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Magdalena: un río con nombre de mujer

Información Institucional

Redacción Bibo

23 de junio de 2021 - 06:09 p. m.

El pasado jueves 10 de junio del 2021, se llevó a cabo el conversatorio “Un río con nombre de mujer: diálogo sobre mujeres y conservación”, organizado por el Museo del río Magdalena y la Fundación Natura y fue transmitido por los Facebook Live de las organizaciones.

Las mujeres, con su característica de cuidadoras, han logrado adoptar el Magdalena y han aportado durante muchos años en la consolidación de la producción pesquera en sus aguas, hoy han tomado la decisión de generar procesos sostenibles para darle vida al río.
Foto: Archivo particular

“Un río con nombre de mujer y en su vientre brota la vida”. El Magdalena es uno de los afluentes más importantes de Colombia, una arteria por donde corre la seguridad alimentaria de toda la Nación, pues allí se produce el 50% de la pesca continental del país y el 70% de la agricultura.

“Mi cordón umbilical está enchufado con sus aguas, la cuenca y con el sector pesquero artesanal, que es mi vida”, resaltó Libia Esther Arciniegas, una mujer anfibia que nació a sus orillas en el municipio de la Gloria, Cesar. En la actualidad trabaja desde el sector pesquero y promueve, de la mano de diversas organizaciones, temas de restauración para favorecer la conectividad hídrica y la recuperación del gran humedal de la ciénaga de Zapatosa.

Libia, fue una de las cinco lideresas que participaron en el conversatorio, que tuvo como objetivo visibilizar el rol de las mujeres en las acciones de conservación ambiental que se llevan a cabo en la macrocuenca Magdalena-Cauca, destacando su relación con el río, el impacto de su trabajo, la resignificación de su rol en contextos de conservación y los desafíos que existen frente a la restauración de una fuente hídrica tan importante como el río Magdalena; algo fundamental en todas las acciones que adelanta Fundación Natura, a través del proyecto GEF Magdalena-Cauca Vive.

Es precisamente ese trabajo incansable, el que está “permitiendo que hoy las mujeres se sientan identificadas con el río, para que cuando se hable de pesca artesanal, no solamente se mencione al hombre, sino que sean tenidos en cuenta los procesos de los que las mujeres hacemos parte”, según explicó María Benítez, del municipio de Gamarra (Cesar), quien ha construido una relación con el río a través de la pesca artesanal, ayudando a rescatar los diferentes saberes de las comunidades pesqueras. También es parte del proyecto “La Magdalena: un caudal de mujeres”, del Museo del río Magdalena.

Y es que el río es fuente de vida, de trabajo, de alimentación, de relacionamiento social, político y cultural, pero también es fuente de desigualdad frente a las garantías de acceso a los derechos de las mujeres. En torno a la macrocuenca, la actividad de la pesca es quizás la más importante, sin embargo, es una actividad eminentemente masculina, pues de acuerdo con cifras del DANE, para el 2013 casi 1.500.000 personas se dedicaban a ésta labor, el 89% hombres y el 11% mujeres.

Es posible que en esas cifras no se tengan en cuenta el verdadero aporte de la mujer en esta actividad productiva, ya que según Constanza Milena Morales Fernández, Jefe del proyecto Red Interétnica de Mujeres Defensoras del Medio Ambiente en Fundación Natura, se esconde la participación de las mujeres en la cadena, pues ellas son componedoras de nicuro, limpian y comercializan el pescado; reparan y elaboran las redes, muchas veces con baja o ninguna remuneración, lo que las deja en una condición de vulnerabilidad económica.

Esta acción se da en el marco del proyecto Magdalena_Cauca Vive, financiado por el Fondo Mundial para el Medio Ambiente (GEF por sus siglas en inglés), implementado en Colombia por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en alianza con: el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS), el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), Fondo Adaptación y la Corporación Autónoma Regional de Río Grande de la Magdalena (Cormagdalena)
Foto: Archivo particular

En medio de una invisibilización histórica, el trabajo que han venido realizando las diferentes mujeres en sus territorios está generando impacto, aportando en la construcción de procesos que se enfocan en recuperar la vida a lo largo de toda la cuenca, no solo desde el amor con el que ejercen las labores de cuidado, con el entusiasmo en que participan en los diferentes procesos y se articulan con las organizaciones, sino también participando en escenarios de toma de decisiones, incidencia y transformación.

Así lo demuestra Luz Daris García Segovia, que como presidenta de la Junta de Acción Comunal del corregimiento el Cerrito en El Banco (Magdalena), han logrado restaurar 4 hectáreas en la ciénaga de Zapatosa y han podido sensibilizar y educar a los jóvenes, a través de talleres. “Le hemos enseñado a las niñas y niños de todas las edades, a ayudar en el vivero para la siembra de árboles, actividades en las que también participan los papás, hombres reacios que no creían en esto de la restauración”, acotó.

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Por su parte, Martha Lucía Giraldo quien lidera acciones de conservación en el Municipio de Génova (Quindío), no se queda atrás, pues después de vivir por 10 años en el páramo de Génova, hoy sigue en la parte alta y desde allí preside la Asociación de Productores Guardianes de la Naturaleza –Aproaguan- en la vereda Pedregales. Desde su finca, genera acciones de cuidado del agua, bosques y humedales, además de adelantar un proceso de concientización, con adultos y jóvenes, sobre temas ambientales como el cambio climático.

En sus aguas se ha tejido una sociedad con riqueza cultural, en donde las manos femeninas han sido vitales para el desarrollo del territorio. Ellas tienen un fuerte vínculo con el Magdalena y por eso fluye la energía femenina en su caudal.
Foto: Archivo Particular

Y es que las mujeres anfibias están en todo el país. La importancia de este río y la necesidad urgente de restaurarlo y así asegurar el beneficio de todos los seres vivos, ha llevado a que mujeres lideresas nacionales concentren sus esfuerzos en esta cuenca. Alegría Fonseca es una mujer Boyacense y una de las pioneras en la defensa del medio ambiente: “Trabajé en el Congreso de la República desde los años 70, apoyando la legislación ambiental del país y he sido miembro del Parlamento Andino, cargos que normalmente son de hombres. Pero sí entiendo la discriminación de las mujeres agricultoras y pescadoras, el machismo es muy grande. Llevo 36 años trabajando con Fundación Alma, en la que hemos trabajado con otras mujeres en la restauración de la Ciénaga de Zapatosa”

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Articular procesos en el territorio, unir fuerzas para que poder reparar los daños que se le han hecho al río, ese es el objetivo conjunto de todas las organizaciones que trabajan en el río. Es por eso que en el marco del conversatorio se llevó a cabo el lanzamiento de “La Magdalena: Un caudal de mujeres”, una iniciativa del Museo del río Magdalena, que plasma, a través de diferentes piezas sonoras, las voces de las mujeres, rescatando sus historias en temas como: la conservación ambiental, soberanía alimentaria, ser mujer en el universo de la pesca artesanal, alfarería y música.

Link para acceder al recorrido interactivo “La magdalena: Un caudal de mujeres”: https://museodelriomagdalena.org/la-magdalena-caudal-de-mujeres/

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Link para ver el conversatorio: https://www.facebook.com/fundacion.col/videos/789319385289766/

Por Redacción Bibo

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