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Fenómeno de El Niño: ¿Y si nos fijamos más en los bosques que en los embalses?

La crisis del agua que vivió Bogotá en 2024 dejó una pregunta abierta: ¿cómo garantizar el abastecimiento del líquido cuando hay fenómenos cada vez más extremos? Parte de la respuesta podría estar en una estrategia que no comienza en los embalses, sino en los bosques, páramos y ríos.

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30 de julio de 2026 - 02:00 p. m.
La cuenca alta del río Bogotá es la segunda fuente de agua de la ciudad, esencial para mantener el acceso al agua en el largo plazo./ Cristian Garavito - El Espectador
La cuenca alta del río Bogotá es la segunda fuente de agua de la ciudad, esencial para mantener el acceso al agua en el largo plazo./ Cristian Garavito - El Espectador
Foto: Cristian Garavito
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Con la llegada del fenómeno de El Niño, una de las principales preocupaciones de las autoridades es garantizar el suministro de agua. La reducción de las lluvias, uno de los efectos más visibles de este evento, disminuye los caudales de ríos y embalses que abastecen a millones de personas. Bogotá ya vivió esa situación en 2024, cuando tuvo que implementar medidas de racionamiento.

Durante un año, la capital colombiana vivió una crisis que dejó en evidencia la fragilidad del sistema hídrico que abastece a más de 10 millones de personas y puso sobre la mesa la necesidad de fortalecer estrategias que obligaran a las ciudades a trabajar con la naturaleza, para no depender únicamente de grandes obras de infraestructura.

(Lea: Estos colegios colombianos se convirtieron en un ejemplo en proteger la naturaleza)

“La relación de las ciudades con la naturaleza ha sido compleja. Cuando las ciudades rompen totalmente su conexión con el paisaje que albergan y con la naturaleza en general, empiezan a pasar unas cuentas de cobro, que es lo que estamos viendo ahora”, dice Paula Rodríguez, especialista en ciudades, clima y biodiversidad de WWF Colombia.

Por esto, la respuesta a la escasez de agua, las inundaciones o el aumento de las temperaturas no siempre están en más construcciones, sino en acciones que le apuesten a proteger, restaurar y gestionar de manera sostenible ecosistemas como bosques, páramos, humedales y ríos. Se les conoce como Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN). En el caso de Bogotá, el Instituto de Recursos Mundiales (WRI, por sus siglas en inglés), había propuesto algunas antes del racionamiento de 2024.

Más naturaleza, más agua

En agosto de 2023, el WRI y la Conservación Internacional Colombia, en colaboración con la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), publicaron un informe en el que explicaban cómo las inversiones en infraestructura natural pueden generar importantes ahorros económicos para la empresa de agua de Bogotá, pero también para diversificar las fuentes de suministro para la capital, y reducir la necesidad de ampliar los embalses, mejorando así la seguridad hídrica de la ciudad.

El análisis se centró en el Sistema Norte, que aporta cerca del 25 % del agua de la capital y municipios aledaños, y está asociado a la cuenca alta del río Bogotá. Según el informe de WRI, este sistema es esencial para mantener el acceso al agua en el largo plazo.

Aunque el páramo de Chingaza es la principal fuente de agua de la capital, depender exclusivamente de este sistema “plantea riesgos de seguridad hídrica para la población urbana y también pone en peligro la integridad de los escasos ecosistemas de páramo”, señala el informe. Por eso, dicen que la cuenca alta del río Bogotá, cuya superficie es de aproximadamente 150.000 hectáreas, es un lugar estratégico para invertir en la gestión del agua.

Allí, el líquido es tratado por la planta Tibitoc, que tiene una capacidad máxima de 10,5 metros cúbicos por segundo. Antes del racionamiento, solamente tenía una capacidad de 4,5 m3/seg, según Natasha Avendaño, gerente de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá.

El agua captada en Titiboc, dice el informe, es costosa de tratar debido a que tiene una gran cantidad de sedimentos y contaminantes, como nitratos y amonio, además de materia orgánica y manganeso. Estos sedimentos y contaminantes vienen de tres fuentes, según WRI: prácticas insostenibles de gestión del uso de la tierra en las zonas altas, vinculadas a un crecimiento industrial acelerado; la expansión urbana al norte de Bogotá, principalmente en los municipios de Cajicá, Chía, Tocancipá y Gachancipá; y la degradación de la cobertura del suelo y el uso excesivo de insumos agrícolas como fertilizantes y pesticidas.

