7 Dec 2020 - 5:22 p. m.

Monitores de ruana y sombrero

En 2019 comenzó la red de monitoreo comunitario del clima de la alta montaña. Un pequeño grupo de campesinos empezaron a familiarizarse con términos e instrumentos como el pluviómetro o termohigrómetro, hoy en día ya son más de 20 y se encuentran distribuidos alrededor de las microcuencas de los ríos San Francisco, Chipatá, Chisacá y Guandoque.

BIBO

Todos somos científicos. Esta es, quizá, una de las frases que mejor resume el trabajo de monitoreo del clima hecho en la alta montaña por las familias campesinas que hacen parte del proyecto Adaptación al cambio climático en la alta montaña. La historia comenzó en abril de 2019 cuando un grupo de madres y padres de familia, una profesora y algunos miembros del equipo técnico viajaron a San Vicente de Chucurí, Santander, a conocer un proyecto adelantado por la Fundación Natura, donde campesinos de la región también hacían monitoreo.

Allá se vivió un intercambio de experiencias lleno de motivación y conocimiento, donde los anfitriones santandereanos brindaron a sus pares asesoría para comenzar con las mediciones, así como unos kits con herramientas. En el inicio eran seis personas de solo un área de trabajo. Ahora es una red que abarca las microcuencas de San Francisco, Chipatá, Chisacá y Guandoque. Solo en la primera hay diecisiete personas que monitorean, y en las otras entre cuatro y seis.

Los monitores se encargan de medir la precipitación, la temperatura y la humedad relativa. Cada uno toma sus datos todos los días a las 6:00 a.m. y a las 6:00 p.m., registran también las heladas. De hecho, en este momento se está diseñando la forma de calcular la intensidad de las heladas, ya que influyen variables como la vegetación y la restauración, pero también la topografía y la humedad de cada predio. Luego de tener los datos de todo el mes, estos se sistematizan, analizan y comparten la información.

El monitoreo comunitario del clima es una medida de adaptación al cambio climático complementaria a las otras iniciativas desarrolladas. Hace parte de lo que se conoce como ciencia comunitaria, una estrategia que une los saberes tradicionales de las comunidades campesinas con la información técnica o científica de los expertos, creando juntos hallazgos fundamentales para la toma de decisiones que permitan hacer frente a este fenómeno y a la vez mantener el bienestar de las comunidades.

El proceso de monitorear el clima no finaliza con el análisis de los datos recolectados. Una vez se tienen estos se llevan a cabo reuniones en las que se discute el proceso, las cifras y su comportamiento. Se grafica y también se expone en reuniones realizadas por nodos de cada microcuenca. Así mismo, ahora la información se comparte a través de audios y archivos que hacen parte del boletín del clima Nuestro Tiempo, una publicación que busca que las personas de la red de monitoreo y en general los habitantes de las veredas en la alta montaña, vayan conociendo lo que pasa con el clima en su territorio y tomen decisiones.

Ahora la comunidad tiene otras preguntas asociadas con los ríos, con la calidad del agua y con los vientos. Según Luisa Cusguen, coordinadora del componente hidrológico en el proyecto, gracias al proceso de monitoreo comunitario también se ha logrado que las personas de las diferentes cuencas adquieran habilidades comunicativas. «Ahora ellos entienden los datos, saben lo que significan, saben exponer una gráfica y comprenden su importancia a largo plazo. Hay muchas lecciones aprendidas, eso sin contar la manera tan juiciosa en que se organiza cada comunidad, cómo entienden cuáles son los roles dentro del proceso y cómo adquieren también papeles protagónicos dentro de esa distribución espacial. Son un capital humano muy valioso».

Laura Holguín, coordinadora de monitoreo comunitario, señala que uno de los más grandes beneficios de este proceso es el impacto positivo en las familias, cómo les ha ayudado a proteger sus cosechas y cómo se ha convertido en parte de su día a día. «Medir es un despertar de la gente a su entorno, despierta una sensibilidad importante para temas de conservación. Empiezan a entender la relación de una cosa y la otra: comprender cómo se relacionan los seres vivos y las características del ambiente, despierta una sensibilidad especial, que no es del todo intuitiva. Una vez empiezan a medir no paran y quieren saber cómo se llama todo lo que los rodea».

Gracias al monitoreo comunitario se ha generado una forma de relación con el entorno que permite mejores relaciones y la aplicación de medidas mucho más acertadas en sus territorios. «Uno de los monitores, que es papero, descubrió que tomar todos estos datos le permite predecir con un buen nivel de confianza si va a llover o no, y a partir de ahí toma decisiones sobre aplicar abonos o no, porque la lluvia activa esos elementos, entonces puede ahorrar dinero y muchas otras actividades empiezan a mejorar», menciona Laura.

Para la comunidad ser parte del grupo de monitores ha representado también un cambio en su discurso y un aprendizaje continuo. Entender por qué todas las fincas arrojan datos diferentes aunque estén tan cerca son algunos de los interrogantes que los llenan de curiosidad y motivan a seguir haciendo esta investigación. Se despierta en ellos ese interés científico que les permite seguir indagando y llegar a conclusiones que aportan en su cotidianidad. Sin embargo, se espera que los resultados más contundentes de este monitoreo se vean en un plazo de siete a diez años, es por eso que la ruta va direccionada a que la comunidad se apropie del proceso y continúe monitoreando el clima e inspirando a más familias a hacer parte de la red.

