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Que muchos delfines comunes (Delphinus delphis) queden varados al mismo tiempo es un fenómeno poco frecuente en el Atlántico sudoccidental, y sus causas todavía no están completamente claras. Aunque hay algunas hipótesis (que incluyen enfermedades o infecciones dentro de los grupos sociales y desorientación sensorial), las causas específicas a menudo siguen sin estar claras.
Una nueva investigación publicada en la revista científica Royal Society proporciona la primera evidencia que vincula los varamientos masivos repetidos de estos delfines en el norte de la Patagonia argentina con la presencia de las orcas (Orcinus orca). Para los investigadores autores, el estudio respalda la idea de “la evasión de depredadores como mecanismo clave” de los varamientos. En palabras sencillas, que al intentar huir de las orcas, los delfines pueden estar quedando varados.
Los investigadores registraron dos eventos de varamiento masivo de D. delphis en la Bahía de San Antonio, Río Negro, provincia de Argentina. En 2021, murieron 52 delfines; 38 de ellos fueron recuperados para una necropsia completa, que reveló un buen estado físico y ninguna evidencia de enfermedad, traumatismo o interacción antropogénica. En 2023, alrededor de 570 delfines quedaron varados; todos fueron devueltos al mar, sin que se encontraran cadáveres en los días posteriores. En ambos eventos, los delfines exhibieron movimientos atípicos hacia la costa, alta cohesión y desorientación poco antes de que se avistaran las orcas.
El estudio propone entonces que las orcas no son la causa directa y única del varamiento, pero sí pueden ser el detonante clave que desencadena toda la cadena de eventos. Se trata de depredadores tope y, en esta región, se alimentan ocasionalmente de delfines. Cuando aparecen, los delfines comunes activan respuestas de emergencia: nadan más rápido, se agrupan y cambian de dirección de forma abrupta. El problema es que estas respuestas no siempre son “ordenadas”.
En lugar de huir hacia mar abierto, pueden dirigirse hacia la costa, donde creen que están más seguros. Hay varios comportamientos típicos de evasión que describen los autores. Buscar aguas poco profundas, donde las orcas tienen menos ventaja; permanecer más tiempo sumergidos y mostrar menos el cuerpo para no ser detectados; y reducir movimientos o incluso esconderse cerca de barcos.
Al huir, los delfines pueden terminar en áreas con bancos de arena y fuertes variaciones de marea. Si coincide con la bajamar, el nivel del agua disminuye y las rutas de escape se reducen. A esto se suma el estrés del momento, que puede afectar su orientación y dificultar que encuentren la salida hacia aguas profundas.
Su comportamiento social juega un papel. Los delfines son animales altamente cohesionados y tienden a mantenerse juntos incluso en situaciones de peligro. Por eso, una reacción inicial de parte del grupo puede propagarse rápidamente al resto. Lo que empieza como una maniobra de escape puede escalar hasta involucrar a cientos de individuos, aumentando la probabilidad de un varamiento masivo.
El estudio sugiere que algunas orcas en la región tienen experiencia cazando en zonas costeras y aprovechando la geografía a su favor. Esto abre la posibilidad de que no solo persigan a los delfines, sino que los empujen hacia áreas donde tienen menos opciones de escape. Los autores creen que la evidencia apunta a que la presencia de orcas desencadena una respuesta de evasión que, bajo ciertas condiciones ambientales y sociales, puede terminar en un varamiento masivo.
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