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Premio Bibo: los proyectos que están transformando la forma de cuidar la naturaleza

La campaña ambiental de El Espectador eligió a los ocho proyectos ganadores de 2026. Iniciativas de Córdoba, Meta, Boyacá y Chocó fueron galardonadas en el Premio Bibo.

Redacción BIBO

27 de agosto de 2026 - 09:28 a. m.
Ganadores Premio Bibo 2026.
Foto: Archivo

En distintas regiones de Colombia, comunidades, empresas e instituciones educativas están encontrando nuevas formas de proteger la biodiversidad mientras generan oportunidades para quienes habitan los territorios. Ocho de estas iniciativas fueron recientemente reconocidas por el Premio BIBO, de la campaña ambiental de El Espectador.

Algunas se centran en el turismo de naturaleza, otras en la economía circular, la restauración de ecosistemas y la educación ambiental para convertir desafíos ambientales en proyectos con impactos sociales y económicos.

Una reserva de biodiversidad

En Tierralta, Córdoba, la Sociedad Ornitológica del departamento (SOC) impulsó en 2024 la creación de la Reserva Natural La Cristalina, un modelo de conservación participativa en el Alto Sinú, que articula la protección de la biodiversidad con el bienestar de las comunidades rurales. La reserva protege 272 hectáreas de bosque húmedo tropical a través de procesos de educación ambiental, jornadas de intercambio de conocimientos y la vinculación de los habitantes en actividades de investigación, monitoreo y conservación.

Según la SOC, la decisión de consolidar la primera Reserva Natural de la Sociedad Civil del Alto Sinú “respondió al alto valor ecológico del territorio, que alberga una riqueza biológica excepcional”. Una muestra de ello es que allí está el único sitio de reproducción continua conocido en Colombia para el águila crestada (Morphnus guianensis), una especie prioritaria para la conservación.

De la mano con otras organizaciones como la Fundación Alianza Natural – Proyecto Grandes Rapaces de Colombia, se han encargado de monitorear un nido reproductivo en La Cristalina, aportando información clave sobre la ecología y reproducción del águila crestada para orientar las estrategias de manejo y conservación del área protegida.

Además, la iniciativa ha permitido registrar 1.079 especies de flora y fauna. Entre ellas se encuentran 33 especies endémicas, 32 casi endémicas y 34 especies categorizadas en algún grado de amenaza de la UICN. Al mismo tiempo, fortalece las capacidades locales mediante la formación de guías comunitarios y promueve la participación de las comunidades en la protección del territorio.

Reserva Natural La Cristalina, en Córdoba.
Foto: Cortesía

Restauración y reconciliación

Con la firma del Acuerdo de Paz (en 2016), nació un proyecto de restauración ecológica que entiende que recuperar la naturaleza es inviable sin la restauración previa del tejido social. Se trata de Plastiplaz, una iniciativa que une a firmantes del Acuerdo de Paz, comunidades campesinas víctimas del conflicto y recicladores alrededor de un propósito común: gestionar los residuos sólidos y proteger la biodiversidad.

El proyecto se desarrolla en Mesetas, Meta, un territorio con una inmensa riqueza natural pero altamente golpeado por el conflicto armado, que enfrenta un nuevo desafío socioambiental: la saturación de residuos plásticos generados por el auge del turismo emergente, poniendo en riesgo la biodiversidad de la cuenca del río Ariari.

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Esta apuesta ha permitido reducir estigmas, fortalecer la confianza comunitaria y convertir a los habitantes en protagonistas de la conservación, al reconocer que el cuidado del agua, el suelo y la fauna también es fundamental para consolidar un turismo regenerativo y nuevas oportunidades económicas.

En el proyecto participan Trébola Organización Ecológica, encargada de la gestión de recursos, el codiseño pedagógico, y el acompañamiento estratégico permanente en terreno, Acoplásticos, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y empresarios del sector.

