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Más calor, menos sueño: otra consecuencia directa del cambio climático

A medida que las temperaturas aumentan, la calidad y cantidad del sueño disminuye. Se espera que para final de siglo, se registre una pérdida anual de 33,28 horas de sueño por persona.

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16 de abril de 2026 - 02:00 p. m.
Según datos de la OMM, el período 2015-2025 ha sido el más caluroso registrado hasta la fecha. / EFE/ Salas
Según datos de la OMM, el período 2015-2025 ha sido el más caluroso registrado hasta la fecha. / EFE/ Salas
Foto: EFE - Salas
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Dormir bien se está volviendo más difícil, y no es solo una percepción. El calor no solo está afectando las actividades al aire libre y las jornadas laborales, sino que también está influyendo en el tiempo de descanso de las personas. A medida que las temperaturas aumentan, la calidad y cantidad del sueño disminuye, lo que se puede traducir en problemas de salud tanto física como mental.

Cuando iniciamos este año, la Organización Meteorológica Mundial (OMM) confirmó que 2025 fue el tercer año más cálido hasta ahora registrado, solo por detrás de 2023 y 2024. La temperatura superficial media fue 1,44 °C superior a la media del periodo 1850-1900 (niveles preindustriales). Y esto viene siendo parte de una tendencia que ha marcado la última década, pues, según confirmó la OMM, el periodo entre 2015 y 2025 ha sido el más cálido de los últimos 11 años de los que se tienen registros.

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Esto se traduce en fenómenos meteorológicos cada vez más extremos, como olas de calor, lluvias torrenciales y ciclones tropicales intensos. Además, influye en los incendios no controlados que pueden extenderse más rápidamente cuando el ambiente es más cálido.

Pero también incide en actividades más cotidianas y necesarias como trabajar, ejercitarse y dormir.

“El efecto negativo del calor persiste en todas las mediciones del sueño y es más fuerte durante los meses y días más calurosos, en poblaciones vulnerables y en las regiones más cálidas”, concluyó un estudio publicado en la revista científica Sleep Medicine, dirigida por la Sociedad Mundial del Sueño y la Asociación Internacional de Medicina del Sueño Pediátrico.

Ese estudio, publicado en junio de 2024, analizó 36 investigaciones que se han centrado en el calor y el sueño. Lo que encontraron es que el 81 % de los artículos y publicaciones concluyeron que las temperaturas más altas se asociaron con un sueño de peor calidad.

La razón, mencionan los autores, es que la exposición a temperaturas ambientales altas y bajas obligan al cuerpo a hacer un esfuerzo extra para regular su temperatura. Ese esfuerzo puede interferir con su funcionamiento normal y dificultar el periodo de descanso, ya que “el inicio del sueño está estrechamente relacionado con el descenso de la temperatura corporal central nocturna”, señalan los investigadores.

¿Qué pasa si no dormimos bien?

En Colombia, según datos de la Asociación Colombiana de Medicina del Sueño, los trastornos de sueño afectan a cerca del 59 % de la población, y más del 40 % recurre a medicación para descansar.

Esta situación se conoce como deficiencia de sueño, definida como sueño insuficiente que sería dormir menos de seis horas por noche; trastornos, que incluyen pesadillas, insomnio, apnea del sueño (cuando la respiración se detiene y reanuda repetidamente al dormir). Todo esto afecta negativamente la salud a lo largo de toda la vida, pues al igual que la nutrición y la actividad física, el descanso es también un pilar esencial de la salud.

“Cualquier alteración en los episodios de sueño puede afectar su calidad, lo que podría llevar a graves problemas de salud, incluyendo enfermedades respiratorias crónicas, trastornos de salud mental, trastornos musculoesqueléticos, cáncer e incluso la muerte”, menciona otro estudio sobre este tema, publicado en marzo del año pasado, en la revista Nature.

Diferentes investigaciones señalan que durante el periodo de descanso, el cuerpo se regenera y repara, a la vez que mejora su capacidad para mantener el equilibrio energético. También favorece una respuesta inmunitaria sana y equilibrada, es clave para la consolidación de la memoria, y para regular las emociones y maximizar el bienestar psicosocial.

Cuando no dormimos bien, ya sea por el calor, o por otros factores, todas esas funciones se pueden ver afectadas.

El artículo de Nature señala que por cada aumento de 10 °C en la temperatura ambiente, la probabilidad de insuficiencia de sueño aumenta un 20,1 %, mientras que la duración total del sueño disminuye 9,67 minutos. El sueño ligero disminuyó en 4,04 minutos, el profundo en 3,58 minutos y el momento en que tenemos sueños en 2,01 minutos.

Esto quiere decir que, si continúan aumentando las temperaturas, para finales de siglo la insuficiencia de sueño podría aumentar un 10,50 %, con una pérdida anual de 33,28 horas de sueño por persona. Esto será paulatino: para la década de 2030 la insuficiencia aumentarán entre un 2,93 % y un 3,05 %; para la década de 2060 será entre un 3,79 % y un 6,47 %; hasta llegar al 10,50 % en la década de 2090.

Los investigadores llegaron a esta conclusión luego de recopilar información diaria detallada sobre el sueño de más de 700.000 personas desde el año 2021 hasta 2023. De esa cantidad, se eligió aleatoriamente a 214.445 participantes de 336 ciudades de China para investigar las asociaciones entre la temperatura ambiente y la duración y composición del sueño.

Los principales afectados serían las personas mayores, mujeres, personas con obesidad y en entornos de alta humedad. Un estudio publicado en octubre de 2023, en la revista científica The Lancet, agrega un par más: “los grupos históricamente excluidos se ven afectados de manera desproporcionada por determinantes ambientales y sociales adversos de la salud, incluida la salud del sueño, tanto en países en desarrollo como desarrollados. Por ejemplo, las poblaciones raciales y étnicas minoritarias y aquellas con un estatus socioeconómico más bajo en los Estados Unidos tienen más probabilidades de sufrir deficiencia de sueño”.

Una situación que también afecta el bolsillo

Todo esto se traduce en un impacto económico. Ese mismo estudio publicado en The Lancet dice que los costos financieros que generaría están relacionados con los efectos negativos en la salud, el bienestar, la seguridad y la productividad. “Por lo tanto, los trastornos del sueño amenazan no solo la salud mundial, sino también el presupuesto nacional de salud de todos los países del mundo”, afirman los autores.

Un análisis de los costos de la falta de sueño en el año fiscal 2016-S2017 en Australia estimó un costo financiero total (atención médica, accidentes laborales y de tránsito…) de US$17.9 mil millones (que representa el 1.6% del producto interno bruto de ese país) y un costo no financiero (pérdida de calidad de vida y muerte prematura…) de US$27.3 mil millones.

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Otra estimación que tuvo en cuenta las economías de Canadá, Estados Unidos, Reino Unido, Alemania y Japón, mencionan los autores, dice que las pérdidas podrían ascender a 680 mil millones de dólares anuales.

“A pesar de la contundencia de las pruebas que demuestran la influencia crucial del sueño en todos los aspectos de la salud humana, la importancia de la salud del sueño sigue estando infravalorada a nivel mundial”.

Muestra de esto es que para hacer las estimaciones, los autores revisaron información de 194 estados miembros de la Organización Mundial de la Salud, pero solo 43 (22 %) habían recopilado y publicado datos sobre la duración del sueño a nivel poblacional.

El estudio de The Lancet deja varias recomendaciones. Entre estas está la necesidad de realizar campañas de pedagogía sobre el sueño, contar con mayores datos de cómo está durmiendo la población y, entre otras, desarrollar una política pública nacional.

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