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¿Cómo las mujeres de Caquetá impulsan el cacao amazónico?

En Puerto Rico, Caquetá, 33 mujeres convierten el cacao amazónico en ingresos, fortalecieron su comunidad y la paz. Conozca cómo este cultivo cambió sus vidas.

Angy Alvarado Rodríguez - WWF Colombia

17 de abril de 2026 - 10:00 a. m.
Cocarep hace parte de las nueve asociaciones de cacao del Caquetá, Guaviare y Putumayo que participan en el proyecto ‘Cacao Amazónico y Paz’
Foto: Endémica Studios con Camilo Castaño

Desde hace 8 años, el cacao ha sido para Kelly su medio de vida, su fuente principal de ingresos y una oportunidad para liderar e inspirar a más mujeres de Puerto Rico, en Caquetá. “Nunca pensé ser productora y enseñarles a otras. Era muy tímida y con el cacao dejé el miedo. El cacao me ha servido para despertar, dejar la timidez”, puntualiza.

Kelly Granja es madre cabeza de familia y tiene 37 años. Empezó a sembrar cacao en el 2018 sin saber nada y aunque varias personas le decían que el cacao no iba a funcionar, en 2024 tuvo una producción de 1.000 kilos de cacao en los 800 árboles de su finca, un espacio en el que reúne a otras 33 mujeres para transformar el cacao.

“He demostrado que el cultivo de cacao es sostenible y que es posible en este territorio, porque muchos me decían que no, que para qué sembraba cacao. Me metí a sembrar cacao sin saber nada y le dije a un señor de edad que me enseñara. Hice 2.000 bolsas y fue mi primer cultivo”, recuerda.

Hoy Kelly es secretaria del comité Cocarep (Comité de Cacaocultores y Reforestadores de Puerto Rico), asociación creada en 2007. En su finca, en la vereda La Esmeralda, tiene tres hectáreas de cacao en producción donde hacen chocolate de mesa, milo y están innovando con la dulcería: gomas con el mucílago de cacao, galletas con la almendra y la cascarilla y hasta postres. Cada una de ellas va innovando y probando en la cocina de Kelly nuevas recetas, algunas de estas preparadas en leña con pimienta, canela y frutas amazónicas. Los productos a base de cacao son vendidos en el centro de acopio en la zona urbana de Puerto Rico.

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Cacao amazónico, paz y economía legal

Cocarep hace parte de las nueve asociaciones de cacao del Caquetá, Guaviare y Putumayo que participan en el proyecto ‘Cacao Amazónico y Paz’, una iniciativa que surgió como respuesta a los compromisos establecidos en el Acuerdo de Paz de 2016 entre el Gobierno colombiano y las Farc, para los puntos relacionados con la reforma rural integral y la solución a las drogas ilícitas. El proyecto, liderado por WWF y Alisos, busca promover un modelo de producción de cacao con cero deforestación y mejorar la calidad de vida de los productores de cacao.

Kelly está convencida de que se puede vivir del cacao. “Con el cacao he podido cumplir muchos sueños. El cacao me inspira. Me doy cuenta de que con el cacao puedo sacar adelante a la familia”, dice. Así impulsó a su hijo, quien está en primer semestre de Ingeniería Agroecológica y está aprendiendo del cacao; a su mamá y a su familia para que también empezaran a cultivar.

Martha Nelly Cifuentes, de 52 años, integrante de la asociación desde 2022 y desde hace algunos meses tesorera de Cocarep.
Foto: Endémica Studios con Camilo Castaño

Kelly resalta que el cacao ha sembrado paz en su municipio: “El cacao es amor, es paz, es pasión, es esperanza, es vida. Es sacar adelante a la familia. Cuando se siembra cacao, se siembra paz porque logra cambiar la vida de las personas que venían de un proceso ilícito. Han logrado salir de eso y han visto que el cacao sí nos puede sacar adelante”.

“Cuando se siembra cacao, se siembra paz”

De todo este trabajo, lo que más destaca Kelly es la incidencia con las mujeres: “Hemos logrado unirnos, nunca pensé ver a tantas mujeres participando y, gracias al cacao, lo hemos logrado. Trabajamos con pasión, con amor y ellas tienen unas metas muy trazadas y es lograr exportar el cacao, las chocolatinas, el chocolate, el licor de cacao, la manteca de cacao”. En el grupo hay mujeres de todas las edades, desde los 17 hasta los 70 años.