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Aves para conservar

En Mapiripán, Meta, un territorio marcado durante décadas por el conflicto armado, la deforestación y la falta de oportunidades, nació en mayo de 2024 Lagunas Adventure. Este proyecto busca demostrar que la conservación de la naturaleza también puede convertirse en una alternativa de desarrollo para las comunidades, a través del turismo de naturaleza.

La iniciativa protege y restaura 500 hectáreas del complejo lagunar de la Reserva Natural Matabambú, ubicada en la zona de transición entre la Orinoquía y la Amazonía. En dos años de operación han logrado generar empleo local para guías, personal de logística y alimentación; posicionar a la reserva como un lugar estratégico para los amantes de las aves y para fotógrafos de naturaleza.

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Esto lo hacen a través del avistamiento de aves, el senderismo y las experiencias gastronómicas, actividades que fortalecen la cadena de valor turística local y generan empleo e ingresos alternativos a actividades como la deforestación o la caza. Al mismo tiempo, Lagunas Adventure promueve la investigación, la participación comunitaria y la protección de la biodiversidad.

Arena que transforma

Transformar una botella de vidrio en arena reciclada para su uso en infraestructura sostenible fue uno de los propósitos que impulsó la creación de Arena que Transforma, una iniciativa de economía circular impulsada por la Industria Licorera de Caldas (ILC), desde 2024.

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El proyecto busca cerrar el ciclo del vidrio posconsumo mediante su reincorporación a procesos industriales y su aprovechamiento local, en 68 municipios de 17 departamentos de Colombia, con un enfoque especial en San Andrés, Providencia y Santa Catalina, donde las dificultades logísticas hacían que estos residuos terminaran enterrados en zonas costeras.

A través de Arena Transforma se evita la extracción de arena natural de ecosistemas vulnerables y, en su lugar, se utiliza arena obtenida a partir de vidrio posconsumo para la creación de diferentes productos. Además, emplean este material reciclado para desarrollar soluciones basadas en la naturaleza, como soportes para la restauración de corales, que han permitido la regeneración activa de arrecifes en el Caribe colombiano. Como resultado, en 2025 se evidenciaron eventos de reproducción natural (desove), de los cuales se obtuvieron 110 nuevos corales que actualmente se desarrollan en viveros especializados, fortaleciendo la biodiversidad y la resiliencia de los ecosistemas marinos en el archipiélago.

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Proyecto Arena que transforma.
Foto: Cortesía

Una segunda oportunidad para los residuos

En Paipa, Boyacá, la empresa de servicios públicos Red Vital también le apuesta a convertir los residuos de la comunidad en nuevas oportunidades para el territorio. Bajo un modelo de economía circular, la iniciativa recupera residuos orgánicos y cartón para transformarlos en abono orgánico mineralizado y mobiliario sostenible, reduciendo la cantidad de desechos que llegan a los rellenos sanitarios y generando valor ambiental, social y económico.

El proyecto integra a la comunidad, colaboradores y aliados en la gestión responsable de los residuos, al tiempo que fortalece la educación ambiental. Los residuos orgánicos son aprovechados para producir abono, mientras que el cartón reciclado se transforma en mobiliario como alternativa de bajo impacto frente a materiales convencionales.

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“Hoy existen piezas de mobiliario elaboradas con láminas de cartón reciclado que se encuentran en viviendas y espacios comunitarios, demostrando que esta alternativa es viable y funcional. Sin embargo, más allá de los objetos construidos, el mayor logro ha sido el fortalecimiento de capacidades locales: actualmente hay personas que saben diseñar y construir con cartón, que comprenden su potencial y que incluso pueden transmitir estos conocimientos a otros”, afirma la empresa.

