El calor de las profundidades oceánicas se acerca a la Antártida y preocupa a científicos

Un estudio revela que aguas profundas más cálidas se están acercando al continente, un cambio que podría desestabilizar las plataformas de hielo y acelerar el aumento del nivel del mar.

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28 de abril de 2026 - 08:04 p. m.
Mar de Bellinghausen, Antártida, fotografiado a bordo del buque de investigación R/V Falkor (también) en 2025. /Laura Cimoli, Universidad de Cambridge.
Mar de Bellinghausen, Antártida, fotografiado a bordo del buque de investigación R/V Falkor (también) en 2025. /Laura Cimoli, Universidad de Cambridge.
Foto: Laura Cimoli, Universidad de Cambridge.
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Investigadores de la Universidad de Cambridge han revelado este martes, en un estudio publicado en Nature, la que dicen es la primera evidencia de que el calor de las profundidades oceánicas se ha acercado a la Antártida, amenazando las frágiles plataformas de hielo que bordean el llamado continente “blanco”. El estudio analiza un proceso del océano alrededor de la Antártida que tiene efectos en el clima global. Los científicos lo conocen como afloramiento de aguas profundas cálidas, que, en palabras mucho más simples, se refiere a corrientes que traen agua relativamente más caliente desde las profundidades hacia zonas cercanas al continente.

Estas aguas no solo transportan calor, sino también nutrientes y carbono, se puede leer en la investigación. Para entender qué está pasando, los investigadores analizaron datos recolectados durante años por barcos, midiendo características del agua como temperatura y composición química. Con esa información lograron identificar distintos “tipos” o masas de agua y ver cómo han cambiado con el tiempo. Luego, usaron modelos de inteligencia artificial para ampliar ese análisis a más datos y construir una especie de mapa mensual desde 2004.

El resultado principal es que hay más agua cálida acumulándose cerca de la Antártida, especialmente a profundidades de hasta 2.000 metros. Esa agua cálida se está desplazando lentamente hacia el polo, avanzando en promedio un poco más de un kilómetro por año. “Es preocupante, porque esta agua caliente puede filtrarse por debajo de las plataformas de hielo antárticas, derritiéndolas desde abajo y desestabilizándolas”, afirmó Joshua Lanham, autor principal del estudio en Cambridge Earth Sciences. En conjunto, concluye el estudio, “estos cambios sugieren un mayor flujo de calor hacia la plataforma antártica, con implicaciones para el derretimiento basal de las plataformas de hielo y el aumento del nivel del mar”.

Los científicos explican que las plataformas de hielo desempeñan un papel importante al contener las capas de hielo y los glaciares del interior de la Antártida, que en conjunto retienen suficiente agua dulce como para elevar el nivel del mar en unos 58 metros. “Antes, las capas de hielo estaban protegidas por una masa de agua fría que impedía su derretimiento. Ahora parece que la circulación oceánica ha cambiado, ¡y es como si alguien hubiera abierto el grifo del agua caliente y ahora el agua se estuviera calentando!”, dijo la profesora Sarah Purkey, una de las autoras principales del estudio de la Institución Scripps de Oceanografía.

Se plantean varias posibles explicaciones para este fenómeno. Una de ellas es que esté relacionada con cambios en la formación de aguas profundas muy frías, que parecen estar disminuyendo. Si esas aguas frías se forman menos, dejan espacio para que las aguas más cálidas avancen. Otra posibilidad es que los cambios en los vientos del Océano Austral estén empujando estas masas de agua hacia el polo, alterando la circulación oceánica a gran escala.

El nivel de mar no sería lo único afectado con estos cambios. “El océano Austral desempeña un papel fundamental en la regulación del calor global y el almacenamiento de carbono, por lo que los cambios en la distribución del calor en esta región tienen implicaciones más amplias para el sistema climático global”, dijo Ali Mashayek, uno de los autores principales del estudio de la Facultad de Ciencias de la Tierra de Cambridge. Mashayek explica que el Océano Austral, que rodea la Antártida, cumple una función clave en el clima del planeta. Actúa como una especie de regulador: absorbe grandes cantidades de calor y también captura carbono de la atmósfera.

El agua en la superficie se enfría tanto que se vuelve más densa y se hunde hacia las profundidades del océano. Al hacerlo, “arrastra” consigo calor, carbono y nutrientes. Este movimiento forma parte de una gran red de corrientes oceánicas que conectan distintos puntos del planeta. Una de las más importantes es la Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico (AMOC), que transporta agua, y con ella energía, a lo largo del Atlántico. Sin embargo, los modelos climáticos indican que este sistema podría debilitarse. En el Atlántico Norte, el aumento de la temperatura del aire y el aporte de agua dulce por el deshielo están dificultando la formación de esa agua fría y densa. Cuando hay más agua dulce, el agua superficial es menos densa y le cuesta más hundirse. Si se frena, se debilita la circulación que depende de él.

Algo similar podría estar comenzando a ocurrir en el Océano Austral. “Ahora podemos ver que este escenario ya se está manifestando en las observaciones”, dijo Lanham. “No se trata solo de un posible escenario futuro sugerido por los modelos; es algo que está sucediendo ahora mismo, con implicaciones más amplias sobre cómo el carbono, los nutrientes y el calor circulan por el océano global”.

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