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Colombia hacia la Meta 10 del Marco Global de Biodiversidad: sostenibilidad y equidad rural

Para avanzar en esta meta, son esenciales prácticas sostenibles e innovadoras, que no solo conserven la biodiversidad, sino que también aseguren la producción de alimentos.

Mónica Cortés*

16 de junio de 2025 - 04:38 p. m.
Más de 90 familias de San Vicente de Chucurí, Betulia y Zapatoca han sido parte de esta iniciativa de Ciencia Ciudadana que ha permitido identificar correlaciones entre fenómenos climáticos globales —como El Niño y La Niña— y sus impactos en los cultivos.
Foto: Cortesía

Actividades agrícolas, como la producción y gestión de cultivos y ganado, son responsables de una cantidad significativa de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en los países en desarrollo. La ganadería y la agricultura están entre los sectores que contribuyen de manera importante a la pérdida de biodiversidad y cerca del 40 % de la población mundial, es decir, 3200 millones de personas, se ven afectadas negativamente por la degradación de la tierra, en parte generada por las actividades agropecuarias, según la ONU.

Estos impactos de los cambios globales se suman a otro gran desafío: la seguridad alimentaria. Se trata de una problemática compleja, ya que, según el Banco Mundial, para el año 2050 será necesario producir alrededor de un 70 % más de alimentos para abastecer a una población estimada de 9.000 millones de personas.

Ante esta realidad, es fundamental adoptar soluciones pensadas desde la naturaleza, para las comunidades, la seguridad alimentaria, el uso sostenible de los recursos y la integridad de los ecosistemas. Por eso, la Meta 10 del Marco Global de Biodiversidad (GBF) de Kunming-Montreal (2022), destaca la importancia de “lograr que las superficies dedicadas a la agricultura, la acuicultura, la pesca y la silvicultura se gestionen de manera sostenible, en particular a través de la utilización sostenible de la diversidad biológica”.

Para avanzar en esta meta, son esenciales prácticas sostenibles e innovadoras, que no solo conserven la biodiversidad, sino que también aseguren la producción de alimentos. Esto es especialmente relevante en países megadiversos como Colombia, que abastece el 70% de sus alimentos y cuyo sector agrícola mostró un crecimiento del 7.1% en el primer trimestre de 2025, en comparación con el mismo periodo en el año anterior, según el Ministerio de Agricultura y DANE, respectivamente.

Para mitigar el impacto del cambio climático y disminuir las emisiones de GEI de la agricultura, se vienen diseñando e implementando estrategias como la transición agroecológica para restaurar los suelos, diversificar cultivos y conservar la biodiversidad; en este proceso, la participación comunitaria se ha vuelto indispensable para restaurar y gestionar paisajes de manera sostenible.

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“La participación de las comunidades locales en la toma de decisiones ha asumido un papel central en los esfuerzos por restaurar, conservar, gestionar y monitorear los paisajes naturales y productivos. Un enfoque colaborativo crea mayores oportunidades para alcanzar la Meta 10 del GBF y las acciones de la apuesta que el país definió en el Plan de Acción de Biodiversidad de Colombia, actualizado en 2024: impulso a la transición de los modelos productivos hacia la sostenibilidad, la revalorización de la biodiversidad y la distribución justa y equitativa de los beneficios”, Lorena Franco, subdirectora técnica de Fundación Natura.

En ese sentido, se resalta el papel de la agricultura familiar, campesina y comunitaria en Colombia, la cual se enmarca en un sistema de producción agrícola donde una familia es la principal responsable de gestionar la unidad productiva, integrando su mano de obra, saberes tradicionales y recursos del entorno, para asegurar su alimentación, obtener su sustento y al mismo tiempo tener sistemas agrícolas más resilientes frente al cambio climático y a la pérdida de biodiversidad.