Frente a ese panorama, el Instituto evaluó qué pasaría si, en lugar de responder únicamente con más infraestructura gris, se invirtiera en la conservación y restauración de los ecosistemas de la cuenca alta del río Bogotá. El análisis concluyó que una inversión cercana a USD 5,3 millones en Soluciones Basadas en la Naturaleza podría generar alrededor de USD 45 millones en ahorros durante 30 años para la EAAB.

Puntualmente, sugieren invertir en sistemas silvopastoriles sostenibles y la restauración de ecosistemas en 2.460 hectáreas (ha), que representan el 2 % de la cuenca alta del río Bogotá.

Eso incluye actividades de reforestación para integrar paisajes fragmentados y aumentar la conectividad ecológica entre los remanentes naturales existentes, lo que serviría para mejorar los flujos ecológicos (como el movimiento de organismos y materia), preservando la biodiversidad y mejorando la retención de sedimentos.

Otra acción que proponían es restaurar la vegetación alrededor de los nacimientos de agua con árboles y arbustos nativos que funcionarían como un filtro natural que retiene sedimentos y sustancias contaminantes antes de que lleguen al agua. Según el informe, además de mejorar su calidad, estas acciones ayudan a reducir la erosión del suelo y a regular el flujo hídrico.

Entre los USD 5.3 millones de inversión se incluirían todos los insumos (como plántulas, plantaciones y fertilizantes), mano de obra, transporte, maquinaria y equipo, y el apoyo técnico especializado necesario.

Como resultado, esa inversión ayudaría a reducir, principalmente, los costos energéticos derivados del tratamiento del agua en Tibitoc, que ascendieron a unos $7,5 millones de dólares en 2020, se lee en el documento.

Paula Rodríguez, de WWF y quien no hizo parte del informe, coincide en que integrar la naturaleza con la infraestructura de las ciudades, “hace que puedan tener ahorros significativos en el consumo de energía”. No solo aplica en grandes ejemplos, en las casas o edificios, la naturaleza también tiene la capacidad de reducir las temperaturas y así ahorrar la energía que consume el aire acondicionado, por ejemplo.

“La infraestructura natural puede complementar efectivamente la infraestructura existente y, al mismo tiempo, generar innumerables beneficios tanto para el hombre como para la naturaleza, desde el fomento de la biodiversidad y la vitalidad de los ecosistemas hasta el fortalecimiento de la salud y el bienestar de las comunidades”, mencionan los autores del informe.

La Alcaldía de Bogotá informó este año que la Empresa de Acueducto y Alcantarillado invirtió COP 63.000 millones para el mantenimiento de predios estratégicos en cuencas, con acompañamiento de Conservation International. Además, afirman que entre 2024 y 2025 compraron 994,23 hectáreas en ecosistemas, un área equivalente a 28 estadios El Campín. Varios de estos predios están ubicados en la Reserva Forestal Protectora Bosque Oriental de Bogotá, el Páramo de Sumapaz, el Parque Natural Chingaza, el Parque Ecológico de Montaña Entrenubes, y los Corredores Ecológicos de Ronda del río Tunjuelo, río Fucha y quebrada Chiguaza.

Aunque aún es pronto para medir el impacto de estas inversiones sobre la seguridad hídrica de la ciudad, Bogotá enfrenta este nuevo episodio de El Niño con un panorama distinto al de 2024. Según datos históricos de la EAAB, los niveles de almacenamiento de agua en los embalses en lo corrido de 2026 son mejores, especialmente en el Sistema Chingaza, que los registrados en 2024.

Además, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) dio a principios de julio un balance positivo de los embalses del centro del país (incluidos los de los sistemas Norte, Sur y Chingaza), luego de analizar su comportamiento durante los últimos 30 días. Según la entidad, las lluvias registradas en junio influyeron en la recuperación de estos lugares.

Sin embargo, esas mismas autoridades han pedido no bajar la guardia ante la llegada del fenómeno de El Niño, que, de acuerdo con las estimaciones del Ideam y organismos internacionales como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), podría ser el más fuerte registrado en décadas. La probabilidad de que se trate de un fenómeno “muy fuerte” ya se encuentra en 81 %.

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