Ecosistemas costeros como aulas de clase

En Bahía Solano, Chocó, la Institución Educativa Luis López de Mesa decidió cambiar las clases en los salones convencionales para hacerlas en los ecosistemas marino-costeros que la rodean y así fortalecer las competencias científicas, pedagógicas y socioculturales de la comunidad educativa. Su proyecto integra saberes locales y conocimiento científico para aumentar prácticas de aprovechamiento sostenible de los recursos del territorio.

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El proyecto surgió ante el deterioro del manglar de Ciudad Mutis, afectado por la intervención humana, la contaminación por residuos sólidos y la pérdida de su funcionalidad ecológica. Frente a esta situación, la institución convirtió la conservación en una herramienta pedagógica para fortalecer las competencias científicas y ambientales de estudiantes y docentes. Para esto, entre otras cosas, conforman grupos de investigación escolar que identifican y analizan situaciones problemáticas de los manglares, playas y arrecifes.

La iniciativa articula a la comunidad educativa con organizaciones ambientales, instituciones públicas, comunidades pesqueras y universidades, entre ellas MarViva, Fundación Natura, Parque Nacional Natural Utría, la Corporación Ambiental de Chocó y la Universidad Católica del Norte de Chile. Esta red aporta conocimientos, investigación y acompañamiento territorial, y permite que estudiantes y comunidades participen activamente en acciones de restauración, educación ambiental y protección de la biodiversidad.

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La Institución Educativa Luis López de Mesa fue una de las ganadores del Premio Bibo 2026.
Foto: Archivo

De la universidad al territorio

En 2024, la Universidad Jorge Tadeo Lozano y la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) pusieron en marcha la Escuela del Agua y Cambio Climático, una iniciativa para fortalecer las capacidades de las comunidades frente a los desafíos ambientales y climáticos de sus territorios. El programa tiene cobertura en los 98 municipios de Cundinamarca y seis de Boyacá que hacen parte de la jurisdicción de la CAR.

A través de cursos cortos sobre cambio climático, ambiente y manejo de recursos naturales, la escuela brinda herramientas para que los habitantes comprendan y respondan a las problemáticas socioambientales de sus municipios. Los participantes también trabajan en grupos multidisciplinarios para identificar necesidades locales y formular proyectos que planteen soluciones.

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El programa articula a estudiantes, docentes y expertos nacionales e internacionales, combinando formación académica con trabajo práctico en territorio. Los estudiantes tienen un papel activo al identificar problemáticas y liderar la formulación de propuestas. Así, la iniciativa busca que el conocimiento adquirido se traduzca en proyectos y capacidades que permanezcan en las comunidades y contribuyan al desarrollo sostenible de la región.

Proyecto Escuela del Agua y Cambio Climático.
Foto: Cortesía

Arte para conservar

A través de la música, el teatro, la pintura, la realización audiovisual y otras expresiones artísticas, Sinfonía Trópico ha recorrido el país durante once años para acercar a jóvenes, artistas y científicos alrededor de una pregunta: ¿cómo contar y proteger la biodiversidad de una manera que conecte con las comunidades? La respuesta la han construido en los territorios, mediante encuentros y procesos creativos que convierten las problemáticas ambientales locales en obras, relatos y experiencias colectivas.

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Su trabajo se ha desarrollado en las cinco regiones del país, especialmente en zonas afectadas por conflictos socioambientales, donde jóvenes, artistas y científicos crean murales, composiciones musicales, exposiciones, festivales y narrativas sonoras que incorporan tanto el conocimiento científico como los saberes de cada territorio.

El proyecto ha buscado fortalecer el sentido de pertenencia de los jóvenes hacia sus territorios, visibilizar su riqueza natural y cultural y generar nuevas narrativas sobre su conservación. Así, el arte se convierte en una herramienta para abrir conversaciones sobre conflictos socioambientales, promover la acción colectiva y aportar a la construcción de paz y a la protección de la biodiversidad.

Sinfonía Trópico, proyecto ganador de la categoría 4 del Premio BIBO 2026.
Foto: Archivo
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