Agentes de la Dirección de Carabineros y Protección Ambiental realizaron la llamada “Operación Galápagos” en Buenaventura, Valle del Cauca, donde, según detallaron las autoridades, lograron afectar una estructura criminal dedicada a la explotación ilícita de recursos hidrobiológicos. Durante el operativo fueron ejecutadas seis órdenes de captura contra presuntos integrantes de la red, señalada de extraer ilegalmente más de 1.000 tiburones de distintas especies del Santuario de Fauna y Flora Malpelo, entre ellas tiburón martillo y tiburón zorro.
Hay que recordar que el Santuario de Fauna y Flora Malpelo está ubicado en el océano Pacífico colombiano, a unos 500 kilómetros de la costa de Buenaventura. Se trata de una de las áreas marinas protegidas más importantes del país y de toda la región, reconocida por su enorme biodiversidad y por ser refugio de numerosas especies marinas. La zona es rica en tiburones, rayas, peces pelágicos y otras especies migratorias que utilizan sus aguas como corredor natural. Debido a su importancia ecológica, Malpelo cuenta con distintas figuras de protección ambiental y hace parte del Patrimonio Natural de la Humanidad de la UNESCO desde 2006.
Según explicó en un video difundido a la prensa el brigadier general Carlos Germán Oviedo Lamprea, director de Carabineros y Protección Ambiental, la investigación permitió establecer que los capturados ingresaban ilegalmente a áreas marinas protegidas para capturar tiburones, que posteriormente eran mutilados para extraer sus aletas. Estas eran comercializadas en el mercado clandestino transnacional por valores superiores a los 200.000 dólares.
De acuerdo con las autoridades, la organización criminal coordinaba toda la cadena ilegal, desde la extracción de los ejemplares y su acopio hasta el procesamiento y transporte. Para ello utilizaba rutas marítimas que atravesaban países de Centroamérica, con destino final en mercados asiáticos, donde las aletas de tiburón alcanzan altos precios debido a su demanda.
Esto va más allá del delito ambiental. Según WWF, los tiburones desempeñan un papel fundamental en la salud de los océanos, ya que ayudan a mantener el equilibrio de los ecosistemas marinos al regular las poblaciones de otras especies y contribuir al funcionamiento de las cadenas alimentarias. Sin embargo, la organización advierte que la sobrepesca y el tráfico ilegal están provocando una disminución acelerada de sus poblaciones en todo el mundo.
De hecho, de acuerdo con datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el número de especies de tiburones y rayas amenazadas se ha duplicado desde 2014, mientras que las catalogadas como “en peligro” o “en peligro crítico” se han más que triplicado. Se estima, por ejemplo, que cada año son capturados alrededor de 100 millones de tiburones, principalmente por su carne y sus aletas, una práctica que ha llevado a que cerca del 30 % de las más de 1.200 especies conocidas se encuentren actualmente en riesgo de extinción.
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