«Lo más lindo es que ellos están haciendo esto porque quieren adaptarse y hacer las cosas mejor, más bonitas. Porque no quieren salir desplazados algún día por una avalancha o una helada que les dañó todo el cultivo. Porque quieren que sus hijos y nietos continúen con esa cultura campesina», concluye Laura.

Más de 30 familias campesinas en las áreas rurales de los municipios de Guasca, Guatavita, Sesquilé y Tausa, y de la localidad de Usme de Bogotá, conforman la red de monitorio comunitario del clima en la alta montaña.

Las voces de los monitores

Laura Valenzuela y Alejandro del Real

Microcuenca: Chipatá

Municipio: Guasca

«Desde que somos monitores los días son más interesantes, nos hemos vuelto más observadores de diferentes cambios que antes no notábamos, siempre hay algo que aporta a los datos como la diferencia en las nubes y humedad en el suelo. Nosotros tomamos datos de temperatura y humedad relativa y para entender mejor, hacemos las gráficas que nos enseñaron. También tenemos una manga para medir la velocidad del viento, pero hasta ahora la estamos aprendiendo a interpretar. Creemos que esto nos aporta porque como somos relativamente nuevos en la zona, aprendemos a conocer mejor los cambios de clima, días mejores para siembra y para aplicar fertilizante en huertas exteriores. Además, esta es una herramienta que nos puede ayudar a leer el clima según eventos anteriores, también a prevenir pérdidas por inundación y heladas, a organizar el trabajo de la finca según invierno o verano, y a ver con claridad a través del tiempo, los efectos del cambio climático».

Patricia Rodríguez

Microcuenca: San Francisco

Municipio: Guatavita

«Desde que soy monitora he vivido una experiencia interesante, he integrado a familiares y a mujeres de la Asociación de Mujeres Emprendedoras de Guatavita (AMEG), yo monitoreo temperatura, precipitaciones y humedad, y todos los días registro, además a fin de mes analizo toda la información. Este monitoreo sirve para tomar decisiones acertadas acerca de nuestros cultivos y ganadería, con el tiempo vamos sabiendo cómo prepararnos y adaptarnos para tomar las medidas correctivas, finalmente también me parece que se crea un tejido social muy valioso».

Blanca Velandia

Microcuenca: San Francisco

Municipio: Sesquilé

«Ser monitora me ha servido para volverme más disciplinada ya que tengo la responsabilidad de registrar los datos de temperatura y de humedad de mi finca. Tener constancia es importante puesto que esta información nos permite tener la capacidad de analizar qué meses son buenos para sembrar, por ejemplo. Esto me ha servido mucho para conocer mi finca, saber cómo se comporta la tierra y más adelante calcular en comunidad y tomar mejores decisiones que nos van a permitir vivir en más armonía con nuestro entorno y protegerlo».

Carlos Julio Velandia

Microcuenca: San Francisco

Municipio: Sesquilé

«Como monitor tengo la responsabilidad de analizar unas variables del clima, mirar si hay mucha humedad, encharcamientos y así trabajar conforme lo que sepamos para poder dar buenos frutos en nuestra finca. Ser monitor me ha enseñado mucho, antes no sabíamos ni siquiera en qué temperatura estaba nuestra finca o cuál era la humedad, ya estamos comenzando a aprender más y a hacer porcentajes que nos van a ayudar. Este esfuerzo es importante a largo plazo porque ahí es cuando vamos a valorar lo que tenemos, vamos a saber cómo manejar mejor nuestros cultivos y dejar algo de mayor calidad a las futuras generaciones, hay que modernizarnos y aprovechar de lo que nos brinda el mundo, también para tener un mejor presente».

Luis Rodríguez

Microcuenca: Guandoque

Municipio: Tausa

«Al inicio no fue fácil, a medida que pasó el tiempo el monitoreo se convirtió en otra actividad cotidiana de la finca. En realidad, una de las más importantes para poder organizar y planificar las demás actividades referentes al proceso de propagación de especies nativas de alta montaña. Además de la medición de temperatura y humedad hago registro de eventos climáticos como heladas o granizadas. Los datos se analizan mediante la construcción de gráficas que me permiten interpretar la realidad climática en mi zona, para poder tener un direccionamiento de las actividades. Ser monitor me ha servido para generar alertas tempranas que me permiten anticiparme a los eventos climáticos extremos, así he logrado controlar y mitigar los impactos que en ocasiones me han generado pérdidas de material vegetal en el vivero, causándome grandes pérdidas económicas. Ya con ese conocimiento puedo prevenir y mejorar mi día a día en la finca».

Doris Gutiérrez

Microcuenca: Chisacá

Municipio: localidad de Usme, Bogotá

«Desde que soy monitora cambió mi horario. Tuve que adaptar mis actividades para poder hacer las anotaciones sobre la cantidad de lluvia, de humedad y de temperatura. Esto me ha servido para conocer mucho mejor los cambios del clima en de mi región. Pienso que tener esta información nos sirve para estar preparados para lo que sea que pase en un futuro relacionado con el clima».

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