20 Aug 2021 - 10:16 p. m.

Jagüey y páramo, dos símbolos de agua y vida

Es común escuchar que de las dificultades surgen las mejores soluciones. La innovación que de allí brota se convierte en factor diferencial en el que la creatividad se refleja. Y no siempre es posible a través de la tecnología que ahora conocemos o de grandes inversiones económicas, muchas veces nacen también a partir de una idea y otras, del trabajo en equipo que busca un beneficio común. El jagüey es un ejemplo de ello y de vida gracias al agua.

Redacción Bibo

Conocidos como aguajes, cajas de agua o embalses artificiales, los jagüeyes son depresiones sobre el terreno que permiten almacenar agua por varios meses para el consumo humano, la crianza de animales y las tareas del hogar, enfrentando así la carencia del preciado líquido.

En el municipio de Morroa, ubicado en los Montes de María, los periodos de sequía azotan con frecuencia a sus habitantes, ecosistemas y medios de vida, pero a partir de la construcción de cuatro nuevos jagüeyes, la esperanza se vive con mayor intensidad allá. “Como campesinos conocedores de la tierra, sabemos que el agua es sinónimo de vida, sin ella, tocaría desplazarse nuevamente para no ver morir nuestros cultivos y animales, es por eso que le apostamos a la construcción y conservación de estos jagüeyes”, dice Orlando Ruíz, líder de la iniciativa que la FAO y la Unidad de Restitución de Tierras, con el apoyo de la Embajada de Suecia, culminaron en 2020.

Otra estrategia natural de provisión de agua son los páramos. Lugares que conservan el recurso hídrico y desempeñan un papel fundamental en un país que tiene el privilegio de hacer parte de la cadena montañosa más importante en cuanto a fábricas de agua se refiere: Colombia. El 80% de los páramos del planeta está ubicado justo en la cordillera de los Andes y de ella, el país tiene la responsabilidad de conservar el 60%. Por su relevancia estratégica estas fuentes hídricas han sido delimitadas como áreas protegidas del Sistema de Parques Nacionales Naturales de Colombia para protegerlas.

Además de ser necesaria para nuestros cuerpos, el agua es un derecho fundamental. Según el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, el derecho al agua implica que todos tengamos “agua suficiente, salubre, aceptable, accesible y asequible para el uso personal o doméstico”. Sin embargo, se estima que en el mundo 1 de cada 3 personas no tiene acceso a agua potable.

El crecimiento de la población, el aumento de su demanda en sectores como la agricultura y la industria, y el incremento de los impactos del cambio climático, están desbordando la capacidad del planeta para disponer de agua dulce.

Su valor, más allá del económico, representa el bienestar de nuestras familias. La cultura, salud, educación, economía e integridad de nuestro entorno natural es, en definitiva, el líquido vital. La forma en que valoramos el agua determina cómo se gestiona y se comparte y, de no hacerlo correctamente, corremos el riesgo de darle un uso inadecuado a este recurso finito e insustituible.

Sabemos que estas y otras soluciones basadas en la naturaleza que representan el jagüey y el páramo no son las únicas que podrían ayudarnos a enfrentar las afectaciones por el cambio climático, y que se requiere de una acción colectiva en la que serán invaluables los aportes que cada sector de la sociedad mundial haga. Afortunadamente, con el paso del tiempo, y el aumento en el número de hectáreas en estado de conservación, se ha logrado vincular a más actores en la urgente tarea de su cuidado.

Por eso, de manera estratégica, la cooperación internacional viene trabajando en la activación de diferentes mecanismos que involucren a las comunidades locales que viven dentro o cerca de las áreas protegidas, a las que le apuestan a la restauración y conservación de los ecosistemas en la región, y a otras que podrían desarrollar esquemas de pagos por servicios ambientales (PSA).

Cooperación por la acción climática

Atendiendo a esta gran apuesta para frenar la acción climática en la que también Colombia suma, es que la Unión Europea (UE), la Agencia Italiana de Cooperación para el Desarrollo (AICS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) se unen para apoyar la implementación de los esquemas de pagos por servicios ambientales (PSA) que el país viene desarrollando a través de las instituciones responsables de ello.

Los PSA, en este caso los referidos a la regulación y calidad hídrica, son una alternativa para preservar y restaurar las áreas y ecosistemas estratégicos que abastecen los acueductos en todo el territorio nacional. Su propósito es contribuir en el mantenimiento de la cantidad y calidad de agua de los territorios y, a su vez, aumentar la participación de la población en los procesos de restauración y conservación.

Con ello, la cooperación internacional busca contribuir a que Colombia logre a 2030 la meta que se propuso de un millón de hectáreas, bajo las diferentes modalidades de este esquema, y a fortalecer la cultura, defensa y cuidado del agua y del territorio.

