En un país megabiodiverso, la presencia de paisajes naturales se ha convertido en uno de los sellos distintivos de Colombia, y es uno de los atributos del medioambiente que caracterizan la vida de muchas comunidades colombianas asentadas en distintas partes del territorio; en donde los lazos con la naturaleza son, frecuentemente, más fuertes.
No obstante, la presencia e integridad de ciertos ecosistemas clave están en riesgo por los efectos del cambio climático que amenaza, en particular, a los bosques de manglares y tropicales del país.
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA, por sus siglas en inglés), se estima que más del 50 % de los manglares han desaparecido, y de estos, el 35 % se han perdido desde la mitad de los años ochenta; es decir, en los últimos cuarenta años.
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Por esta razón, el proyecto ‘Paisajes Sostenibles – Herencia Colombia’ viene trabajando en procesos de restauración de este ecosistema en el Paisaje Caribe Colombiano, donde se centra en involucrar a la población local en la búsqueda de alcanzar dinámicas integrales y sostenibles.
En Colombia este proyecto se desarrolla en dos paisajes: Caribe y Andes Centrales. El primero involucra a la Sierra Nevada y a la Ciénaga Grande de Santa Marta (CGSM); esta última reconocida internacionalmente como Sitio Ramsar por la Unesco, con una categoría que implica un manejo sostenible.
Para poner su importancia en perspectiva, de acuerdo con cifras oficiales, en el país existen una cobertura aproximada de 290.704 hectáreas de bosques de manglar, de las cuales 74.202 se encuentran en el Caribe, distribuidas en el río Atrato, Sinú, Canal del Dique y en el departamento del Magdalena. En este último, 21.106 hectáreas, de las más de 40 mil existentes, se encuentran en las áreas protegidas (Santuario de Fauna y Flora Ciénaga Grande de Santa Marta, vía Parque Isla de Salamanca y Tayrona).
A pesar del conocimiento técnico que aporta el programa, aún existen retos para consolidar la conservación de estos ecosistemas del país. Los coordinadores del proyecto aseguran que el intercambio entre las organizaciones locales, que en su mayoría están lideradas por mujeres y pescadores, ha sido clave en el éxito de los procesos de restauración y la búsqueda de nuevas formas de financiamiento para consolidar estos esfuerzos.
La necesidad de conservar, pero, ¿cómo hacerlo?
La conservación y la restauración de los ecosistemas se han convertido en los principales frentes de acción para enfrentar el cambio climático, por lo que en el 2019 la Asamblea de las Naciones Unidas declaró la Década de la Restauración 2021 -2030. Sin embargo, como relata Marcela Galvis, Coordinadora del proyecto ‘Paisajes Sostenibles - Herencia Colombia’, uno de los principales retos para concretarlo es saber cómo hacerlo en cada caso.
“Estamos implementando iniciativas de restauración que requieren mantenerse en el tiempo para consolidarse, esto requiere observación y atención sistemática, para aprender y documentar la experiencia y adaptar las acciones a un contexto cambiante, por fenómenos como el cambio climático”, explica Galvis. Esto a su vez requiere de fortalecer las capacidades de las comunidades locales a nivel técnico y organizativo para lo cual, desde el proyecto, se realizó un programa durante año y medio para el fortalecimiento de las organizaciones locales en monitoreo de manglar, formulación de proyectos de restauración, cartografía básica, entre otros.
La propuesta es generar, de la mano con las comunidades, un proceso adaptable, colaborativo e integrativo que permita un cambio transformador en los paisajes, en un proceso donde exista una visión compartida, un plan de trabajo y una alianza en torno al paisaje, que además de la restauración, incluya el fortalecimiento de las organizaciones sociales, la promoción de las iniciativas económicas locales y la posibilidad de acceso a mecanismos financieros que tengan en cuenta la sostenibilidad. Este propósito es liderado por el Invemar, en asocio con Parques Nacionales Naturales y las organizaciones locales de mujeres y pescadores, bajo la coordinación de la FAO y la financiación de la Unión Europea.
