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Embalses: infraestructura clave para la seguridad energética y el desarrollo del país

Opinión | En un escenario marcado por percepciones contrapuestas, profundizar en la función de los embalses y en los debates que suscitan permite valorar con mayor objetividad su aporte al bienestar social, la competitividad y el desarrollo nacional.

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ISAGEN
09 de junio de 2026 - 04:25 p. m.
Los embalses no son reservas inagotables, sino herramientas estratégicas para sostener la confiabilidad eléctrica del país.
Los embalses no son reservas inagotables, sino herramientas estratégicas para sostener la confiabilidad eléctrica del país.
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Fundamentales para todos, los embalses en Colombia soportan más del 60 % de la demanda eléctrica y, aunque suelen hacer parte del paisaje cotidiano, su verdadero valor se hace más evidente cuando el país enfrenta aumentos en la demanda de energía o eventos climáticos extremos.

En un contexto donde persisten dudas y percepciones encontradas, comprender su importancia y revisar con mayor claridad los debates que los rodean es clave para valorar con equilibrio su aporte al bienestar, la competitividad y el desarrollo nacional.

Radiografía de los embalses

Los embalses son básicamente lagos artificiales cuyo fin es almacenar agua en territorios estratégicos y que cuentan con abundancia de lluvia y fuentes de agua, como por ejemplo un río caudaloso o varias fuentes más pequeñas pero de aporte constante. Para contener estos afluentes dentro del embalse, se construye un muro de contención conocido como ‘presa’.

En Colombia, tenemos embalses exclusivos para generación eléctrica y embalses para abastecimiento humano, como también embalses que cumplen ambas funciones o llamados multipropósito. Más allá de cuál sea su uso, lo importante es que los embalses permiten hacer un uso eficiente del agua todo el año, incluso cuando la sequía se hace presente en el país. Aunque los embalses están distribuidos en diferentes regiones, Antioquia concentra la mayor cantidad debido a su abundancia de agua, por eso se le conoce como el corazón hídrico de Colombia.

Si nos enfocamos en el componente eléctrico, son más de 20 embalses los que cargan con la mayor parte del consumo eléctrico nacional de forma continua, de allí que la hidroelectricidad sea la principal fuente de energía firme, es decir, disponible todo el tiempo y con otras cualidades: es energía limpia y de costo eficiente.

Los embalses del país son administrados tanto por empresas públicas como por privadas, bajo una regulación controlada por el Gobierno que aplica en igualdad de condiciones para todos. Esta combinación de capacidades y experiencia de empresas con entidades públicas ha funcionado muy bien para garantizar la confiabilidad del sector eléctrico.

Regulación hídrica, seguridad energética y protección del territorio

Además de la producción eléctrica, los embalses también se reconocen como instrumentos que aportan en la regulación de los ríos y el control de inundaciones. Nuestro país tiene una hidrología intensa y las comunidades asentadas alrededor de los ríos son especialmente propensas a sufrir las consecuencias de las crecientes súbitas; los embalses se convierten en una línea de defensa importante y así lo demuestran los datos: un manejo adecuado de estos ayuda a reducir la frecuencia de inundaciones cerca del 8% y la severidad de las crecientes hasta un 38 %, según datos presentados recientemente por Acolgen.

De otro lado, se evidencia cómo el cuidado responsable de los embalses ha contribuido con la seguridad energética al evitar que el país se apague en más de tres décadas, incluso con Niños muy fuertes, como lo fueron los de 1997-1998 y 2015-2016. Pensemos en un escenario hipotético: si mañana desaparecieran los tres embalses más importantes del país, sería inevitable un apagón nacional. Según análisis de expertos, un apagón podría significar pérdidas económicas por hora de $280.000 millones. Por eso esta seguridad energética está ligada a la seguridad económica y social.

Debido a la importancia para los colombianos, los embalses cuentan con la vigilancia permanente del Centro Nacional de Despacho (CND) de XM, entidad pública que apoya labores de monitoreo continuo, entre otras funciones complementarias, como por ejemplo la vigilancia de los caudales de los ríos que los alimentan y la optimización del sistema eléctrico para la toma de decisiones rápidas cuando hay situaciones de alerta o de la operatividad cotidiana.

El Niño, el precio de la energía y el valor de una gestión responsable del agua

Los embalses no son reservas inagotables, sino herramientas estratégicas para sostener la confiabilidad eléctrica del país. Por eso su operación responde a criterios técnicos y regulatorios definidos, así como a un mercado vigilado por XM. Su adecuado manejo demuestra que administrar el agua con responsabilidad permite asegurar energía disponible en los momentos más exigentes.

Al ser el sostén principal del consumo eléctrico, el agua embalsada debe ser preservada cuando llega El Niño; es entonces cuando las demás fuentes de energía, especialmente la térmica, que también es firme, y la solar, que requiere de baterías para alcanzar su firmeza, entran como respaldo para cubrir la disminución de la operación hídrica. Debido a los recursos que necesita la generación térmica, como el gas y otros combustibles, sus costos de operación son más altos, pero sigue siendo un respaldo para garantizar que la energía siga disponible durante las sequías, ralentizando el consumo de las reservas hídricas y asegurando su uso responsable.

Aquí, hay un punto importante respecto al precio que es importante aclarar. El precio total de la energía que se cobra a los usuarios es la suma de 6 componentes (Generación, Transmisión, Comercialización, Distribución, Pérdidas y Restricciones), donde el componente de Generación representa cerca de una tercera parte. Otro elemento importante: en Colombia la energía se negocia de dos formas: contratos a largo plazo y bolsa de energía. En promedio, el 80% de la energía que consumimos está anclada a los contratos (precios fijos, ya sea a mediano y largo plazo, todo depende del acuerdo entre el generador y el comercializador) y alrededor del 20% restante se negocia en la bolsa con precios variables.

Este 20% no es una falla del sistema sino un mecanismo que permite al sector contar con un margen de maniobra entre oferta y demanda eléctrica para cubrir imprevistos, además, la variación de esta cifra solo impacta en un porcentaje menor lo que paga finalmente el usuario final por la electricidad, debido a que la mayoría del precio de Generación ya está definido por el contrato de largo plazo y no se modifica, aunque haya temporada de sequía o lluvia extrema.

Volviendo a la dinámica de los embalses, la señal para activar las plantas térmicas y solares se da cuando el sistema detecta bajas significativas en los aportes hídricos, debido al riesgo de sequía, por lo que es necesario preservar el agua almacenada. Esta lógica busca promover un uso prudente del recurso y respaldar la estabilidad del sistema en condiciones críticas.

Por otra parte, el sistema eléctrico cuenta con el mecanismo del Cargo por Confiabilidad, que es un contrato de largo plazo entre el Gobierno y una empresa generadora para, entre otras funciones, entregar una cantidad determinada de energía a un precio fijo en una situación crítica. Con este modelo se protege a los usuarios de aumentos desmedidos en las temporadas secas y se procura la disponibilidad de energía hasta que pase el riesgo.

En caso de que nuevamente un fenómeno El Niño se presente en el país, los embalses seguirán cumpliendo un papel decisivo para usar el agua de la manera más eficiente y oportuna posible. Fortalecer la comprensión pública sobre su función es esencial para reconocer que son una infraestructura estratégica para la seguridad energética y el desarrollo de Colombia.

Por ISAGEN

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