Los animales tienen diferentes formas de comunicarse con los de su misma especie, un comportamiento que hace parte fundamental de su supervivencia. Las aves, por ejemplo, usan sus cantos para buscar pareja, alertar sobre la presencia de peligros o para ubicar a otros individuos.
En las ballenas, su sistema de comunicación también es fundamental para buscar alimento, encontrarse con su grupo o ubicarse en el lugar del océano en el que se encuentran. Algunas especies incluso lo utilizan para coordinar las rutas por las cuales van a desplazarse y sus estrategias de caza.
Pero, en algunas zonas del océano en las que el ambiente está altamente intervenido por la presencia humana, estos sistemas de comunicación podrían estar teniendo problemas. Un estudio, publicado recientemente en el Journal of Experimental Biology, analizó la forma en la que el ruido generado por las embarcaciones está afectando el ambiente en el que vive una especie de ballena.
Se trata de las ballenas piloto de aleta larga (Globicephala melas), una especie catalogada en peligro crítico de extinción por la Unión para la Conservación de la Naturaleza. Los científicos analizaron uno de sus hábitats clave entre el mar Mediterráneo y el océano Atlántico: el estrecho de Gibraltar.
Allí, por la reunión de embarcaciones de carga, transporte de personas, turismo y otras actividades, el ruido en el ambiente está acaparado por los motores, y no por los animales. Bajo el agua, en donde las ballenas piloto se sumergen hasta 1.000 metros para buscar alimento, esto podría ocasionar problemas.
Los científicos instalaron equipos de monitoreo en 18 individuos que viven allí, para estudiar sus diferentes tipos de canto y el impacto que el ruido ambiental podría tener en su comunicación. Los datos fueron recopilados entre 2012 y 2015, registrando más de 1.300 vocalizaciones de estos animales.
Lo que pudieron observar es que estas ballenas tienen cuatro tipos de canto: uno de alta frecuencia, otro de baja frecuencia, y dos más que combinan sonidos de alta y baja frecuencia. Estas vocalizaciones, como en otras especies, son claves en la búsqueda de alimento y la reagrupación de la manada luego de sumergirse por varios minutos.
Al analizar lo que ocurre cuando aumenta el ruido en el estrecho de Gibraltar, los científicos notaron que los cantos de las ballenas tienen variaciones de hasta 0,5 decibeles. Es decir, vocalizan más fuerte para evitar la interferencia que genera el ruido de las embarcaciones.
A pesar de esto, hay varias cosas que preocupan a los investigadores. Por una parte, algunos de los cantos de las ballenas piloto ya están cerca de su máxima capacidad para emitir sonidos de altas o bajas frecuencias. Es decir, no tienen margen para elevarlo. Estos sonidos, además, cumplen algunas de las funciones más importantes, como el reagrupamiento.
Los sistemas de comunicación de las ballenas piloto, sin embargo, no han sido estudiados en profundidad. Este vacío, aseguran los autores, impide tener certeza sobre los impactos que está teniendo el ruido de las embarcaciones en sus dinámicas de vida.
Algunas hipótesis que plantean en el estudio sugieren que el ruido cambia algunas dinámicas de relacionamiento entre las ballenas. Por ejemplo, que les tome más tiempo encontrar a su grupo, o que decidan recorrer distancias más cortas para evitar las dificultades para ubicarse.
Al tratarse de una especie en peligro de extinción y de una población reducida, pues se estima que quedan poco más de 200 individuos en el estrecho de Gibraltar, los científicos hacen un llamado a que se hagan más investigaciones para establecer los impactos y, de ser necesario, tomar medidas para reducir el ruido que generan las embarcaciones en el hábitat de las ballenas piloto.
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