El año pasado, los termómetros en diferentes lugares de América Latina y el Caribe alcanzaron temperaturas que no se habían visto antes. En Mexicali, alcanzaron 52,7 °C, un récord nacional, en Río de Janeiro llegaron a 44 °C y Paraguay registró 44,8 °C en Mariscal Estigarribia. Los datos confirman que la región vivió uno de los años más extremos desde que se tienen registros, no solo por el calor sin precedentes, sino también por las sequías persistentes, lluvias torrenciales, ciclones devastadores y el retroceso acelerado de los glaciares andinos, según un nuevo informe de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).
El informe señala que 2025 fue uno de los ocho años más cálidos jamás registrados en América Latina y el Caribe, y además estima que entre 2012 y 2021 murieron unas 13.000 personas al año por causas relacionadas con el calor, teniendo en cuenta los datos de 17 países. Es posible que la cifra sea mayor, según la OMM, debido a las limitaciones en los sistemas de registro.
Pero, la temperatura no aumentó por igual en todas partes, ni a lo largo del tiempo, y muchas estaciones también registraron temperaturas más frías de lo normal (tomando como referencia el periodo 1991-2020). Por esto, el documento también describe un ciclo del agua cada vez más extremo, con lluvias torrenciales más intensas.
En México, por ejemplo, junio de 2025 fue el mes más lluvioso jamás registrado a nivel nacional. Allí se registraron al menos 83 muertes relacionadas con esta situación. Además, las precipitaciones extremas y las inundaciones dejaron más de 110.000 personas afectadas en Perú y Ecuador.
Al mismo tiempo, “la sequía alcanzó niveles severos en distintas zonas del continente”, señala la OMM. En su momento más crítico, hasta el 85 % del territorio mexicano se vio afectado por condiciones de sequía, mientras partes del Caribe enfrentaron una grave escasez de agua.
En algunas zonas del sur de América del Sur se registraron déficits de precipitaciones superiores al 40 %, lo que agravó las pérdidas agrícolas y elevó el riesgo de incendios forestales.
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Un caso que genera especial preocupación es el de Amazonía que también registró temporadas secas más largas, eventos de lluvia más intensos y sequías más frecuentes.
Los registros de los huracanes
El informe también analizó las consecuencias de los huracanes que se registraron el año pasado en la región. Uno de estos fue el huracán Melissa, el primero de categoría 5 registrado en tocar tierra (el 28 de octubre) en Jamaica. El evento dejó 45 muertos y pérdidas económicas estimadas en 8.800 millones de dólares, equivalentes a más del 41 % del producto interno bruto del país.
De acuerdo con el informe, este fue uno de los huracanes más intensos que jamás hayan tocado tierra en el Atlántico Norte, y no solo generó daños en Jamaica, sino que continuó su trayectoria hasta afectar al este de Cuba. Haití y la República Dominicana también sufrieron graves inundaciones provocadas por las fuertes lluvias asociadas al huracán.
Otros eventos que también causaron daños el año pasado fueron el Huracán Erick, que tocó tierra el 19 de junio como sistema de categoría 3 en el oeste de Oaxaca (México), y la tormenta tropical Jerry, en octubre.
El alarmante estado de los glaciares
A estas situaciones se suma el estado de los glaciares andinos, que están perdiendo masa a un ritmo acelerado. Aproximadamente el 41 % de toda la masa perdida desde 1976 desapareció solo en la última década. Esto representa una grave amenaza para la seguridad hídrica de unos 90 millones de personas que dependen de estas “torres de agua”.
Según la OMM, los glaciares suministran agua para consumo humano, agricultura, generación hidroeléctrica e industria a lo largo de la cordillera andina. Sin embargo, el deshielo se está acelerando en países como Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Argentina. Esto es preocupante, teniendo en cuenta que los Andes tropicales concentran más del 95 % de los glaciares tropicales del mundo.
“Solo en tres de los glaciares monitoreados los balances de masas fueron positivos durante el período de cuatro años analizado (2022- 2025)”, se lee en el informe.
Celeste Saulo, secretaria general de la OMM, sostiene que “las señales de un clima cambiante son inequívocas en toda América Latina y el Caribe. En este informe se evidencia el incremento de los riesgos, pero también el aumento de nuestra capacidad de anticipación y de actuación para salvar vidas y proteger medios de subsistencia”.
Sin embargo, también señalan la importancia de reforzar las observaciones meteorológicas, ampliar los sistemas de alerta temprana y garantizar que la información climática llegue a las comunidades más vulnerables, lo cual será clave en los próximos años.
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