Colombia ofrece infinidad de opciones a la hora de hacer turismo de naturaleza. Una de ellas son estas reservas creadas por personas y organizaciones que han apostado por la conservación de sus territorios
En el país y en el mundo, el turismo de naturaleza se ha vuelto tendencia. Miles de personas todos los años buscan tener unos días de descanso alejados de las ciudades y el tráfico y, para ello, optan por destinos naturales que, además, sean espacios de conservación y le apuesten a la sostenibilidad de las comunidades locales. Colombia ofrece diversas opciones para realizar este tipo de turismo, una de ellas son las Reservas Naturales de la Sociedad Civil.
Desde los años setenta, muchos colombianos han decidido conservar la biodiversidad y los ecosistemas presentes en sus propios predios, consolidando reservas privadas. Sin embargo, hasta 1993 surgieron las Reservas Naturales de la Sociedad Civil como una figura de protección privada oficialmente reconocida.
Actualmente, hay 993 inscritas al Registro Único de Áreas Protegidas y a ellas se suman otras que no han realizado este procedimiento, pero que, en la práctica, llevan a cabo actividades de conservación. Hasta el momento, a través de las Reservas Naturales de la Sociedad Civil, alrededor de mil colombianos han podido preservar parte de la biodiversidad del país en aproximadamente 220,205 hectáreas.
Estos espacios juegan un papel clave en la conservación a escala local y regional, especialmente, de aquellos ecosistemas que no están suficientemente representados en el Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Asimismo, son claves para la conservación de espacios naturales degradados y fragmentados.
Muchas de estas reservas están abiertas al público, otras se dedican a proyectos productivos o simplemente están para el disfrute de sus dueños. Aquellas con oferta de ecoturismo prometen experiencias únicas a sus visitantes, desde avistamiento de aves hasta caminatas ecológicas y cabalgatas al son de la música llanera.
Aquí destacamos algunas que, por su belleza y contribuciones al cuidado de la naturaleza, son paradas obligatorias cuando se viaja por Colombia. Visitar las Reservas Naturales de la Sociedad Civil no es solo una oportunidad para conectarse con la naturaleza, también permite conocer de cerca la importante labor de conservación que llevan a cabo y apoyarlas en esta misión.
Río Ñambí, la reserva de los colibríes
Esta reserva de 1.400 hectáreas no es solo un lugar soñado para los visitantes, también es un sitio ideal para la investigación científica. Ubicada en el corregimiento de Altaquer, en el municipio de Barbacoas, Nariño, la reserva alberga aves migratorias y cientos de especies, muchas de ellas endémicas (es decir, solo se encuentran en esa zona). Las que más llaman la atención son las 29 especies de colibríes que son objeto de observación de visitantes apasionados por el avistamiento de aves. Además, Río Nambí ofrece experiencias de senderismo.
La reserva hace parte de un grupo de seis reservas indígenas y campesinas en el Piedemonte Pacífico, en la frontera con Ecuador. Todas conforman un circuito turístico que incluye diversos ecosistemas, desde el bosque montano y de niebla, hasta el bosque húmedo de tierras bajas.
Río Ñambí surgió de una coincidencia. En los años 90, un grupo de ornitólogos de la Universidad de Cambridge estaban buscando un sitio en la región para hacer investigación. A ellos se unió un grupo ecológico estudiantil del corregimiento de Altaquer que se ofreció a acompañarlos y a ayudarles a buscar el lugar ideal para la labor. Mauricio Flórez, uno de los estudiantes, convenció a su tío para que les dejara trabajar en su finca, llamada Río Ñambí.
Mauricio cuenta que los investigadores estaban anonadados con la riqueza natural del lugar, por ello, les hicieron una gran propuesta. “Nos preguntaron: si nos conseguimos los recursos, ¿ustedes estarían dispuestos a hacerse cargo de la conservación de este lugar? Nosotros, por supuesto, dijimos que sí”, cuenta.
De esa manera, el grupo de extranjeros lideró una campaña de crowdfunding y, tres meses más tarde, contactó a la comunidad de Altaquer para confirmar que había conseguido el dinero necesario para comprar la finca. En 1993, Mauricio asumió la dirección de la reserva a través de la Fundación Ecológica de los Colibríes de Altaquer.
Un mar de montañas en Merenberg
Actualmente, es reconocida por ser una de las primeras reservas naturales privadas de Colombia. Allí habitan más de 2.000 especies de flora y fauna, entre ellas 303 de aves. Merenberg, el nombre de la reserva, significa ‘un mar de montañas’. Esta fue la manera como Karl Kohlsdorf y Elfriede Oertel, una pareja de alemanes, llamaron al terreno que adquirieron en el Macizo colombiano hace más de 90 años.
Con los años, ellos y sus hijos entendieron que su propósito en ese lugar era la conservación de las riquezas naturales que, en zonas aledañas a la propiedad, estaban amenazadas por actividades como la caza y la tala. En algunos escritos que dejó Elfriede se puede entender mejor la biodiversidad que ella y su esposo intentaban defender: una selva virgen en la que se podían ver especies como dantas, zorros y monos aulladores, y escuchar el llamado del puma.
Actualmente, se puede visitar la reserva para avistar cóndores, visitar el páramo de Guanaco, recorrer los termales de San Juan, cabalgar por los bosques y quebradas y realizar caminatas ecológicas. Este paraíso natural está ubicado en la vertiente oriental de la cordillera Central de los Andes, a 50 km al oeste del municipio de La Plata (Huila), sobre la carretera que conduce desde Neiva (Huila) hasta Popayán (Cauca).
Merenberg está dentro del corredor que conecta dos áreas protegidas: el Parque Nacional Natural Cueva de los Guácharos y el Parque Nacional Natural Puracé. Su cercanía a los bosques andinoamazónicos explica en buena medida esa diversidad compuesta por cusumbos, guaguas y armadillos, además de decenas de especies de flora como roble blanco, cedro rosado, pino colombiano y diferentes tipos de palmas.
Vivir un ‘safari llanero’ en El Encanto de Guanapalo
Ubicada en el municipio de San Luis de Palenque, Casanare, la reserva se encuentra a 110 km de Yopal. Allí sus dueños, la familia Zambrano, se han dedicado durante tres generaciones a promover la conservación de la riqueza natural y de la cultura llanera. En las 9 mil hectáreas que abarca la reserva se encuentran ecosistemas emblemáticos de la región, entre ellos, los bosques de galería y las sabanas inundables.
La reserva está conformada por tres hatos típicos, es decir, tres fincas ganaderas, donde por décadas jóvenes llaneros han aprendido prácticas y costumbres ancestrales de su territorio, como los cantos de vaquería. También allí los visitantes se pueden hospedar, realizar avistamiento de aves y vida silvestre, participar en noches de mitos y leyendas, escuchar cantos de vaquería y realizar recorridos en curiara (balsa) o bicicleta.
Otro de sus grandes atractivos es, lo que ellos llaman, ‘el safari llanero’. Este consiste en un recorrido a caballo por la sabana en el que es posible avistar chigüiros, venados, babillas, caballos salvajes, osos palmeros, monos aulladores, entre muchas otras especies. En El Encanto de Guanapalo, en honor a su nombre, también se llevan a cabo fiestas llaneras que encantan a los visitantes por medio del folclor y el joropo, además, ofrecen platos típicos con la mejor sazón de la región.