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El calor también puede estar afectando su rendimiento en el trabajo

Los efectos del cambio climático también se sienten en las jornadas laborales. Más de 2.410 millones de trabajadores están expuestos a calor excesivo cada año. Esta situación, además de generar problemas en la salud, también disminuye la productividad, y aumenta las pérdidas económicas.

Daniela Bueno

09 de abril de 2026 - 09:53 a. m.
La recolección de residuos es uno de los sectores más vulnerables al calor.
Foto: El Espectador - Mauricio Alvarado

Cuando hablamos de cambio climático solemos relacionarlo con las altas temperaturas y la naturaleza. Y aunque tiene que ver directamente con esto, no es lo único en lo que incide. Hoy, la evidencia nos muestra algo mucho más cercano: las consecuencias del cambio climático están reduciendo la capacidad de las personas para rendir en el trabajo, está relacionado con mayores lesiones laborales e, incluso, con miles de muertes por la exposición al calor en entornos de trabajo.

No es algo nuevo. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) lo viene advirtiendo desde hace varios años. En uno de sus informes, publicado en 2019, donde aborda el impacto del estrés térmico en la productividad laboral y el trabajo decente, explica que el exceso de calor que recibe el cuerpo por encima de los niveles que este puede tolerar sin perjudicar sus capacidades fisiológicas (conocido como “estrés térmico”), está obstaculizando cada vez más la actividad económica.

(Lea también: ¿Es “runner”? Es hora de fijarse en la contaminación del aire y en el calor)

“En 2030, las previsiones indican que se perderá al año el equivalente a más del 2 % del total de horas de trabajo en todo el mundo, ya sea porque haga demasiado calor para trabajar o porque los trabajadores se vean obligados a trabajar a un ritmo más lento”, afirma la organización.

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Esto, en otras cifras, significa una pérdida de productividad equivalente a 80 millones de empleos a tiempo completo. Como las personas deben parar más por el calor, trabajan más lento, o no trabajan en ciertos momentos del día. Esas horas perdidas son el equivalente a lo que trabajarían 80 millones de personas en tiempo completo.

No todas las regiones del mundo se verían afectadas de la misma manera. En Asia Meridional, África Occidental, Asia Sudoriental y África Central las proyecciones son cercanas al 3 %, mientras que en América Latina se estima que será de 0,6 % para 2030, lo que representa una pérdida de productividad de 2,9 millones de puestos de trabajo de tiempo completo.

(Lea: El diseño urbano de su ciudad puede influir en su calidad de vida)

La experiencia en esta región, puntualmente en América del Sur, ya tiene datos que demuestran que esto viene pasando desde el siglo anterior. En 1995, el incremento de las temperaturas redujo las horas de trabajo en un 0,37 % (el equivalente a 481.000 puestos de trabajo a tiempo completo), y se prevé que esta pérdida de productividad alcance el 0,76 % en 2030 (el equivalente a 1,6 millones de puestos de trabajo). En ese mismo año (1995), los países con mayores pérdidas fueron Guyana (1,56 %), Suriname (0,64 %) y Colombia (0,55 %), según el informe de la OIT.

Para ejemplificar mejor estas cifras, la Organización menciona el ejemplo de los trabajadores de las plantaciones de caña de azúcar, quienes están expuestos a estrés térmico en el trabajo y enfermedades asociadas al calor. “Sus condiciones de trabajo son duras e incluyen horarios de trabajo prolongados bajo luz solar directa, con altos niveles de humedad, descansos breves y poco acceso al agua potable. Su remuneración se basa a menudo en la cantidad de cultivo cosechado, lo que disuade a los trabajadores de tomarse suficientes descansos durante los turnos”, se lee en el informe.

Pero no solo pasa en este sector. Sucede, en general, en la agricultura, la gestión de recursos naturales, la construcción, la recolección de residuos, el transporte, el turismo y los deportes. “Los obreros que trabajan en el interior de fábricas y talleres corren riesgos también si los niveles de temperatura no se regulan adecuadamente”, dice la OIT.

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En un ambiente con 33 o 34 °C, con una intensidad de trabajo moderada, los trabajadores pierden un 50 % de su capacidad.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

¿Qué pasa en el cuerpo?

