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El otro impacto de los incendios en Europa: un aire cada vez más peligroso

Cerca de 500.000 hectáreas han sido consumidas por el fuego en Europa este año. España y Francia son los países más afectados. Allá la calidad del aire se ha deteriorado y ha obligado a la confinación de miles de personas.

Redacción BIBO

06 de agosto de 2026 - 10:40 a. m.
Paisaje quemado en La Vall d'Uixó (Castellón). Por este evento fueron evacuadas 2.800 personas. EFE/Manuel Bruque
Foto: EFE - Manuel Bruque

España, Francia, Grecia, Italia y otros países de Europa llevan semanas registrando fuertes incendios. En los 27 países que conforman la Unión Europea, las llamas han arrasado con cerca de 500.000hectáreas este año, según los datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS), actualizados hasta el 5 de agosto. Esa área es casi tres veces el tamaño del departamento de Quindío.

El país más afectado ha sido España, donde las llamas han consumido 222.404 hectáreas, una cifra que está por encima de la media de los últimos 20 años. Según el ministro del Interior, Fernando Grande Marlaska, uno de estos eventos, el que ocurre en el municipio de Ávila, cerca de Madrid, desde el 22 de julio, es “el mayor y más destructivo incendio de la historia de España”. Hasta el momento, este evento ha afectado cerca de 50.000hectáreas.

Francia aparece segundo en los países con mayor número de hectáreas afectadas por los incendios de este año con 92.891, según el EFFIS. Sin embargo, el ministro del Interior francés, Laurent Núñez, maneja una cifra superior. El 26 de julio afirmó que eran 115.000 hectáreas.

El incendio de Gironda, el departamento más grande de Francia, es el mayor desde la II Guerra Mundial: al menos 240 viviendas han sido destruidas y muchas más resultaron dañadas, mientras que alrededor de 220.000 residentes y turistas fueron evacuados, según un informe del World Weather Attribution (WWA), publicado recientemente.

Ese mismo informe señala que la probabilidad de que se produjeran temperaturas tan elevadas en 2026 era entre diez y cientos de veces mayor que en 2003, cuando una ola de calor causó la muerte de unas 15.000 personas en Francia. De hecho, señalan que junio de 2026 fue el junio más caluroso desde que se tienen registros en este país.

No es algo exclusivo de Francia y España; en toda Europa, los días con condiciones meteorológicas extremas propicias para incendios no solo se han vuelto más frecuentes en los últimos años, sino también más simultáneos, según el mismo informe del WWA. Puntualmente, para el suroeste de Francia, los científicos estiman que se esperarían condiciones de incendios forestales igualmente severas aproximadamente una vez cada 20 años y una vez cada seis años en el centro de España.

“Cuando varias regiones se ven afectadas simultáneamente por incendios forestales, la capacidad de ayuda mutua de la UE se ve desbordada, lo que reduce el intercambio transfronterizo de recursos para la extinción de incendios y agrava aún más los impactos”, se lee en el informe del WWA.

Una fotografía facilitada por el Servicio Departamental de Bomberos y Rescate 33 (SDIS 33) muestra a los bomberos combatiendo un incendio cerca de Le Porge, en el suroeste de Francia, el 29 de julio de 2026, mientras un incendio forestal se propaga por el bosque de la Gironda. EFE/EPA/SDIS33/BENOIT VEGA FOTOGRAFÍA DE PRENSA
Foto: EFE - SDIS33/BENOIT VEGA HANDOUT

Los efectos en la salud

Uno de esos impactos se ve reflejado en la salud de las personas y es uno de los puntos que más inquieta a los científicos del WWA. El humo de los incendios forestales contiene altos niveles de contaminantes como las PM2.5 (pequeñas partículas mucho más finas que un grano de arena), PM10 (un poco más grandes), así como gases y otras sustancias tóxicas e irritantes.

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En Burdeos, Francia, por ejemplo, la concentración diaria de PM2.5, capaces de penetrar profundamente en los pulmones e incluso llegar al torrente sanguíneo, alcanzó los 115 microgramos por metro cúbico (µg/m³) el 26 de julio, un nivel similar al registrado en Nueva York durante los grandes incendios de Canadá en 2023. En algunos momentos, la contaminación fue mucho mayor: el 24 de julio llegó a 341 µg/m³, lo que supera en más del doble el umbral a partir del cual el Índice Europeo de Calidad del Aire considera que el aire es “extremadamente malo” (mayor de 140 µg/m³) y cerca de 23 veces el nivel considerado aceptable (entre 6 a 15 μg/m).

Pero los impactos se sintieron mucho más allá de la ciudad de Burdeos. En Limoges, a 200 km de distancia, se registraron hasta 486 µg/m³.

