Publicidad

¿Plástico o paz? La fórmula que transforma “basura” en reconciliación

En Mesetas (Meta), víctimas y firmantes de paz trabajaron unidos para reciclar más de diez toneladas de plástico. Conoce la historia del proyecto ganador del Premio BIBO 2026 que demuestra que cuidar la naturaleza sana las heridas del conflicto.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
03 de septiembre de 2026 - 08:00 p. m.
Más de 20 personas de todas las edades participaron en la co-creación de un Mural Sonoro Comunitario.
Más de 20 personas de todas las edades participaron en la co-creación de un Mural Sonoro Comunitario.
Foto: Plastipaz
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

En las veredas de Mesetas, un municipio del Meta bañado por las aguas que nacen en el Páramo de Sumapaz y marcado por décadas de conflicto armado, ocurrió algo extraordinario: el plástico dejó de ser “basura” para convertirse en el hilo que cosió el corazón de una comunidad dividida.

Todos somos Plastipaz, una iniciativa comunitaria que une a campesinos, recicladores de oficio y firmantes del acuerdo de paz, acaba de ser galardonada con el Primer Lugar del Premio BIBO de El Espectador 2026 en la categoría de Procesos Comunitarios que Restauran la Paz con la Naturaleza. Un reconocimiento nacional que valida una verdad simple pero poderosa: la paz con la naturaleza es la ruta más efectiva para sanar las heridas del conflicto.

De las cenizas del conflicto al renacer del río Güejar

La historia comenzó tras la firma del Acuerdo de Paz en 2016, en el antiguo ETCR Mariana Páez. Pero fue en diciembre de 2023 cuando Plastipaz tomó su forma actual, bajo un modelo comunitario abierto que hoy es referente nacional.

“Nosotros creíamos que estábamos reciclando plástico. Pero con el tiempo nos dimos cuenta de una verdad: estábamos reciclando la esperanza. Estábamos sanando y cambiando la imagen que muchos tenían de nosotros y de nuestro territorio.”, relata Gustavo Mesa, líder campesino del proyecto.

Así nació la decisión de actuar. Con el apoyo de Trébola Organización Ecológica, que aportó más de 22 años de experiencia en educación ambiental y programas de posconsumo como RetroCD, la comunidad se ha ido organizando para enfrentar un reto común: la saturación de residuos plásticos generados por el auge del turismo emergente en la región.

Más de diez toneladas que cuentan una historia de reconciliación

Los números de Plastipaz son contundentes: entre diciembre de 2023 y mayo de 2026, la comunidad ha recuperado y reincorporado a la cadena productiva más de 10 toneladas de residuos aprovechables (vidrio, cartón, plástico, PET y metales). Pero detrás de cada kilogramo hay una historia de transformación humana.

En las veredas La Guajira, Buenavista, Nueva Esperanza, La Unión y Jardín de Peñas, víctimas del conflicto y firmantes de paz trabajan hombro a hombro en la recolección, separación en la fuente, acopio y transformación de materiales. Lo que antes era motivo de desconfianza y estigmatización, hoy es fuente de orgullo y dignidad económica.

“Nos demostramos que la paz no es solo un papel que se firma. La paz es ensuciarse las manos juntos para limpiar la casa. La paz es cuidar el agua, es que el niño de la vereda aprenda que la montaña y sus ríos son sagrados”, agrega el equipo coordinador.

Tecnología abierta y arte circular: innovación desde la comunidad

PlastiPAZ no es solo reciclaje. Es innovación tecnológica apropiada por la comunidad. Utilizando los planos de código abierto de la red Precious Plastic, los líderes comunitarios —incluyendo jóvenes, mujeres rurales y firmantes de paz— aprendieron a operar máquinas trituradoras e inyectoras portátiles para transformar tapas plásticas de polipropileno (PP) y polietileno de alta densidad (PEAD) en productos con valor agregado.

El resultado: souvenirs ecoturísticos (llaveros de fauna local, manillas e imanes de nevera) que hoy se venden a los visitantes, y botones para la industria textil desarrollados en alianza con la Corporación Latin Latas y la diseñadora Mónica Fonnegra. Dos unidades de negocio que demuestran que la bioeconomía puede ser viable financieramente y sostenible ambientalmente.

Pero la tecnología no lo es todo. El arte también juega un papel fundamental. En la Parroquia Inmaculada Concepción de Mesetas, más de 20 personas de todas las edades participaron en la co-creación de un mural sonoro comunitario, construido con instrumentos musicales elaborados a partir de residuos reciclados. Una obra que hoy es memoria viva del territorio y símbolo de que la cultura puede ser el mejor canal para la comunicación no violenta.

Un modelo replicable para los territorios PDET de Colombia

La arquitectura de Plastipaz fue diseñada bajo la filosofía de “código abierto” (open source bottom-up), lo que la hace altamente replicable. Su estructura multiactor —que articula al sector privado (Acoplásticos), agencias de cooperación (PNUD), un operador experto de la sociedad civil (Trébola) y las comunidades de base— puede instalarse en cualquier región del país.

De hecho, la replicabilidad ya no es una promesa: es una realidad. El modelo se está implementando exitosamente en Tasajera-Ciénaga (Magdalena), un territorio que comparte características críticas con Mesetas: cicatrices de violencia, vulnerabilidad social y ecosistemas estratégicos amenazados por un turismo emergente.

“Plastipaz es perfectamente exportable a cualquiera de los más de 170 municipios PDET del país que busquen en la economía circular una ruta de desarrollo económico y reconciliación comunitaria”, afirma el equipo del proyecto.

Lecciones aprendidas: la bioeconomía supera al romanticismo ecológico

Tras años de ejecución, Plastipaz ha dejado lecciones claras:

  • La paz social y la restauración ambiental son indivisibles: No se puede sanar un ecosistema si la comunidad está fracturada.
  • La bioeconomía supera al romanticismo ecológico: “Aprendimos que la voluntad comunitaria se agota si no hay viabilidad financiera. El proyecto solo logró consolidarse cuando el plástico dejó de verse como “basura” y se transformó en un activo económico. La generación de ingresos dignos es el propósito y verdadero motor que garantiza la sostenibilidad”.
  • El arte es el mejor canal para la comunicación no violenta: es mucho más eficiente y profundo transformar los hábitos y desarmar los prejuicios sociales arraigados utilizando los canales de la cultura (como la creación colectiva del Mural Sonoro y el Himno de Plastipaz) que a través de discursos técnicos o modelos tradicionales, de ahí la importancia de las metodologías disruptivas y experienciales.

Un premio que no es trofeo, sino compromiso

El primer lugar del Premio BIBO 2026 no es el final del camino para Plastipaz. Es un trampolín. Un reconocimiento que visibiliza ante Colombia que, desde una semilla, puede emerger un bosque cuando se cuida, cuando hay constancia. Que la paz se construye ensuciándose las manos juntos para limpiar la casa. Que cuidar el agua, el suelo y la fauna no es solo preservar la vida silvestre, sino garantizar el desarrollo económico de las familias.

Mesetas (Meta) lo está demostrando: el plástico que antes dividía, hoy nos une. La naturaleza que antes ignorábamos, hoy nos restaura. Y la paz, esa paz tan anhelada, hoy se siembra con las manos en la tierra.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.