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Reforestar la cultura es cuidar la vida: esperanza encarnada contra el algoritmo

Sinfonía Trópico cree que hay que abordar la educación ambiental desde las soluciones y no desde el fatalismo que solo conlleva desconexión y resentimiento.

Mural Cuerpo de Agua.
Foto: Colectivo Atempo - Colectivo Atempo

El arte urbano y las artes escénicas como el teatro, la danza y la música han sido desde el principio una firma característica de nuestro trabajo con los jóvenes. La realización de un mural en un punto visible del lugar por el que la gente pasa implica actividades previas como escogerlo con el aliado y la comunidad, trabajar en talleres previos para la realización del boceto, juntar a los chicos y chicas con otros miembros de la comunidad para pintar.

En este sentido se han realizado los Murales de la Diversidad en cada población de nuestro recorrido. Estos se componen de la palabra DIVERSIDAD con la representación de distintas especies de fauna y flora de la región, como un homenaje o tributo a la riqueza natural que, aunque bajo amenaza, conforma la identidad cultural de las personas. El diseño se realiza por los artistas del Colectivo Atempo en conjunto con los jóvenes del territorio y la acción de pintar los murales suele terminar siendo una especie de festival comunitario.

A diferencia de lo material y duradero de los murales, el performance artístico es efímero. Un performance artístico es una forma de arte en la que el artista utiliza su propio cuerpo, el tiempo y un espacio para transmitir una idea, emoción o mensaje en vivo frente a un público. El resultado no es un objeto; lo que queda de la acción suele ser un registro fotográfico o de video; lo inmaterial queda en las personas, en cómo haya impactado la acción y la experiencia vivida. Un ejemplo de acción memorable que ya forma parte de nuestra historia fue el performance 18.992 árboles talados hoy en el Guaviare, realizado, durante 16 horas, el 14 de mayo en 2015 en San José del Guaviare por dicho colectivo. Aunque fueron cuatro artistas los que realizaron la acción, también la comunidad participó de esta acción que bajó a un plano más real la cifra abstracta de árboles talados diariamente.

Teniendo en cuenta estas dos prácticas artísticas que han caracterizado nuestro trabajo, hoy devolvemos la mirada y la atención a 2019, a Mitú (Vaupés), entre los meses de agosto y noviembre, apenas unas semanas antes de que una nueva realidad invadiera nuestra cotidianidad y expusiera la vulnerabilidad de mucho de lo que hasta entonces dábamos por sentado. En años anteriores habíamos estado en la Amazonia, en territorios fronterizos entre biomas, donde las llanuras se convierten en selva, como San José del Guaviare (Guaviare), en el 2015, donde, con el apoyo del Instituto SINCHI se trabajaron aspectos relacionados con la deforestación, la presión que ejerce la frontera agrícola sobre la selva; también trabajamos junto con ACNUR en el piedemonte andino-amazónico Florencia (Caquetá), en el año 2016, donde se realizó un trabajo con la población del Barrio La Gloria directamente afectada por el conflicto, con el objetivo de fortalecer la identidad cultural a través de la riqueza biodiversa de la región.

En el 2019 surgió la oportunidad de trabajar en Mitú, un lugar con problemáticas socioambientales distintas que apeló al trabajo bajo un formato más alargado en el tiempo ya que nos dio la oportunidad de permanecer en el territorio durante cuatro meses. Mitú fue el primer lugar en el que abordamos problemas ambientales en relación con los retos que afrontan las culturas ancestrales de los pueblos originarios del territorio. La(s) cultura(s) amazónica(s) y el cuidado ambiental son un binomio clave para entender y buscar respuestas a la crisis climática. La separación entre ser humano y naturaleza no existe, ya que ambos son interdependientes y se tiene reciprocidad. A pesar de esto, el pensamiento y modo de vida occidental entra en conflicto con la cultura local, desdibujando las prioridades y los intereses. Nuestro paso por ahí fue una celebración de la unión original entre el ser humano y los recursos naturales que nos permiten vivir.

Han pasado siete años y una pandemia de por medio, pero este trabajo todavía es parte de la memoria de los implicados. Los hechos que sucedieron y las personas con las que trabajamos están registrados: para celebrar la riqueza cultural y natural de Mitú se apoyaron dos procesos creativos dirigidos a jóvenes y maestros en formación en Mitú y alrededores de las etnias Cubeo, Bará, Piratapuyo, Desano, Tatuyo, Guanano, entre otras. Estos dos procesos fueron liderados por el antropólogo Bayron Orrego (Cuerpos de Agua) y por el bailarín y pedagogo Andrés Pineda (Cuerpos Reforestados), ambos docentes en Mitú. Contamos con invitados especiales que nutrieron y complementaron las discusiones y los aprendizajes, facilitando la realización de un trabajo interdisciplinario rico en experiencias y lenguajes. Estos fueron Luis Fernando Jaramillo (SINCHI), Miliciades Borrero (historiador de Mitú), Cecilia Uribe (sabedora de la comunidad La Libertad de la etnia Siriana), Enrique Llanos (sabedor cubeo), Mateo Pérez (fotógrafo), Fernando Pertuz (artista), y los artistas del Colectivo Atempo. Se crearon tres murales, una exposición de fotografía análoga, performances, experiencias gastronómicas, danza e investigación creativa y participativa en un entorno de reflexión sobre la selva, el agua, la reforestación cultural para restaurar el territorio, la diversidad y la riqueza sociocultural.