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En España, cerca de 100.000 personas tuvieron que permanecer confinadas en sus hogares debido a la mala calidad del aire. El 27 de julio detectaron una concentración de PM10 de 357 µg/m³ en San Martín de Valdeiglesias y de 185 µg/m³ en Villa del Prado; y una concentración de PM2.5 de 147 µg/m³ en Villa del Prado. La mala calidad del aire provocó el confinamiento de ambos municipios entre el 24 y el 28 de julio.

¿Qué efectos tienen estos datos en la salud? Según el Ministerio de Sanidad de España, la exposición al humo suele provocar tos, dolores de cabeza, dificultad para respirar, alteración de la conciencia y disminución de la función pulmonar. Pero, además, puede empeorar el estado de afecciones médicas preexistentes como el asma, las enfermedades cardiovasculares y las enfermedades respiratorias, de acuerdo con el Observatorio Europeo del Clima y la Salud.

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Un informe publicado en junio en la revista científica The Lancet estimó que la contaminación atmosférica relacionada con los incendios forestales causó más de 8.000 muertes prematuras en 2024 en 22 Estados miembros de la Unión Europea.

Además, en 2025, cuando también hubo emergencia por incendios en el continente, la Sociedad Española de Salud Ambiental advirtió que estos eventos generaban una fuerte presión sobre los servicios sanitarios, obligando a activar protocolos de contingencia ante el aumento de urgencias y hospitalizaciones. Esto no solo se debe a la contaminación del aire, sino también a los impactos que vienen después: cenizas y compuestos tóxicos que afectan a suelos y aguas.

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Las poblaciones más vulnerables son las personas mayores, las mujeres embarazadas, los niños menores de 5 años, las personas con enfermedades preexistentes y quienes trabajan al aire libre.

La otra víctima: la biodiversidad

Pero no solo la salud de las personas se ve comprometida, también la salud de los ecosistemas. Un informe del grupo de Ecología Aplicada y Teledetección (GEAT) de la Universidad de León, (España), que lleva más de cuatro décadas analizando la evolución de los incendios en los ecosistemas mediterráneos, encontró que en 2025 cerca del 40% del área afectada en España se encontraba dentro de espacios con algún tipo de protección ambiental, como reservas de la Biosfera, monumentos naturales o parques naturales.

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El equipo liderado por los investigadores Leonor Calvo, José Manuel Fernández Guisuraga y David Beltrán Marcos señalaba que más del 65% de la superficie quemada presentó niveles de impacto altos o muy altos. Su análisis se basó en 66 grandes incendios forestales, es decir, aquellos que superaron las 500 hectáreas de superficie quemada, registrados en el noroeste de España y Portugal durante el verano de 2025.

Además, un informe de la ONG internacional Greenpeace, afirma que estos son la primera causa de destrucción de bosques y muchos hábitats naturales de alto valor en el país. En el documento detallan que varios de esos eventos se registraron en áreas protegidas como el entorno del Parque Nacional de Picos de Europa, donde ardieron más de 17.900 hectáreas; el lago de Sanabria; la sierra de Gredos; el valle del Jerte y la sierra de los Ancares, entre otros. Además, según Greenpeace, el incendio de la Sierra de la Cabrera y Montes Aquilanos afectó al entorno de Las Médulas, enclave declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y uno de los paisajes culturales y naturales más emblemáticos de España. En Galicia, la superficie quemada en la Red Natura 2000 (que alberga un conjunto de espacios naturales protegidos) fue de 37.819 hectáreas, un 26 % de toda la superficie quemada y el 10,8 % de todas las áreas protegidas de Galicia.

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El 18,5 % de las Áreas Importantes para la Conservación de las Aves y la Biodiversidad (IBA) y 139 espacios de la Red Natura 2000 resultaron afectados por el fuego, con más de 156.000 hectáreas quemadas dentro de áreas protegidas, según el informe.

“Los incendios no solo provocan mortalidad directa, sino que fragmentan hábitats, bloquean la expansión de especies amenazadas y degradan ecosistemas enteros durante décadas, por lo que es urgente incorporar la biodiversidad como prioridad explícita en los planes de prevención y extinción”, indicaba Greenpeace en su informe.

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Para World Weather Attribution, su estudio, así como otros anteriores, muestran que el cambio climático hizo mucho más probables las condiciones que favorecen los incendios forestales: temperaturas extremas, sequías prolongadas y suelos cada vez más secos. La combinación de estos factores creó el escenario perfecto para los incendios que afectaron a Europa. Además, advierte que, a medida que el planeta siga calentándose, este tipo de condiciones será cada vez más frecuente en la región.

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