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Comienza el día. Es la hora del desayuno y con seguridad alguno de los productos que se van a servir viene empacado en plástico. Tal vez es el pan tajado o la leche con sus bolsas. Pero si se logró tener una mañana libre de este material, tal vez llegue en forma de pitillo a la hora del almuerzo, en una botella PET con una gaseosa en la tarde, o como empaque de icopor en un domicilio nocturno. Por eso, el segundo fascículo de la serie que publica la campaña BIBO aborda el problema del plástico y cuáles son sus consecuencias.
Los lectores entenderán que la dimensión de este reto sobrepasa los límites geográficos y se necesitan decisiones globales para evitar que su uso injustificado siga afectando la naturaleza. La cifras y ejemplos que se comparten en esta nueva salida, demuestran que no se trata de unos cuántos peces o aves afectados, sino de un impacto que pone en jaque los ecosistemas marinos, y, por consiguiente, la comida que de allí extraemos y sirve como sustento a miles de personas alrededor del mundo, y también en Colombia.
(Encuentre aquí el primer fascículo: Una herramienta para entender el cambio climático)
Pero también hay espacio para la esperanza. Escobas elaboradas con botellas plásticas color ámbar y máquinas que recuperan el plástico para enseñar a las comunidades su potencial de aprovechamiento, buscan inspirar la acción de quienes lean este fascículo. Orasi Montenegro con su iniciativa Mangle, mi huella verde, en Magdalena, y Sergio Pardo desde la comunidad de Ladrilleros, en el Valle del Cauca, demuestran con sus historias que también hay formas de crear procesos valiosos frente a la contaminación.
En la última página se publican una serie de acciones para que cada persona pueda elegir cuáles va a hacer en el corto, mediano y largo plazo. De esta forma, se reduce la dimensión del cambio, promoviendo un compromiso más serio y duradero. En este caso, las acciones individuales son uno de los motores clave para transformar el sistema productivo. Si no pedimos pitillos al tomar una bebida, si evitamos el papel film al guardar comida en la nevera y si llevamos nuestra propia bolsa, es hora de perseverar y subir la apuesta. Comprar productos elaborados con plástico recuperado y vincularse a iniciativas como la limpieza de playas, son otras formas en las que convertir la preocupación en una acción con impacto.