Un ejemplo de cómo estos elementos entran en confluencia es el piloto de restauración que se realiza en el Sitio Ramsar Ciénaga Grande de Santa Marta, dónde se ubica la Vía Parque Isla de Salamanca. Allí, los esfuerzos buscan la restauración, rehabilitación y regeneración natural de 30 hectáreas de manglar, a partir de la articulación del conocimiento técnico y local de las comunidades, que conocen las dinámicas y los cambios que han experimentado este ecosistema marino costero, junto con el saber académico desarrollado en el país.
“En puntos como este estamos aprendiendo realmente cómo funciona la restauración de manera efectiva y en cada uno de los territorios. En este proceso las comunidades locales son claves para proteger este tipo de ecosistemas estratégicos, que también son importantes para mitigar el cambio climático por su capacidad para captar y almacenar carbono, así como por su rol en la conservación de la vida marina, la soberanía alimentaria y los medios de vida de las comunidades”, explica Marcela Galvis.
Según el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras José Benito Vives de Andréis (Invemar), los manglares son ecosistemas altamente productivos que proveen servicios ecosistémicos de gran importancia para el bienestar humano, la seguridad alimentaria y la calidad de vida de las poblaciones aledañas, así mismo, aportan beneficios enfocados a la protección costera contra fenómenos naturales, mejoran la calidad del agua, capturan carbono y mitigan el cambio climático.
En otras palabras, de los manglares dependen varias especies de peces, moluscos y crustáceos; lo cual, es crucial en la economía local y en los medios de vida de las personas que viven cerca y que se benefician del ecosistema de manglar.
“El ecosistema de manglar, junto con otros, ha sufrido mucho por el deterioro generado por las actividades urbanas como la tala de árboles, la construcción de carreteras y la contaminación por residuos que generan la pérdida de cobertura de este tipo de ecosistemas y que a su vez afecta a las comunidades locales porque pierden sus recursos de subsistencia y la garantía para su seguridad alimentaria”, enfatiza Juan Felipe Lazarus, jefe de la línea de Rehabilitación de Ecosistemas Marinos y Costeros de Invemar.
“Lamentablemente, los tiempos humanos difieren de los tiempos de la naturaleza. Esto implica que el número de árboles sembrados o el número de hectáreas restauradas no necesariamente son indicadores de éxito, sino que se necesita de seguimiento, medidas de adaptación y monitoreo comunitario y científico para concretar en el tiempo un proyecto de restauración”, explica la coordinadora del proyecto. Este es uno de los retos a nivel nacional, el cual es compartido por las iniciativas de restauración en diferentes ecosistemas.
La solución con enfoque de género y ecoturismo
Para buscar la sostenibilidad de los procesos de restauración, el proyecto ‘Paisajes Sostenibles – Herencia Colombia’ propone impulsar modelos de conservación que incluyan la participación de las mujeres y el apoyo a los pescadores. De esta manera, se han llevado a cabo capacitaciones, y acciones con organizaciones lideradas por mujeres, para que estos esfuerzos sean a través de las lógicas del cuidado.
El Proyecto Paisajes Sostenibles partió identificando las principales organizaciones que han trabajado en procesos de restauración de manglar en la CGSM, encontrando que la mayoría de estas organizaciones son lideradas por mujeres y nacieron con el objetivo de conservar el ecosistema de manglar, sensibilizar y educar sobre este. Así mismo, se identificó que la mayoría de estas organizaciones son lideradas por mujeres y están conformadas por hombres pescadores, confluyendo objetivos dentro de las organizaciones tanto de uso, como de conservación, restauración y educación ambiental.
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“Los viveros locales han generado oportunidades de ingresos a las mujeres, en una sociedad donde los roles de género están muy diferenciados. Esto representa un avance en el camino, reconociendo el conocimiento de las mujeres y su aporte en las actividades de conservación y monitoreo diario”, resalta Galvis.
De igual forma, se han identificado organizaciones comunitarias que realizan actividades de turismo en zonas donde uno de los principales atractivos es el manglar y la fauna asociada a estos ecosistemas, como las aves, apoyando a su vez los esfuerzos de conservación de la CGSM. En este sentido, el proyecto también le ha apostado al fortalecimiento de capacidades técnicas y organizativas.
Por el momento, este tipo de esfuerzos busca consolidarse en otras zonas del país para lograr una conservación ligada a procesos más horizontales y que permitan conservar el paisaje tal y como los conocemos.