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Para profundizar en la conversación sobre los retos del agro y calentar motores frente a las discusiones que vienen, El Espectador, en alianza con Agrosavia, realizó el conversatorio Retos del sector agropecuario para el próximo cuatrienio. En él participaron Cecilia Lopez, exministra de Agricultura; Miguel Serrano López, director ejecutivo de Agrosavia; Leonardo Ariza, gerente de Asociación Colombiana de Semillas y Biotecnología (Acosemillas); Freddy Garcés Obando, director general de Cenicaña; y Óscar Calderón, jefe de asistencia técnica sectorial de la Federación Nacional de Departamentos.
En Colombia, más de 40 millones de hectáreas, equivalentes a más del 30 % del territorio nacional, hacen parte de la frontera agrícola, es decir, son aptas para la producción agropecuaria. Pero, a ojos de Cecilia López, exministra de Agricultura y de Ambiente, este potencial aún no se está traduciendo en bienestar para las comunidades campesinas y en rentabilidad para los productores. Estos terrenos, agrega, aún están “crudos” en lo que se refiere a la adaptación al cambio climático.
López da algunas cifras que sustentan esa afirmación. Según datos oficiales, por ejemplo, la pobreza monetaria en el campo es del 40 %, mientras que la extrema y la multidimensional son, respectivamente, del 20 % y del 22 %. A esto se suma una informalidad laboral del 83 %. Por otra parte, está la desigualdad en el apoyo a campesinos y productores por parte del Estado. Señala que el 86 % del crédito agropecuario se ha concentrado históricamente en el sector de los grandes productores.
“Los desbordamientos de los ríos golpean muy fuerte a América Latina y Colombia, así como las sequías. Y estamos aún muy crudos, comparados con el mundo, en cómo manejar esos riesgos que impactan de manera desigual a las personas en el campo”, afirma López.
Estos impactos a los que se refiere la exministra ya se encuentran cuantificados en años recientes. Como precisa Leonardo Ariza, gerente de la Asociación Colombiana de Semillas y Biotecnología (Acosemillas), “las pérdidas en estos cuatro años en el sector agropecuario ascienden a los COP 3 billones por el cambio climático”.
Este panorama, entre otros retos y oportunidades, será el escenario que tendrá que abordar el gobierno de Abelardo de la Espriella y su ministro designado de Agricultura, Indalecio Dangond, durante el próximo cuatrienio.
En este espacio organizado por este diario, que puede visualizar en esta transmisión, los panelistas coincidieron en la importancia que tendrán la ciencia y la innovación en la transformación del agro en Colombia para mejorar la productividad y la resiliencia de los cultivos en los próximos años.
Precisamente, una de las entidades clave en este proceso y en la integración de estos diversos factores será Agrosavia, entidad vinculada al Ministerio de Agricultura, encargada de generar conocimiento científico y desarrollo tecnológico para mejorar la productividad, la competitividad y la sostenibilidad del sector agropecuario del país.
Como admite Miguel Serrano, director de Agrosavia, la entidad continúa en una situación de déficit presupuestal debido, entre otros factores, al aumento del salario mínimo y a la incertidumbre frente a la asignación presupuestal para 2027. “Esperamos encontrar un camino positivo, con un horizonte que nos permita trabajar de manera efectiva”, dice Serrano, quien agrega que aún no se han sostenido conversaciones con el gobierno entrante sobre el futuro de la entidad.
Para Oscar Andrés Calderón, de la Federación Nacional de Departamentos (FND), lo que pase con la entidad es clave para las regiones y los productores locales. “Siempre se ha tenido un diálogo fluido con la entidad, y esto ha sido clave para el acompañamiento técnico en las producciones, la planeación del sector y, entre otras cosas, la modernización del sector”, indica Calderón.
¿Cuáles deben ser las prioridades para el agro y la innovación en los cultivos?
Uno de los temas que se abordó en el foro fue cuáles deben ser las prioridades para el agro y la aplicación de innovaciones en los cultivos del país. Para el director de Agrosavia, uno de los aspectos que requiere mayor atención tiene que ver con las problemáticas fitosanitarias en cadenas clave para el abastecimiento y la exportación.
