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Colombia es el sexto país con mayor riqueza hídrica del mundo, pero vive una creciente paradoja: más de 33 millones de personas habitan zonas críticas donde el riesgo de desabastecimiento es alto, y en esas mismas zonas se genera el 52,6 % del PIB nacional. Allí también se ubican los embalses que producen el 68 % de la energía que consume el país.
La presión sobre estos ecosistemas, sumada al cambio climático, ha llevado al país a sobrepasar uno de los límites planetarios: el del cambio en el agua dulce, una de las expresiones más claras de crisis ambiental global.
Esta situación no es exclusiva de Colombia. En los últimos dos años, grandes ciudades como Ciudad de México (9,2 millones de personas), Chennai (7,1 millones), Roma (2,8 millones) y Melbourne (5 millones) han enfrentado crisis por sequías extremas o prolongadas. Bogotá, con más de 9 millones de habitantes, se sumó a este listado en 2024 con racionamientos de agua, mostrando que incluso los países con alta disponibilidad hídrica no están exentos de esta amenaza.
Aunque el problema del agua es global, podemos hacer zoom en Colombia, donde departamentos como Antioquia, Bolívar, Cundinamarca, Santander, Boyacá, Córdoba, La Guajira, Sucre, Valle del Cauca y Nariño enfrentan problemas estructurales de acceso al recurso hídrico. Y si acercamos aún más la mirada, en Bogotá los habitantes pasamos por un racionamiento que se extendió por un año y puso sobre la mesa un debate urgente que aún no termina. La percepción de “abundancia” con la llegada de las lluvias y el fin de las restricciones decretadas por la alcaldía no resuelve la crisis. Según la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), esta situación podría repetirse en un futuro cercano debido a posibles sequías vinculadas a la cada vez más errática variabilidad climática.
Por ello, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) propone continuar esta conversación con su estrategia de incidencia Agua al Límite, que incluye proyectos, planes, programas y actividades donde la comunidad es uno de los motores fundamentales para la gestión sostenible del agua. Esta estrategia se implementa en territorios clave como el bosque seco tropical, La Mojana y Cundinamarca, a través de iniciativas como Agua, Clima y Vida, Entornos Sostenibles y otras apuestas regionales. Además, se trata de un llamado a la acción dirigido a actores públicos, privados, académicos y comunitarios para unir esfuerzos en torno a un objetivo común: aumentar la oferta hídrica del país y promover un uso más eficiente del agua frente a escenarios cada vez más complejos.
Datos de estudios del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM) muestran, por ejemplo, que cerca del 70 % de los municipios de Cundinamarca se encuentran en riesgo medio y alto de desabastecimiento. Este panorama es, en general, una tendencia nacional que ha empeorado como lo revelan cifras de los estudios nacionales del agua del IDEAM.
En esta misma línea, como contamos en BIBO, el más reciente reporte de Global Water Monitor, que le hace seguimiento a los flujos de agua en el mundo, mostró que ciertas regiones de Colombia fueron de las más afectadas por la modificación de patrones climáticos en 2024, en particular por el descenso de las lluvias.
Estos cambios en los flujos del agua no ocurren en un vacío. Por ejemplo, investigaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) revelan que estas vulnerabilidades de desabastecimiento de agua son el resultado de la degradación de los ecosistemas naturales. Cundinamarca, bajo estas características, es uno de los departamentos en los que esta relación es más cercana, como se puede ver en el gráfico que acompaña estas páginas.
De esta manera, el hecho de que miles de bogotanas y bogotanos abran hoy la llave y que de esta salga agua no es el fin del debate y las decisiones a tomar para que la Sabana de Bogotá, que está rodeada de embalses, quebradas y ríos, pueda asegurar el suministro para los habitantes y las industrias.
Como lo explica Jimena Puyana, gerente de Desarrollo Sostenible del PNUD, estos retos son una imagen de un paradigma cada vez más claro en Colombia. “El país vive en una constante dicotomía entre la abundancia y la escasez de los recursos hídricos. Tenemos una alta riqueza en este tipo de recursos, pero eso no siempre significa cobertura”, precisa.
En este contexto, el PNUD impulsa la estrategia de incidencia ‘Agua al Límite’, orientada a promover acciones concretas para la conservación y seguridad hídrica como prioridad en la agenda pública nacional. La estrategia busca fortalecer políticas y enfoques de conservación mediante un trabajo articulado con múltiples actores, vinculando a las comunidades como eje central. Su objetivo es posicionar en la agenda pública la necesidad de asegurar, conservar y dar un uso sostenible al agua en Colombia, así como avanzar hacia una planificación territorial más eficiente y participativa que garantice la conservación de los ecosistemas que la proveen, generando estabilidad y seguridad de este líquido vital.
Un necesario nuevo debate en torno al agua
Se puede decir con cierta seguridad que el tema del agua en el país se ha abordado, principalmente, en situaciones extremas: por su abundancia, en inundaciones, o por su ausencia, en racionamientos durante sequías. Aun así, el reto de asegurar el suministro de este recurso depende de un gran número de factores de diferente índole y la interconexión de varios elementos que ocurren a lo largo del año.
