Desde el puente de gobierno del buque, Nathalia Otálora cuenta los icebergs que flotan en el mar. Se sirve un café frente a las montañas de hielo del estrecho de Gerlache donde amanece el ARC Simón Bolívar. Camina hacia el alerón y el frío le endurece los labios. Se acerca la taza caliente a la boca mientras el aroma del café colombiano se mezcla con el viento puro de la Antártida. Recuerda el día en que ese buque tan blanco como los bloques de hielo a su alrededor, zarpó de Cartagena hace más de 60 días.
Una mujer militar de 41 años es la Capitán de Fragata -rango superior en los oficiales de la Armada-, y Segunda Comandante al mando del buque de investigación científico marino más grande de Colombia. “Defendemos la soberanía del país a través de la investigación, nuestras armas son los equipos y los laboratorios”, dice. Su fascinación por la vida militar llegó siendo niña a través de un programa de televisión colombiano popular en los años 90 llamado Hombres de Honor. No nació en una familia de oficiales ni tampoco creció frente al mar, lo hizo en Ibagué donde soñaba con entender el océano sin saber que le esperaba una vida en él. A los diecisiete años se inscribió en la escuela naval para estudiar oceanografía física y años después, formó parte de la quinta generación de mujeres que navegan en barcos de alto calado como oficiales de la Armada de Colombia.
La Capitán Otálora es la responsable de que las 98 personas a bordo del buque ARC Simón Bolívar en la XII Expedición Antártica se mantengan unidas durante 123 días. Sus labores principales son el bienestar, la comodidad y la motivación de la tripulación. Para ella, estos tres factores son la garantía de la seguridad y el cumplimiento de la misión. “El buque no sólo es una estructura de acero; su alma son las personas que lo mueven, cuando la tripulación está en equilibrio, vamos seguros”, dice. Por eso, las decisiones que toma sobre la alimentación a bordo son fundamentales para el rendimiento, la cohesión y la operación del buque.
Aquí se trabaja 24 horas a temperaturas por debajo de cero grados lo que induce al cuerpo a un estado de termogénesis donde el metabolismo se acelera para mantener su calor. Las personas sienten más hambre y ganas de tomar líquidos calientes, sobre todo quienes hacen la “guardia vampiro”, entre 12 y 4 de la madrugada, que es cuando más se agradecen las estaciones de café que los ayudan a mantenerse alerta y con el ánimo arriba. En esta doceava expedición, la empresa de café colombiano Amor Perfecto aportó 170 kilos de café tostado en origen que serán suficientes para acompañar toda la misión. Lo han hecho durante cuatro expediciones consecutivas, como una manera de apostarle a la internacionalización del café colombiano y a la protección de la biodiversidad a través de la investigación.
La Expedición Antártica recopila información que, entre otras cosas, le sirve a Colombia para prevenir riesgos y gestionar desastres en el país. La Antártida es el continente ubicado al polo sur de la Tierra y cumple la función de ser un regulador climático mundial porque sus aguas frías mantienen la circulación termohalina responsable de regular la temperatura de los mares. Si llegara a ocurrir un cambio dramático, las aguas frías que viajan cargadas de nutrientes hasta la Costa Pacífica no alcanzarían a refrescar las costas que alimentan a las plantas y los peces de la región. La biodiversidad del Pacífico está conectada con la Antártida y la seguridad alimentaria de miles de familias depende de ella.
El día comienza con el Alza Arriba y la pitada marinera a las 7:30 a.m. “Desayunar con un café de alta calidad es un regalo: nos conecta con nuestras tradiciones, con la tierra y con nuestros hogares; es un puente emocional que nos devuelve, por un instante, a la familia y a la casa”, comenta Otalora. El café que se sirve en los glaciares antárticos fue producido en fincas campesinas de distintas regiones de Colombia y tostado en la planta de Amor Perfecto en Bogotá bajo estándares que garantizan la frescura hasta el día del zarpe en Cartagena. “Quienes hacemos parte de esta expedición tenemos características físicas, emocionales y espirituales muy particulares. Estar lejos del país durante fechas sensibles como diciembre exige condiciones excepcionales. Por eso llevamos productos de calidad: lo mejor para quienes asumen una misión extraordinaria”, recalca con convencimiento. Cada taza representa una cadena de esfuerzos que une al campo colombiano con la investigación científica en los glaciares.
En el ARC Simón Bolívar, además de oficiales de la Armada viajan investigadores del Instituto Oceanográfico y Antártico de Ecuador, el Instituto Antártico de Chile, Invemar de Colombia, la Universidad de Cornell de Estado Unidos y la Universidad del Norte de Barranquilla. La información que analizan estará disponible en el Centro Colombiano de Datos Oceanográficos (Cecoldo) y servirá para tomar decisiones nacionales e internacionales.
“La relación del país con sus océanos debe ser más visionaria y estratégica. Apropiarnos del mar implica comprender que no es solo un espacio de recreación, sino que es esencial para el desarrollo, salud, ciencia y tecnología. En este sentido, la Expedición Antártica va más allá de lo institucional: es una misión de país”, afirma Nathalia Otálora.
A las 4 p.m., finalizan las labores operativas para algunos tripulantes de la familia de los leopardos marinos, como se hacen llamar los tripulantes del ARC Simón Bolívar. Este grupo de personas ha preferido construir una vida en el mar donde el bienestar físico y emocional es la piedra angular de la convivencia. Desde el 15 de enero estudian las aguas antárticas y para lograrlo se han tenido que enfrentarse a vientos huracanados, tormentas severas y olas de 4 metros. Recibieron el año nuevo navegando por los canales patagónicos y en su paso han visto pingüinos, ballenas y leones marinos. El 7 de abril, la bandera de Colombia izada en la popa del buque ARC Simón Bolívar volverá a cruzar la bahía de Cartagena para atracar en la Base Naval ARC Bolívar y sus tripulantes habrán tomado el mejor café del mundo durante toda la misión.