Entre estas se encuentran el avance del Fusarium, una enfermedad destructiva del banano causada por un hongo del suelo que bloquea los vasos de la planta, así como la “punta morada” en solanáceas y en cultivos como el tomate, el lulo y la papa. “Es una problemática compleja, pero se está avanzando en líneas de manejo que se deben continuar”, indicó Serrano, de Agrosavia.
Entre otros elementos que mencionó Serrano se encuentran la necesidad de continuar el mejoramiento del material vegetal, la agricultura y la ganadería regenerativas, y varios ejes de investigación para fortalecer diversas cadenas productivas, así como a los pequeños productores.
“A esto sumaría que hay algo que sabemos hacer, pero seguimos haciendo poco: la transferencia tecnológica. Esto consiste en aumentar la productividad, pero también en agregar valor a la materia prima que producimos, implementar la agricultura digital y mejorar los procesos de poscosecha y de agroindustria rural”, precisó Serrano.
A ojos de López, exministra de Agricultura, el próximo ministro de esta cartera deberá enfrentar la “gota fría” relacionada con el tema social del campesinado. “Este gobierno le creó expectativas al campesinado que no fue capaz de cumplir, y si el próximo no responde, esto aquí se va a prender, y nadie quiere eso”.
López señaló que en este momento hay 22.000 familias que han recibido tierra por parte del Estado, pero que aún no son propietarias, en un proceso que el gobierno “no puede postergar”. “Una de las prioridades es hacer un nuevo censo rural, que no se hace desde hace más de diez años en el país”. En síntesis, la exministra asegura que el próximo gobierno deberá saber conjugar el apoyo tanto a pequeños como a grandes productores para la transformación del sector.
Como cuenta Ariza, de Acosemillas, a finales de julio diferentes representantes del gremio se reunieron con el ministro designado. “Nos dejó con buena vibra y expresó la voluntad de incorporar a pequeños y grandes productores en términos de competitividad y rentabilidad. Y esto tiene que ser de la mano de la investigación, tanto privada como pública”.
Desde la Federación Nacional de Departamentos se expresó una visión similar y se manifestó que hay “confianza en el ministro designado, y vemos una buena oportunidad para la investigación y para generar un fortalecimiento público-privado en las diferentes cadenas, para no depender de una sola materia prima”.
Lo cierto es que el país no parte de cero. Como sostiene Garcés, de Cenicaña, desde el sector cañero “se han desarrollado más de 200 variables de esta planta para mejorar productividad y costos. Y estas han sido transferidas al sector panelero para que las integre a su cadena”.
Por su parte, desde Acosemillas agregan que cerca del 60 % del maíz del país se produce con biotecnología, lo que ha mejorado la productividad y fortalecido el encadenamiento en temas comerciales.
Las formas en que se pueden impulsar estos procesos tienen múltiples caminos. Desde la FND señalan que es clave la dinamización del Sistema General de Regalías, una bolsa de recursos que proviene del dinero que recibe el Estado como compensación por la explotación de gas y petróleo en Colombia. “Hoy en día, un proyecto, desde su presentación hasta su implementación en terreno, puede tomar hasta tres años”, indica Calderón.
En esto coincide el representante de Cenicaña, quien resaltó la necesidad del “desarrollo de proyectos regionales que lleguen a todos los actores del territorio”. Para afrontar este reto, el director de Agrosavia afirmó que es necesario que el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, encargado de distribuir parte de estos recursos, destine mayores aportes para apoyar el trabajo de la entidad y las investigaciones en el país.
Los retos que enfrenta el sector tendrán un escenario crítico casi de manera inmediata para el nuevo gobierno, con la consolidación del fenómeno de El Niño, que, según ha indicado el Ideam, tiene altas probabilidades de ser “muy fuerte”. Esto plantea grandes desafíos para el agro, tanto durante el fenómeno como después de él, cuyo momento de mayor intensidad se prevé para finales de 2026.