Mural de la Diversidad en Mitú
Foto: Colectivo Atempo

Lo que ha quedado visible son dos de los tres murales pero, en la parte inmaterial, más de trescientas personas fueron parte de los performances realizados. Uno fue Cuerpos de Agua (a cargo de Bayron) después de un proceso de investigación y creación en torno a la relación Cuerpo – Agua – Vida. El segundo, Cuerpos Reforestados (a cargo de Andrés Pineda), que operó bajo el lema "Si reforestamos la cultura, conservamos el bosque”. Todo este trabajo colectivo está documentado en nuestro sitio web. Todavía resulta estremecedor ver a tanta gente unida por una causa común.

Esta vista atrás no trata de volver a narrar lo que pasó; después de hacer un poco de recuento y memoria, el objetivo de esta pieza es traer la voz de algunas de las personas con las que trabajamos, siete años después de que esto sucediera. ¿Qué lugar guarda esta experiencia en su recuerdo? ¿Qué impacto tuvo? ¿Qué hacen hoy en día?

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Primero hablamos con Tomasito Neira Villa (28 años), o Towas CD, como también se le conoce. Tomasito es artista plástico, fotógrafo y cineasta; en el pasado ha participado en el 45º Salón Nacional de Artistas. Él fue uno de los coordinadores de los procesos para la realización de los murales y performances. Actualmente vive en Manizales donde estudia Diseño Visual. Tomasito menciona que el trabajo con los artistas del Colectivo Atempo le permitió tomar conciencia de lo que se puede lograr con el arte y de que sí puede ser un proyecto de vida. Él daba por hecho los humedales que están invadidos por el tejido urbano hasta que se empezó a hablar de la conservación y entendió que él también es un agente del cuidado de la naturaleza. Como artista plástico quizá trabaja con formatos algo ajenos a las tradiciones del lugar que le vio crecer pero la historia y la cultura visual amazónica son visibles y se entremezclan con elementos globales provenientes de otras culturas.

Bayron Orrego, 44 años, nacido en Manizales pero residente en Mitú, es antropólogo y lidera Nueva Generación Multicultural (NUGEM), organización que trabaja con jóvenes de distintas etnias, estudiantes de la Escuela Normal Superior Indígena María Reina, dedicada a una educación que une la cultura tradicional con los retos regionales modernos. Gracias a su enfoque ha logrado unir ciencia, arte y medioambiente en el territorio. Con el trabajo que se realizó en Cuerpos de Agua se puso en evidencia la importancia de los humedales y cómo estos se han degradado por la invasión urbana. La acción de recoger la basura y apilarla en la plaza visibiliza el estado y el descuido de la comunidad hacia su propio cuerpo, el de agua, del que también son parte. Como Tomasito, Bayron reconoce que el apoyo local está ausente y habla de la importancia que han tenido los estímulos del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes para la continuidad de su trabajo. Nosotros llegamos a apoyar lo que él ya estaba haciendo y hoy en día y contracorriente, sigue trabajando por el lugar que lo adoptó, en el que ha formado su familia. Como resultado de los procesos realizados en conjunto, escribió el artículo académico Arte como curación. Ritualidad y equilibrio ecológico en el noroeste Amazónico que espera ver la luz próximamente.

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Andrés Pineda vive hoy día en una vereda en Granada, Cundinamarca y es docente de artes escénicas en el colegio Luis Enríquez del municipio de Soacha. El proceso Cuerpos reforestados inició con quince adolescentes y resultó en un performance llamado el Retorno del güio, con el cual se partió del mito originario del río Vaupés para hablar de la reforestación de la cultura y de la recuperación de la Maloka IPANORÉ, la cual fue incendiada a manos de criminales en el 2016. Andrés es bailarín, actor, dramaturgo, gestor cultural y pedagogo. Para él fue importante el hecho de que la motivación de los jóvenes que estuvieron implicados fue la necesidad de habitar su territorio, de reforestar la cultura. Resalta el aspecto completo de la propuesta que fue espiritual, territorial, memoria, cuerpo, experiencias individuales y colectivas y el ejercicio de reflexionar.

Desde la vereda que hoy habita, sigue dedicado a trabajar por hacer del mundo un mejor lugar para estar, tal como expresó en su momento en el 2019. Teniendo en cuenta lo que sucedió un par de meses después de cerrar nuestro trabajo allí y entendiendo la espiral de negatividad en la que nos despertamos diariamente, alimentada por el voraz algoritmo, es importante dar voz a estos puntos de vista que nos conectan con uno de los principios fundacionales de SINFONÍA TRÓPICO: abordar la educación ambiental desde las soluciones y no desde el fatalismo que solo conlleva desconexión y resentimiento. En este caso mirar atrás nos regala el impulso de seguir día a día en sintonía con la misma misión de Andrés.

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