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El sistema eléctrico colombiano opera con una paradoja implícita en su transición energética a Fuentes No Convencionales de Energía Renovable (FNCER): la generación solar alcanza su máximo alrededor del mediodía, cuando la radiación es más intensa; mientras la demanda nacional llega a su punto más alto en las primeras horas de la noche, cuando esa energía ya no está disponible.
La matriz de generación de electricidad ha cambiado, y si bien las hidroeléctricas con embalse siguen siendo la columna vertebral del sistema, según el Ministerio de Minas y Energía, la generación fotovoltaica ha llegado a cubrir en determinados momentos del día hasta el 75% de la demanda de la región Caribe, donde se concentra buena parte de la capacidad solar instalada.
Detrás de ese crecimiento, se hace necesario resolver dos condiciones técnicas: una es la variabilidad de las FNCER (que dependen del viento y la radiación solar del momento), y la otra es la capacidad de guardar electricidad. Tradicionalmente, la energía eléctrica debe consumirse luego de que se genera. Cada kilovatio solar que el sistema no logra absorber al mediodía se pierde, sin remedio, mientras la demanda de la noche debe cubrirse con otras fuentes.
En junio de este año el país dio un paso importante para cambiar esa condición: la Comisión de Regulación de Energía y Gas, CREG, expidió la Resolución 101 113 de 2026, que define por primera vez de manera integral las reglas para que los Sistemas de Almacenamiento de Energía con Baterías, SAEB, se conecten y operen en el sistema eléctrico nacional. En términos de mercado, es el momento en que el sector eléctrico colombiano estrena inventario.
El inventario que faltaba
Un SAEB es, en esencia, un conjunto de baterías de gran escala que se carga cuando hay energía abundante y más económica, y la entrega cuando el sistema la necesita. Su primera función es la más intuitiva: guardar el excedente solar del mediodía para entregarlo en la noche. Con suficiente almacenamiento, cada panel instalado en el Caribe, el Tolima o el Meta deja de ser una fuente disponible solo unas horas y se convierte en energía aprovechable durante el pico de demanda.
La segunda función es menos visible y quizás más valiosa. Las baterías responden en fracciones de segundo: pueden estabilizar la frecuencia de la red cuando una planta falla de forma imprevista, sostener el voltaje, aliviar líneas de transmisión congestionadas y hasta ayudar a reenergizar zonas del país después de un apagón, arrancando de manera autónoma cuando todo lo demás está apagado. La nueva regulación exige que los sistemas de mayor escala incorporen estas capacidades con tecnología de punta. El resultado es un sistema más confiable: menos interrupciones y menos energía renovable desperdiciada por limitaciones de la red.
Y hay un tercer efecto, propio de cualquier mercado que incorpora inventario. Cuando la energía de las horas de abundancia puede guardarse para las horas de escasez, se reduce la necesidad de despachar generación más costosa en los picos y los precios reflejan mejor el valor real de cada hora. La propia CREG lo señaló al expedir la norma: la operación de estos sistemas debe reflejarse en precios más eficientes en beneficio de los usuarios.
Lo que cambió en junio
La resolución abre tres puertas: las baterías podrán instalarse como refuerzos de la red de transmisión y distribución, allí donde el sistema tiene cuellos de botella; podrán integrarse a plantas de generación (una granja solar con baterías que guarda su propia producción para entregarla más tarde); y podrán operar como negocios independientes que compran energía cuando abunda y la venden cuando escasea, prestando además servicios de estabilidad a la red.
Colombia tuvo unas primeras reglas de almacenamiento en 2019, la Resolución CREG 098, bajo las cuales la Unidad de Planeación Minero-Energética, UPME, adjudicó un único proyecto: una batería de 50 MW en Barranquilla, concebida para aliviar las restricciones de red del Caribe. Esas reglas expiraron en diciembre de 2022 y, durante más de tres años, el país careció de un marco para desarrollar proyectos nuevos, justo en los años en que el almacenamiento se aceleró en el resto del mundo. Que la nueva regulación no sea transitoria es una buena señal para los inversionistas, aunque aún existan barreras por superar.
La Resolución es el resultado de un proceso de consulta pública entre agentes, universidades y desarrolladores, y hace parte de una política más amplia (el Decreto 393 de 2026 del Ministerio de Minas y Energía) que le fija al regulador la tarea de completar el marco para los Sistemas de Almacenamiento de Energía, SAE, en su conjunto. Las baterías son la primera pieza de ese encargo; opciones como el bombeo hidráulico o el hidrógeno, que guardan energía durante periodos más largos, se reglamentarán por separado.
El momento importa
Según el informe trimestral de XM, al 31 de marzo de 2026 la energía solar representaba el 8,7% de la capacidad del sistema interconectado, y los 55 proyectos de generación que entraron en operación durante ese trimestre fueron todos solares. Cada uno produce con el sol y, por lo tanto, sigue su horario.
De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (AIE) en 2025 se instalaron 108 gigavatios de baterías en el planeta, un 40% más que el año anterior y una cifra que supera el máximo histórico anual de capacidad a gas, alcanzado en 2002. Mientras en 2015 cerca del 40% de los proyectos nuevos a nivel global se destinaba a desplazar energía entre horas del día, en 2025 esa proporción superó el 90%; Chile instaló cerca de un gigavatio de baterías a escala de red durante ese mismo año.
Además, el sistema eléctrico colombiano se planeó durante décadas sobre un ciclo hidrológico de patrones reconocibles, y esa referencia se movió. El fenómeno de El Niño se instaló cerca de tres meses antes de lo previsto, según informó el Ministerio de Ambiente en junio. La variabilidad pasó a ser la condición ordinaria de operación, y planear sobre ella exige herramientas distintas a las que bastaban cuando el clima se comportaba dentro de rangos conocidos.
El inventario es, precisamente, la respuesta que toda industria encuentra frente a la incertidumbre. Cuando la oferta se vuelve menos previsible, la capacidad de guardar es lo que separa una operación estable de una expuesta. Vale precisar que guardar energía no es algo nuevo: los embalses guardan agua durante meses y constituyen, según los boletines de XM, cerca del 60% de la capacidad instalada. Las baterías operan en otra escala de tiempo (desplazan energía entre horas del mismo día y responden en fracciones de segundo), de modo que agua, sol y baterías atienden necesidades distintas del mismo sistema y el país las necesita funcionando de manera coordinada.
Lo que viene
Reconocer el avance permite señalar, con la misma franqueza, lo que sigue. La Resolución trae una etapa de implementación: XM dispone de plazos de hasta doce meses para ajustar los procedimientos de despacho y liquidación que permitirán a las baterías independientes operar comercialmente. Es un trabajo técnico considerable y su ejecución oportuna definirá qué tan rápido las reglas se convierten en proyectos.
La propia CREG ha descrito esta Resolución como un primer paso, y esa lectura es la correcta: definir cómo se valora la contribución del almacenamiento a la confiabilidad será determinante para que estos proyectos accedan a ingresos estables y financiación de largo plazo. La AIE plantea el asunto en los mismos términos para el conjunto de los mercados: entre los factores que marcan el ritmo de despliegue del almacenamiento en el mundo, destaca la certidumbre regulatoria y la necesidad de que las reglas reconozcan el valor completo de los servicios que esta tecnología presta.
Nada de esto le resta valor a lo logrado. Colombia cuenta hoy con reglas donde antes había un vacío, con una demanda creciente que exige soluciones y con una industria dispuesta a invertir. El sol del mediodía ya cubre una porción creciente del consumo regional; el paso que sigue es implementar las soluciones que nos permitan guardarlo para la noche como respaldo al sistema nacional.