteleras como GHL”.

También resalta a WOK, el restaurante que compra frutos como el camu camu de manos de mujeres pertenecientes a tribus amazónicas que desde hace varios años cuentan con el primer permiso de aprovechamiento sostenible del bosque expedido en la región. Alquería, por su parte, tiene un centro de acopio en el Guaviare que hace parte de su red de frío, mientras que Nestlé produce cerca de 150 mil litros diarios de leche a través de sistemas silvopastoriles en el Caquetá.

Todo lo anterior se queda corto. De acuerdo con la Plataforma de Información y Diálogo para la Amazonía Colombiana (PID), en la región se registran más de 300 iniciativas relacionadas con la protección de la selva. Estas son ejecutadas y financiadas por ONG, otros ministerios y hasta la comunidad internacional. Como lo resume Yunis, “cada vez hay un despertar mayor con respecto al cuidado de nuestra selva”. En resumen, sí se puede salvar la Amazonía.

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