El sismo que azotó a Colombia el 10 de agosto ha dejado hasta el momento un balance lamentable: 312 personas perdieron la vida, 4.380 resultaron heridas, y 290 permanecen desaparecidas. A esto se suman las pérdidas materiales: casi 30 mil viviendas destruidas, y más de 134 mil averiadas que dejan un total de 294.503 personas afectadas.
También hay centros de salud, colegios, vías y centros comunitarios con afectaciones. Sin embargo, hay otro dato que preocupa a las autoridades sanitarias y al sector de la salud: 97 acueductos afectados, según el reporte que entregó la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) el 19 de agosto a las 6:30 a.m.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
David Montero, doctor en Ciencias Biomédicas y profesor de la Universidad de Chile, explicaba en un artículo para El Espectador que un terremoto puede romper simultáneamente redes de acueducto y alcantarillado, interrumpir el suministro eléctrico, reducir la presión dentro de las tuberías y dificultar el abastecimiento de los desinfectantes utilizados en el tratamiento del agua.
Eso pasó tras el reciente evento en Colombia. La superintendente de Servicios Públicos encargada, Hilda Borja Vega, informó el 14 de agosto que como consecuencia del movimiento sísmico, once prestadores de acueducto, alcantarillado y aseo reportaron afectaciones de infraestructura y operativas.
Los daños se registraron en Alcalá, Cali y Yotoco, en el Valle del Cauca; Pácora y Viterbo, en Caldas; El Carmen de Atrato y Tadó, en Chocó; y en Guática, Santa Rosa de Cabal y Dosquebradas, en Risaralda. Según Borja, las afectaciones corresponden a daños estructurales y de conducción en bocatomas, desarenadores (los que separan y remueven partículas pesadas del agua), plantas de tratamiento (PTAP) y tanques de almacenamiento en municipios.
Aunque ya en 29 puntos se ha reportado la activación de los planes de emergencia y contingencia, y en cinco de estos se están atendiendo el abastecimiento con carrotanques, los terremotos que se han registrado antes en otros países demuestran que este es un tema que requiere atención urgente.
El caso de Chile
De acuerdo con Montero, de la Universidad de Chile, cuando se reduce la presión dentro de las tuberías, como producto del movimiento de la tierra, “el agua contaminada del suelo puede ingresar a la red a través de una fisura”.
Además, agrega Martha Cristina Bustos, profesora del departamento de Ingeniería Civil y Agrícola, en el área de Saneamiento, de la Universidad Nacional de Colombia, los sistemas de abastecimiento y alcantarillado tienen que estar separados. Unos llevan el agua potable y otros las aguas residuales. “Si hay daños en la infraestructura se pueden cruzar y causar contaminación por diferentes fuentes: heces fecales, sedimentos, microorganismos patógenos e incluso sustancias químicas, en el caso de de las ciudades donde hay industrias”, explica.
En Chile lo saben después del terremoto de magnitud 8,8 que se registró en febrero de 2010. Montero recuerda que la emergencia dificultó la distribución de insumos utilizados para el saneamiento del agua y pocos días después comenzó en Antofagasta, una ciudad al norte del país, con 350.000 habitantes para ese año, un brote de gastroenteritis que, en pocas semanas, superó los 31.000 casos.
En un estudio que publicó junto a otros investigadores detalla que analizaron muestras de heces de 932 casos de gastroenteritis para detectar virus, bacterias y parásitos y encontraron la presencia, especialmente de norovirus (NoV) y cepas diarreogénicas de Escherichia coli. “El agua contaminada, utilizada para irrigar cultivos de hortalizas en la región, era la principal fuente de este brote masivo”, escribieron los autores.
Por esto, para la Organización Panamericana de la Salud (OPS) una de las principales prioridades después de este tipo de emergencias debe ser el suministro de agua potable. “Son muchas las necesidades y carencias: alimentos, refugio, ropas, medicinas, etc. Sin embargo, ninguna es tan importante como la necesidad de agua segura y de condiciones básicas de saneamiento. Estos servicios van más allá de satisfacer la sed y permitir la preparación de alimentos; su importancia radica en la protección de la higiene pública”, menciona la entidad.
La OPS dice que la falta de condiciones sanitarias después del desastre a menudo acarrea consecuencias sumamente graves para la población “y causa aún más sufrimiento que el propio siniestro. Por lo tanto, agua y saneamiento deben figurar entre las prioridades de las autoridades locales. Cuanto más rápidas y efectivas las medidas, menor será el daño”.
Esto también se debe, en parte, a que después de un terremoto que provoca la interrupción de los servicios de agua y saneamiento, o desplazamiento de poblaciones, se puede presentar un aumento en la incidencia de enfermedades infectocontagiosas con posibles brotes epidémicos. Un estudio publicado en la revista Salud Pública de México, explica que esto se da por la concentración y hacinamiento poblacional en albergues no propiamente planificados y sin las condiciones mínimas de saneamiento ambiental.
¿Cómo saber si el agua es segura?
La superintendente (e), Hilda Borja Vega, aseguró que están haciendo “un seguimiento permanente a la prestación de los servicios y a las acciones de las empresas para superar las afectaciones”, pero mientras tanto hay señales que las personas pueden observar para saber si el agua es segura para el consumo.
“Si hay cambios en la turbiedad, en el sabor, olor, color y presencia de sedimentos, son daños que pueden estar asociados a las tuberías o tanques de almacenamiento”, explica Martha Bustos, de la Universidad Nacional. Además, la principal recomendación es seguir las indicaciones de la empresa que presta el servicio de abastecimiento, o de las autoridades sanitarias.
Incluso cuando el agua se ve transparente puede que existan riesgos. “La contaminación microbiológica no la podemos ver, ni sentir”, agrega Bustos. Esto es algo que también reiteraba David Montero, de la Universidad de Chile: “El agua puede verse limpia y oler normal, y aun así contener bacterias, virus o parásitos. Por eso son indispensables los análisis microbiológicos del agua destinada al consumo humano”.
Es probable que hacer esos análisis tome un tiempo, por la cantidad de daños reportados, pero, además, hay que tener en cuenta que varias de las zonas afectadas por el terremoto del 10 de agosto son de difícil acceso y muchas, especialmente en Chocó, no contaban con servicio de agua potable incluso desde antes de la emergencia.
Para estos casos, la Universidad Nacional puso en marcha un proyecto piloto que busca llevar a las comunidades afectadas unos kits que les permiten medir la calidad del agua. Tienen tres tipos: uno microbiológico que identifica bacterias en el líquido, otro de turbiedad para identificar alteraciones físicas y presencia de sólidos, y otro de conductividad que permite detectar cambios en la composición del agua y comparar entre puntos.
Estos kits se entregarán a las comunidades más necesitadas para que hagan un monitoreo del agua, y con la ayuda de los profesionales de la universidad hacerle seguimiento a la situación.