Una de ellas es Martha Nelly Cifuentes, de 52 años, integrante de la asociación desde 2022 y desde hace algunos meses tesorera de Cocarep. Resalta que con el cacao ha aprendido a trabajar en familia: “Hemos aprendido a trabajar en comunidad. Para mí, el cacao es mucha paz, mucho amor. Me uní más con mi familia y con mi esposo para trabajar, nos vamos juntos todo el día. Y con mi hijo y mi nuera hacemos podas”.

Las mujeres que transforman el territorio

“Uno aprende a amar estas plantas de una forma increíble. Veo una plantita de cacao y yo quiero cuidarla, no quiero que me la toquen, no quiero que me la dañen. Cuando conseguimos a alguien para limpiarla siempre le estoy diciendo: ‘Mucho cuidado y me la cortan con la guadaña, no la vayan a tocar, no la vayan a dañar’. Es una planta que genera buenas energías, una cosa hermosa”, puntualiza.

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Martha Nelly habla del amor y el cuidado con cada planta. “Desde que llego al cultivo de cacao, las saludo: ‘¿Cómo están mis arbolitos?, ¿cómo van?, ¿cómo están de bellos?’ Miro las flores, las más pequeñas y lo hermosas que están. Sé cómo me responden por las cosechas: encuentro sus palitos cargaditos, llenitos y las hojitas bien verdes”.

Al igual que Kelly, Martha Nelly recalca que ahora siente paz en su territorio y no vive con el miedo de la guerra. “Antes fuimos cultivadores de coca, entonces eso le crea a uno zozobra, inseguridad y hasta problemas. Ahora, con este cambio, uno vive más tranquilo, más relajado. Uno sabe que no lo van a parar por la carga de cacao, que no hay inconvenientes, y que voy a encontrar quién lo compre”.

“Le digo al cliente que, si me están comprando una libra de chocolate no me están comprando una libra a mí, le están comprando una libra a 80 familias que pertenecen al comité. Están generando una economía fuerte para estas familias, que es su único medio de sustento”, resalta.

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“La Amazonía es una tierra única. En nuestro municipio (Puerto Rico) se encuentran las mejores fuentes hídricas y trabajamos el mejor cacao. Cuando tengo un pedacito de chocolatina siento triunfo, que estoy respirando paz, armonía y victoria. Todas esperamos llegar al mercado global con nuestro producto”, agrega Martha Nelly.

Mauricio Valencia Trujillo, representante legal de Cocarep, destaca el modelo de gobernanza: “Hay campesinos, niños, jóvenes y mujeres. Las mujeres son las que sobresalen. Las mujeres están empoderadas del territorio, muchas de ellas son las que manejan los cultivos, las que transforman ese producto”.

Reconoce que aún hay un camino por recorrer y fortalecer en el municipio y departamento la cultura del cacao, pero confía en el poder de su organización: “Ofrecemos un cacao de origen amazónico, cacao con inclusión generacional, cacao producido con mujeres emprendedoras y bajo procesos de restauración y conservación”.

Cacao amazónico para conservar la Amazonia

Felipe Barney Arango, Especialista en Empresas Comunitarias de Conservación de WWF Colombia, explica por qué es importante apostarle al cacao amazónico. “Es un cacao que apoya la conservación del Amazonas. Ese es el mensaje superior, porque permite que las familias tengan un ingreso digno sin necesidad de abrir más bosque para potreros, ganadería, extracción de madera y otras actividades”.

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El proyecto, liderado por WWF y Alisos, busca promover un modelo de producción de cacao con cero deforestación y mejorar la calidad de vida de los productores de cacao.
Foto: Endémica Studios con Camilo Castaño

La apuesta de las nueve asociaciones con las que trabaja WWF, siete de ellas campesinas y dos indígenas, es seguir apostándole al cacao como alternativa productiva. “En los territorios que estaban vinculados a temas de cultivo de uso ilícito, minería ilegal o extracción ilegal de madera, han visto que el cacao es una alternativa económica que les permite generar ingresos”, añade Felipe Barney.

Desde la cocina de Kelly, en la vereda La Esmeralda, las 33 mujeres siguen inventando nuevas recetas para demostrar que el cacao de la Amazonía es el mejor y una apuesta por dejar atrás los cultivos ilícitos. Ofrecen al que llega una taza de chocolate, un dulce, y una muestra desde donde todo empieza: una semilla de cacao.

Por Angy Alvarado Rodríguez - WWF Colombia

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