Cuando los trabajadores tienen esas condiciones, las consecuencias a nivel de salud son variadas. Lo primero que hay que tener en cuenta es que la productividad laboral disminuye cuando la temperatura supera los 24 a 26 °C. Al alcanzar los 33 o 34 °C, con una intensidad de trabajo moderada, los trabajadores pierden un 50 % de su capacidad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Meteorológica Mundial (OMM) manejan unos niveles de referencia similares a los de la OIT. En su informe técnico “Cambio climático y estrés por calor en el lugar de trabajo” actualizado el año pasado, explican que la productividad de los trabajadores disminuye entre un 2 % y un 3 % por cada grado que supere los 20 °C.

Este mismo informe señala que la frecuencia e intensidad de los episodios de calor extremo han aumentado drásticamente, incrementando los riesgos tanto para los trabajadores al aire libre como para los que trabajan en interiores.

“El estrés térmico laboral se ha convertido en un desafío social global, que ya no se limita a los países cercanos al ecuador. Proteger a los trabajadores del calor extremo no es solo una cuestión de salud, sino también una necesidad económica”, sostiene el vicesecretario general de la OMM, Ko Barrett.

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En el mismo informe mencionan que los principales riesgos para la salud son los golpes de calor, la deshidratación, la disfunción renal y los trastornos neurológicos.

¿Por qué pasa esto? Durante el trabajo en condiciones de calor, el principal desafío del cuerpo es proporcionar suficiente flujo sanguíneo entre varias funciones al mismo tiempo: enfriar la piel, mantener activos los músculos y asegurar que órganos como el cerebro sigan funcionando bien.

A medida que aumenta el estrés térmico en el lugar de trabajo, explica la OMS, la necesidad de incrementar la sudoración se vuelve más importante para poder eliminar el calor. Esto puede provocar una elevada pérdida de líquidos y electrolitos, unos minerales que están en el cuerpo. “Si las pérdidas de líquidos no se reponen adecuadamente, se produce deshidratación”, señala el informe de la OMS y la OMM.

Además, los bajos niveles de electrolitos comprometen la función del sistema nervioso y pueden tener graves consecuencias, como un golpe de calor que puede provocar la muerte, se lee en el documento.

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En muchos de los entornos laborales con altas temperaturas, hay algo que dificulta la regulación de la temperatura corporal. “El principal mecanismo de pérdida de calor durante el trabajo en ambientes cálidos/calurosos es la evaporación del sudor de la superficie de la piel. Las múltiples capas de ropa, los tejidos no tejidos, los laminados o los materiales impermeables que suelen usar los trabajadores restringen la refrigeración por evaporación y la disipación de calor por radiación y conducción, limitando así la capacidad máxima de refrigeración del cuerpo”, señala la OMS.

La cantidad de personas expuestas a esta situación no es poca: más de 2.400 millones de trabajadores están expuestos a un calor excesivo en todo el mundo, lo que provoca más de 22,85 millones de lesiones laborales cada año, según las estimaciones de la OIT.

Pero el calor no es la única amenaza. En 2024, la OIT publicó otro informe donde además de este factor analizó la exposición a la radiación ultravioleta (UV), los fenómenos meteorológicos extremos, la contaminación del aire en el lugar de trabajo, las enfermedades transmitidas por vectores, y los agroquímicos.

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Como resultado, encontraron, entre otras cosas, que, cada año, se producen 860.000 muertes laborales atribuibles a la contaminación atmosférica. La mayor exposición la tienen los trabajadores al aire libre en zonas con altos niveles de contaminación atmosférica generada por el tráfico intenso o la industria.

Todos estos riesgos se traducen en valores económicos. Hace unas semanas, un grupo de investigadores publicó un estudio en la revista médica y científica The Lancet, donde señalaban que el aumento de las temperaturas en el mundo se traducirán en entre 0,47 y 0,70 millones de muertes adicionales y pérdidas de productividad anuales de entre 2.400 y 3.680 millones de dólares.

Esas estimaciones están relacionadas directamente con la inactividad física, que también se ve agravada por el calor. El estudio en el que participaron investigadores argentinos, chilenos y colombianos, sostienen que la inactividad física provocada por el calor también amenaza la producción económica. Esto se debe a que “la disminución de la fuerza muscular, el deterioro cognitivo y la mala calidad del sueño se traducen en un menor rendimiento laboral y un mayor absentismo”.

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Por esto, el llamado de las diferentes organizaciones es claro: si no se toman medidas inmediatas para mitigar el cambio climático, estos costos serán mucho más altos cuando las temperaturas mundiales suban aún más a finales del siglo.

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