Para comenzar, en el un nivel más básico, vale recordar que el agua es una molécula fascinante y sin análogos en el universo. Científicos han descubierto que esta cuenta con al menos 42 propiedades únicas (también conocidas como anomalías) que no se encuentran en otro tipo de compuestos.
A esto se suma que el agua está presente en los diferentes niveles de los ecosistemas, con presencia en la atmosfera, con su transporte en las nubes y la niebla; a nivel superficial, en ríos y quebradas; y, finalmente, bajo tierra, en acuíferos. Todos estos niveles suplen, de una manera u otra, actividades humanas.
Por su parte, la presencia en las diferentes regiones en el mundo es el resultado de un alto grado de interacción entre diversos ecosistemas. En el caso de la Sabana de Bogotá, uno de los fenómenos más relevantes en relación con el agua se presenta en forma de ‘ríos voladores’ que demuestran su conexión con la Amazonía. Estos son, de manera muy resumida, flujos aéreos masivos de agua que viajan desde el océano Atlántico tropical que, durante su trayecto, son alimentados por la humedad que evapora la Amazonía y, luego, continúan su recorrido hacia Los Andes.
De esta manera, cada vez que se tala un árbol en el sur del país, esto afecta de cierta manera el suministro de agua en Bogotá y sus municipios aledaños. Para poner en perspectiva los retos que enfrenta esta interconexión es suficiente la siguiente cifra: entre 2001 y 2020 se perdieron más de 54 millones de hectáreas de bosque amazónico, entre estos 2,3 millones ocurrieron en territorio colombiano.
Esta problemática es una de las formas en la que se están sobrepasando los conocidos límites planetarios de la Tierra. En tan solo 14 años, 6 de los 9 límites han sido transgredidos, entre ellos el Cambio en el Agua Dulce.
Como lo resume Puyana, del PNUD, “no podemos pensar solamente en un acueducto que bombea agua y preocuparse por cuánta agua está consumiendo cada persona, sino que tenemos que pensar de dónde viene esa agua e incluso un poco más atrás, sobre el rol que tienen los páramos, los humedales y generar esos pulsos hídricos para garantizar el suministro a millones de personas”.
En el caso de Cundinamarca, el agua proviene principalmente de los páramos, pero también de los manantiales de aguas subterráneas (algunos de los cuales se encuentran concesionarios para industrias de bebidas), los bosques húmedos y los lagos o lagunas, en un complejo mosaico que mantiene los flujos hídricos.
Una convocatoria con centro en las comunidades
En este contexto de retos e interconexiones, ¿qué se puede hacer? Una de las propuestas activas en Cundinamarca es la alianza entre el PNUD y la CAR Cundinamarca que busca financiar iniciativas de conservación en torno al agua, lideradas por 330 organizaciones comunitarias de Cundinamarca.
Bajo el nombre ‘Entornos Sostenibles para la Seguridad Hídrica y la Gobernanza del Agua’, el proyecto busca fortalecer la conservación de ecosistemas y mejorar la gestión de los recursos hídricos en 62 municipios focalizados en Cundinamarca.
“esta alianza entre la Corporación y PNUD es importante porque es la primera vez que llegamos al territorio a estructurar y ejecutar un proyecto de recuperación ambiental, de restauración de microcuencas abastecedoras, entregándole los recursos directamente a las comunidades, pero además fortaleciendo sus capacidades, gobernanza y conocimientos en relación a la conservación de ecosistemas. Las comunidades serán favorecidas y el beneficio lo vamos a ver en el mediano y largo plazo en conservación, gobernanza y desarrollo. afirmó Alfred Ballesteros, director general de la CAR.
La convocatoria estará abierta durante gran parte de 2025 y está dirigida a organizaciones de base comunitaria formalmente constituidas con concesión de agua superficial vigente de uso doméstico ubicadas en áreas focalizadas del proyecto con disponibilidad de al menos dos hectáreas para restauración.
Uno de los centros del proyecto es mejorar la resiliencia climática de estos territorios y para esto se financiarán propuestas construidas por las organizaciones, que incorporen las actividades priorizadas por el proyecto, por un monto máximo de $120 millones. Además de esto, se brindará asesoría técnica, así como procesos de formación para asegurar los procesos en los territorios.
“Este programa parte de la base de que a través de las comunidades se recupera y protege el territorio. Nuestra apuesta es responder a cómo se acompaña a esas comunidades y sus procesos para que sean más resilientes ante el cambio climático”, explica Sara Ferrer, representante del PNUD Colombia.
Según explica el PNUD, la invitación sigue abierta para que más organizaciones comunitarias de Cundinamarca se sumen a esta apuesta por el agua y el territorio. La convocatoria estará disponible hasta el 5 de julio y representa una oportunidad concreta para fortalecer el trabajo local con apoyo técnico y financiero.
Toda la información sobre cómo postularse está disponible en este enlace.