El cambio climático no es solo una alerta. Está presente en la cotidianidad de millones de personas: cuando una lluvia imprevista destruye los cultivos, cuando el agua escasea incluso en zonas que no eran consideradas de riesgo o cuando simplemente el clima se vuelve impredecible. Estos cambios son la nueva normalidad.
Según las Naciones Unidas, cada año perdemos más de 10 millones de hectáreas de bosques por deforestación y otras 70 millones por incendios. Pero más allá de las cifras, lo que está en juego es la estabilidad de las comunidades, la disponibilidad del agua, la alimentación y la resiliencia de los territorios. Sin duda, un panorama retador donde, como en cualquier reto, reside la esperanza: podemos actuar y sabemos cómo hacerlo.
En Grupo Argos y sus empresas comprendimos que la naturaleza no es un recurso más, sino la base sobre la cual se ha establecido el desarrollo: más del 50% del PIB global depende directamente de los servicios ecosistémicos, según el Foro Económico Mundial. Cuidarlos, entonces, no es una opción reputacional y de filantropía, sino una condición para sostener la vida.
Desde la Fundación Grupo Argos, hemos asumido este reto como una oportunidad para aprender y servir. Nuestro trabajo se ha enfocado en proteger fuentes de agua, restaurar ecosistemas estratégicos y, sobre todo, fortalecer a las comunidades que viven en estos territorios.
Recientemente, dimos un nuevo paso en esta apuesta: una alianza con la organización internacional Terraformation para desarrollar un proyecto pionero en Colombia de restauración ecológica de especies nativas financiado a través de bonos de carbono.
Con esta iniciativa, con la que se están interviniendo 1.150 hectáreas de ecosistemas estratégicos en Antioquia a través de acuerdos de conservación, se espera generar créditos por 350.000 toneladas de CO2e y contribuir a la conectividad biológica generando también créditos de biodiversidad.
Además del impacto ambiental, el proyecto se enfoca en crear empleo rural verde, capacitar comunidades locales en viverismo y restauración ecológica, y generar nuevas fuentes de ingreso mediante la venta de créditos de carbono certificados en estándares internacionales. Se trata de un modelo que articula la ciencia, la tecnología y el conocimiento local para escalar soluciones basadas en la naturaleza, con una visión de largo plazo y con la posibilidad de ser replicado en otros territorios del país.
Una herramienta que complementa la acción en campo con una lógica de mercado, donde la conservación también se traduce en valor económico, bienestar y fortalecimiento del tejido social.
Como parte de nuestros esfuerzos y en medio de nuestro proceso para mitigar los efectos del cambio climático, hemos aprendido que no se avanza si no involucra de forma real a las personas que habitan el territorio. Por eso contamos con un programa de educación ambiental que integra la restauración ecológica con la educación ambiental y el fortalecimiento comunitario.
Porque más importante que sembrar árboles es sembrar capacidades. Y más transformador que intervenir un ecosistema es generar las condiciones para que ese ecosistema se cuide a sí mismo desde la cultura, el conocimiento local y la organización comunitaria.
Cada árbol —más de 22 millones sembrados hasta la fecha entre la Fundación Grupo Argos y Celsia, una empresa de Grupo Argos — es una decisión de futuro. Y cada alianza con comunidades rurales es una apuesta por la confianza, la autonomía y el desarrollo. De manera que no se trata solo de mitigar, sino de adaptarnos con inteligencia y visión de largo plazo para mejorar nuestras prácticas y construir alianzas duraderas con el mismo propósito: cuidar la vida.
Hoy, la macrocuenca Magdalena-Cauca (alimentada por los ríos Saldaña, Rioclaro y Cartama), que concentra el 77% de la población del país y conecta múltiples ecosistemas, representa tanto un desafío como una enorme oportunidad para nuestra Fundación y el país. Y los esfuerzos por conservarla se han convertido en un bonito laboratorio que nos está demostrando que desarrollo y conservación no son conceptos opuestos, sino que caminan de la mano.
En la Fundación Grupo Argos seguimos aprendiendo. Y ponemos ese aprendizaje al servicio de quienes quieran sumar: gobiernos, empresas, organizaciones sociales y comunidades. Porque este reto no tiene una sola solución, pero sí puede tener una respuesta colectiva.
Escuchar al planeta es también escucharnos entre nosotros. Compartir lo que funciona. Replicar lo que ya está dando frutos. Y, sobre todo, creer que aún estamos a tiempo de construir un futuro donde la naturaleza sea la mayor aliada del desarrollo.
*Directora ejecutiva de la Fundación Grupo Argos.