Otra muestra exitosa se puede evidenciar en el páramo más grande del mundo: Sumapaz. Aquí las comunidades locales ya firmaron Acuerdos de Conservación con Parques Nacionales Naturales (PNN) como parte del Programa de Desarrollo Local Sostenible que es financiado por la Unión Europea. Estos acuerdos de Restauración Ecológica Participativa han permitido que la comunidad que vive en el Parque Nacional Natural Sumapaz implemente importantes iniciativas en restauración, rehabilitación, recuperación y conservación, mediante actividades que permiten estos procesos como: aislamiento de praderas y diseño de cosecha de agua que ayudan a disminuir las presiones existentes en dichas zonas de conservación.

Estas áreas conservadas brindan el abastecimiento de agua para 31% de la población colombiana de manera directa y 50% de manera indirecta. Las poblaciones beneficiadas van desde la rural y los centros poblados, hasta grandes ciudades como Bogotá, Cali, Santa Marta, entre otras. Uno de los ejemplos más representativos es la ciudad de Bogotá donde cerca 80% de su población se abastecen del agua proveniente del ecosistema de páramo del Parque Nacional Chingaza.

La idea del jagüey de don Orlando y 88 familias más, que hacen parte de la Asociación de Pequeños Productores de Cambimba (Apacambi), surgió como parte de la Red de innovación para la sostenibilidad de Montes de María, una apuesta por la restauración y la conservación de los ecosistemas en la región, a la que se suman acciones como la reforestación, un sistema de melicultura y la ganadería sostenible, actividades todas en las que la gobernanza del agua es el elemento central para su desarrollo. Esta iniciativa se ha convertido en un referente de abastecimiento de agua en tiempos de sequía y los municipios aledaños esperan poder replicar.

La red hídrica tiene una extensión de 7.4 kilómetros y una capacidad de almacenamiento de 125.000 metros cuadrados de agua. La disponibilidad cercana de estas reservas de agua les ha facilitado la realización de otras actividades productivas como el cultivo de maracuyá, ñame, yuca, cacao, hortalizas y la ganadería doble propósito; así como el ahorro de tiempo al no tener que buscar el agua a kilómetros de distancia, trayectorias que les ocupaba al menos 3 horas diarias antes de contar con estos.

Cada gota cuenta en la reconversión agroalimentaria

Agricultura, alimentación y agua guardan, como vemos en la experiencia de los Montes de María, una relación estrecha y vinculante que debe ser seguir contando con la participación de quienes producen, pero también de quienes consumen los alimentos. Por eso, el informe de la FAO ‘El estado mundial de la agricultura y la alimentación 2020: Superar los desafíos relacionados con el agua en la agricultura’, prende las alarmas señalando que hoy en día 3.200 millones de personas viven en zonas agrícolas con niveles de escasez de agua elevados o muy elevados, y 1.200 millones de estas personas viven en zonas con limitaciones severas con respecto al agua.

La fórmula está directamente relacionada: a mayor número de habitantes mayor consumo, luego se requiere de una mayor producción. Se ha dicho muchas veces de la posibilidad que tenemos los seres humanos de sobrevivir con unos pocos sorbos de agua al día, pero pocas veces hablamos del “agua que comemos” diariamente, a través de los alimentos que consumimos, esta es mucha más: basta pensar en los 15.000 litros necesarios para producir un kilo de carne.

Por ello, ante una población creciente que cambia cada vez más su dieta hacia productos transformados y ultraprocesados, debe hacerse todo lo posible para mejorar la forma en que utilizamos el agua en la producción agropecuaria, haciendo uso y gestión sostenibles de los recursos hídricos.

En el ámbito agropecuario, invertir en sistemas de riego sostenibles, no solo mejora la disponibilidad, sino también el rendimiento del agua; algo similar ocurre con el aprovechamiento de las aguas lluvias, con las que, en terrenos de secano (que no cuentan con riego y se proveen exclusivamente de la lluvia), estas técnicas de captación y conservación del agua podrían aumentar la producción de kilocalorías hasta en un 24 por ciento y, si se combinan con una ampliación del riego, en más del 40 por ciento.

Cualquiera sea la alternativa a adoptar de las múltiples que existen, factores centrales hacen parte de la solución: la sensibilización y la innovación. Ejes centrales de la conversación que implica la participación de todos los actores involucrados en los sistemas agroalimentarios, no solo de los productores pequeños y grandes, sino que también involucra a consumidores de alimentos y gobiernos, tanto de nivel nacional como local.

Cada gota cuenta, y aunque muchas veces no sea perceptible la escasez de agua a la que se enfrenta el planeta, debemos transitar hacia acciones como el cuidado del agua en actividades cotidianas, evitar la pérdida y desperdicio de alimentos, o consumir alimentos y dietas saludables que resulten más sostenibles, impactando de manera directa el cuidado de este recurso irremplazable. Y usted, ¿qué está haciendo hoy para contribuir a cuidar el agua?

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