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A continuación, se presentan iniciativas que articulan esfuerzos de organizaciones y comunidades rurales en Colombia, orientadas a la transición hacia modelos productivos sostenibles:

Sistemas agroforestales para conectar los bosques nublados: restauración agroecológica de tierras campesinas degradadas en el Huila

En el norte del Huila, la Fundación Ecotrópico está llevando a cabo un modelo de agricultura regenerativa que mezcla sistemas agroforestales con cardamomo, cultivos tradicionales de pancoger y árboles nativos. Su objetivo es restaurar suelos degradados y reconectar ecosistemas fragmentados. Hasta ahora, han sembrado mil árboles y tienen la meta de alcanzar 20 mil para 2030. Esta iniciativa no solo fortalece los medios de vida sostenibles, sino que también mejora la seguridad alimentaria de las familias campesinas. Además, la producción comunitaria de abono orgánico ha permitido aumentar la fertilidad del suelo y disminuir la dependencia de insumos externos.

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Este modelo, que pone un fuerte énfasis en el liderazgo de mujeres y jóvenes, demuestra que la agroecología puede revitalizar paisajes rurales en contextos de posconflicto, al mismo tiempo que conserva la biodiversidad y fomenta la adaptación al cambio climático.

Cacao para la vida

En Caquetá, Putumayo y Guaviare, WCS Colombia, está trabajando para fortalecer la cadena de valor del cacao libre de deforestación a través del proyecto “REAL” y la iniciativa “Cacao para la vida”. Estas acciones fomentan la restauración productiva mediante sistemas agroforestales y también ofrecen capacitación en calidad post-cosecha y sostenibilidad, además de desarrollar modelos de negocio que priorizan la biodiversidad, la inclusión y la resiliencia climática.

El proyecto “REAL” busca fortalecer las cadenas de valor del cacao y productos no maderables del bosque mediante planes de restauración, capacitación técnica, herramientas de trazabilidad y modelos de negocio sostenibles. Con enfoque en igualdad de género, inclusión y resiliencia climática, también facilita el acceso a mecanismos financieros y formación para productores y técnicos en agroforestería y agricultura regenerativa.

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Por su parte, el proyecto “Cacao para la vida”, liderado por Alisos, WCS y Rainforest Alliance, ha fortalecido la institucionalidad cacaotera en 13 municipios de la Amazonía, beneficiando a más de 800 productores, incluyendo 401 mujeres. Asimismo, ha desarrollado 865 fincas agroforestales georreferenciadas, planes estratégicos y de resiliencia ante el cambio climático para asociaciones, y ha impulsado la apropiación del enfoque cero deforestación mediante monitoreo de la biodiversidad, formación técnica y participación en espacios de comercialización.

Estrategia comunitaria de paisaje: TerraViva

Entre 2022 y 2023, la Sustainable Agriculture Network (SAN) llevó a cabo el proyecto TerraViva en Planadas (Tolima), con la meta de mejorar tanto la sostenibilidad como la productividad del paisaje cafetero. Esta iniciativa reunió a 64 residentes de cuatro veredas, quienes se involucraron en una investigación sobre su entorno ambiental y social. Esto incluyó el mapeo del uso del suelo, diagnósticos de bionegocios, análisis con un enfoque de género y juventud, así como el estudio de los impactos climáticos en los cultivos.

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El proceso culminó con la creación participativa de una Agenda Territorial Común, de la cual surgieron 31 estrategias priorizadas por la comunidad para conservar la biodiversidad, fortalecer la resiliencia climática y diversificar la economía local. TerraViva fue implementado por SAN con el apoyo de Fundación Natura, el IICA, la Alianza Bioversity-CIAT y el financiamiento del gobierno del Reino Unido, dejando un modelo replicable de gobernanza participativa en paisajes rurales vulnerables.

Voces del campo frente al clima: resiliencia agroecológica en Santander

Desde el año 2011, la Fundación Natura, con el apoyo de ISAGEN, desarrolla un programa de Monitoreo climático participativo junto a comunidades productoras de cacao y café en el departamento de Santander, con el objetivo principal de abordar las percepciones locales sobre los cambios en el clima, en el contexto de la construcción del embalse Topocoro. A través de esta iniciativa, se promueve la participación activa de las comunidades en la observación, recolección y análisis de información climática, lo cual también fortalece sus capacidades de adaptación y contribuye a la toma de decisiones informadas ante a los desafíos de los cambios ambientales.