Desde la Federación Nacional de Departamentos aseguran que las diferentes entidades territoriales ya se están moviendo para mitigar los impactos de la sequía y que, por fortuna, el país cuenta con un sistema de gestión del riesgo que ofrece herramientas útiles. “Uno de los retos es la articulación entre las diferentes entidades, así como la transferencia de información a los territorios”, sostiene Calderón, de la FND.
Frente a cómo está preparado el país para los próximos meses, Serrano, de Agrosavia, señala que ya existe una plataforma de riesgo agroclimático que, a partir de datos históricos y modelos de inteligencia artificial, permite anticipar eventos y dar una mejor respuesta. Además, afirma que se está trabajando en sistemas de riego más eficientes, así como en modelos productivos que requieran menos espacio y permitan un mejor manejo de los recursos hídricos.
“Uno de los temas que más nos preocupa es la producción de alimentos para la ganadería, debido al agotamiento de las pasturas por el aumento de las temperaturas. Esto va a ser particularmente crítico en la región Caribe, y tenemos alternativas para la producción de silos y henos para atender estos procesos, que se tienen que fortalecer”, indicó el director de Agrosavia, quien agregó que también es fundamental pensar en lo que ocurrirá después del fenómeno, pues sus efectos seguirán sintiéndose en las producciones.
Garcés, de Cenicaña, agrega que también es clave avanzar hacia una política robusta de datos, apoyada por el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, para asegurar que la información climática llegue a los pequeños productores y estos puedan incorporarla en su toma de decisiones.
Para Ariza, de Acosemillas, una de las herramientas clave es el mejoramiento vegetal, en particular mediante semillas resistentes a la sequía. “Otro punto en el que hay que avanzar frente a estos eventos es que menos del 5 % de las producciones agrícolas cuentan con seguros en caso de emergencias. Esta es una tarea importante para el próximo gobierno, que se suma a temas de infraestructura y gestión hídrica”, sostiene.
En opinión de Garcés, de Cenicaña, esto será crítico para este fenómeno, pero también para el de La Niña. “Tenemos datos que indican que las precipitaciones pueden aumentar hasta un 10 % en los próximos años, y esto requiere una política de drenaje, así como sistemas de riego más efectivos”, precisa. “Esto es clave, pues tanto en escenarios de exceso como de escasez de agua algunas producciones pueden perder hasta el 60 % de sus cultivos”.
La Orinoquía y las oportunidades en el horizonte
Según coincidieron los panelistas, uno de los escenarios con mayor potencial en el país es la Orinoquía. Allí, como apuntan desde Agrosavia, existe un fuerte potencial para la producción de cereales, pero también de variedades de cacao y café adaptadas a las condiciones de la región.
“Hay un potencial enorme que necesita estrategias claras para avanzar en este campo, pero teniendo en cuenta el manejo ambiental de la altillanura. Tenemos que mirar el tema de la frontera agrícola, pero pensando en qué hacer con las poblaciones que viven en estos territorios”, indica López, exministra de Agricultura.
Este punto es respaldado por el representante de Acosemillas, quien señala que es clave llegar a los territorios con proyectos estructurados. “Y aquí vale la pena señalar que se trata de territorios de sabana, es decir, que no se va a tumbar bosque para el desarrollo de estos proyectos”, indica Ariza.
Por su parte, desde Cenicaña señalan que ya se están implementando modelos en la región, en procesos que se encuentran en etapa de validación. “Todos requieren un engranaje local, con mejoras necesarias en la infraestructura, pero también con la posibilidad de contar con corredores biológicos y protección de los ríos. Hay mucho interés en desarrollar proyectos en esta zona”, señala Garcés.
“Ya tenemos ensayos e ideas que proponer que pueden ser muy interesantes para la pequeña producción y que nos permiten desarrollar modelos propios para la región, así como planificar iniciativas para el manejo de la tierra y la adecuación del terreno”, concluye Serrano.
Por su parte, López cerró el espacio señalando que no se puede perder de vista la Amazonia, donde las oportunidades de la bioeconomía son clave para las comunidades que habitan esta región.
Si quiere conocer todos los detalles de esta conversación, puede hacerlo a través del siguiente enlace.