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Más de 90 familias de San Vicente de Chucurí, Betulia y Zapatoca han sido parte de esta iniciativa de Ciencia Ciudadana que ha permitido identificar correlaciones entre fenómenos climáticos globales —como El Niño y La Niña— y sus impactos en los cultivos, tales como la incidencia de enfermedades, floraciones irregulares y pérdida de frutos.

Gracias a esta información se han implementado estrategias de manejo agrometeorológico en más de 200 hectáreas, lo que ha mejorado la toma de decisiones y la adaptación de los sistemas agrícolas frente a la variabilidad climática. De cara al futuro, el programa tiene como objetivo fortalecer la resiliencia climática de las fincas del Programa de Monitoreo Climático Participativo (MCP) mediante Soluciones Basadas en la Naturaleza, como la restauración de bosques, el manejo agroforestal y la diversificación de la producción. Esto integrará conocimientos locales y científicos para promover una agricultura más sostenible y menos vulnerable al cambio climático.

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Así lo explicó Andrés Rueda, jefe de proyecto de Fundación Natura, quien también resaltó los aportes para la Meta 10 del GBF. Por un lado, desde el fortalecimiento de la resiliencia climática, donde se identificaron correlaciones entre fenómenos climáticos globales y anomalías en cultivos, lo que permite a las comunidades adaptar sus prácticas agrícolas, aumentando su capacidad para enfrentar eventos extremos; también con el sistema de monitoreo comunitario que es un ejemplo de conocimiento tradicional y científico integrado, reconocido por el GBF como herramienta para la sostenibilidad.

Finalmente, Rueda mencionó la importancia del enfoque de gobernanza inclusiva, participativa e informada en la toma de decisiones en las fincas y sistemas productivos, donde la participación de más de 90 familias en la recolección de datos climático y agronómicos, bajo el modelo de ciencia ciudadana, alinea el proyecto con el principio de participación justa y equitativa del GBF (Meta 22). Esto asegura que las soluciones a los retos ambientales y agrícolas sean culturalmente apropiadas y escalables, requisito implícito en la Meta 10.

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“El enfoque de género e inclusión intergeneracional es un pilar fundamental en la estrategia de MCP en Santander, donde el 85% de las personas participantes son mujeres, y jóvenes rurales. Esta distribución no es casual, responde a dinámicas territoriales y al potencial transformador de estos grupos en la adaptación climática”, afirmó Andrés Rueda.

Las anteriores iniciativas, con varios años de implementación en Colombia por organizaciones nacionales e internacionales, hoy suman a la responsabilidad que tiene el país ante la Meta 10 del GBF y la meta del Plan de Acción de Biodiversidad nacional para lograr territorios con integridad ecosistémica y sistemas regenerativos. El país enfrenta el desafío de equilibrar la producción agrícola con la conservación de la biodiversidad y la reducción de emisiones de GEI con modelos productivos sostenibles que integren biodiversidad y resiliencia climática.

La transición hacia modelos agroecológicos, como los sistemas agroforestales, exige inversiones, políticas coherentes y una gobernanza inclusiva que integre a las comunidades rurales. Iniciativas como “Sistemas agroforestales para conectar ”los bosques nublados” (Huila), “TerraViva” (Tolima), “Voces del campo frente al clima” (Santander), “Cacao para la vida” y “REAL” (Amazonía) demuestran que la transformación es posible, pero su impacto debe escalarse mediante alianzas y políticas públicas sólidas que multipliquen estos modelos en todo el territorio.

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El reto es lograr que estas prácticas sostenibles se repliquen a nivel nacional, mediante financiamiento adecuado, alianzas público-privadas, redes de cooperación y políticas que apoyen el escalamiento territorial de soluciones basadas en la naturaleza.

*Fundación Natura.

Por Mónica Cortés*

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