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La riqueza que Colombia no está protegiendo bien: los peces de agua dulce

Un equipo de investigadores analizó, por primera vez, qué tanto se superponen las áreas protegidas del país con la distribución de las especies de peces de agua dulce, una gran riqueza de Colombia. Los científicos detectaron que hay algunas cosas que no estamos haciendo bien.

César Giraldo Zuluaga

01 de junio de 2026 - 06:05 a. m.
Vista aérea de la Depresión Momposina, donde está un tramo del río Magdalena.
Foto: Cortesía Camilo Montes

Al ecólogo Jaime Ricardo García todavía le genera sorpresa que, pese a que el país tiene un sólido sistema para ver los mapas de distribución de distintos tipos de animales, como los mamíferos y las aves, entre otros, aún no suceda lo mismo con los peces. Sobre todo porque, con 1.727 especies, según la última lista de estos animales, Colombia es uno de los países más ricos de la región cuando hablamos de especies de peces de agua dulce.

Para hacerse una idea, de todas las especies de estos peces que se han descrito en el Neotrópico (una región que abarca el sur de América del Norte, casi toda Centroamérica y buena parte de Sudamérica), el 26 % han sido halladas en Colombia. Por eso, nuestro país es reconocido por los científicos como “un punto crítico de biodiversidad de agua dulce”.

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Esta falta de información, continúa Thomas Tomiczek, colega de García en el Instituto Leibniz de Ecología de Agua Dulce y Pesca Continental (IGB, por sus siglas en alemán), tiene, como mínimo, un problema: no permite saber si las áreas protegidas establecidas en el país (una de las principales medidas para conservar la biodiversidad) están ayudando a conservar las especies de peces de agua dulce.

A ojos de García y Tomiczek, y otros colegas del IGB con los que publicaron recientemente un estudio al respecto, esto es particularmente crítico si se tiene en cuenta que, a nivel mundial, las poblaciones de agua dulce disminuyen más rápido en comparación con las poblaciones terrestres o marinas.

Por esta razón, los investigadores del instituto alemán adelantaron un estudio para calcular la distribución de 1.313 especies de peces de agua dulce del país e intentar contestar una pregunta: ¿qué tanto están sirviendo las áreas protegidas del país para conservar a estas especies?

Tomiczek, autor principal de la investigación publicada hace poco en la revista Diversity and Distributions, señala que, según los hallazgos del equipo, la respuesta apunta a que “no se alinean muy bien”.

Biodiversidad poco cubierta

Lo primero que hizo el equipo liderado por Tomiczek fue hacer modelos de distribución de las 1.313 especies de peces. Para ello, explica el biólogo alemán, tomaron en cuenta los lugares donde se ha registrado la presencia de esas especies (238.278 registros, para ser precisos) y, con base en factores ambientales como la hidrología de una zona y su temperatura, entre otros, proyectar los hábitats potenciales de esas especies.

Como en el mundo real el conocimiento de los patrones de distribución de las especies suele ser incompleto, los modelos de distribución de especies (SDM, por sus siglas en inglés) son una alternativa para estimar cuál es el área que habitan diferentes especies. En este caso, los peces de agua dulce.

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Luego de tener los modelos de distribución para las más de 1.300 especies, los investigadores procedieron a estimar unas áreas prioritarias que cubrieran al menos el 30 % del hábitat potencialmente adecuado de cada especie. Ese 30 %, señala Tomiczek, “debería estar, en la medida de lo posible, conectado entre sí y no encontrarse en lugares con un gran impacto humano”.

“Y aquí es donde surgió la superposición”, agrega Tomiczek. El equipo procedió a comparar esas áreas potencialmente prioritarias con las áreas protegidas existentes. “Descubrimos —señalan los investigadores— que solo el 25,2 % de las áreas prioritarias recientemente delimitadas, que abarcan el 30 % de los 1.313 hábitats individuales adecuados para peces, se superponen con las áreas protegidas en el área de estudio”. Esto, concluyen los científicos, “subraya una importante brecha en la protección actual de los peces de agua dulce”.

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Dicho de otra manera, anotan en la conclusión del documento, “la biodiversidad de peces de agua dulce está actualmente poco cubierta por las áreas protegidas existentes en Colombia”.

Aunque Tomiczek reconoce que, por tratarse de un estudio inicial, no ahondaron en las diferencias regionales que pueden presentarse en el país, asegura que un siguiente paso puede ser el análisis regional o, incluso, por grupos de peces o por nivel de vulnerabilidad. Pese a esto, los autores del estudio hacen un llamado a otorgar un estatus de protección a la cuenca alta del río Orinoco, pues con 964 especies “es tan rica como el tramo colombiano del Amazonas, pero alberga un mayor número de peces endémicos”. Un caso similar representa el caso de las cuencas Magdalena-Cauca y Pacífico-Chocó.

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Por otra parte, los científicos solo identificaron una cuenca fluvial con un alto grado de superposición: el río Bita. Con 824.500 hectáreas de cuenca y 598 kilómetros de recorrido, este sitio Ramsar declarado en 2018 se superpuso en un 72 % frente a las áreas prioritarias delimitadas por el equipo del IGB.

Una de las sorpresas que se llevaron los investigadores es que la cantidad de área requerida para proteger a los peces de agua dulce del país es cercana a la que ya cubren las áreas protegidas. Sin embargo, advierte García, PhD en biogeografía de la Universidad de Bonn (Alemania), el objetivo del estudio no es decir “tienen que establecer nuevas áreas protegidas”.

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El ecólogo colombiano sabe que establecer áreas protegidas es un proceso complejo y que varias de las que ya existen “sufren problemas presupuestarios, de gestión y de seguridad”. Por eso, los investigadores apuntan a que la solución puede pasar por implementar diferentes estrategias de conservación. Aunque creen que podrían adelantarse procesos para declarar nuevas áreas nacionales protegidas, destacan que las reservas locales también podrían jugar un papel clave.

Uno de los ejemplos más claros de esto último está relacionado con las Áreas Importantes para la Conservación de las Aves y la Biodiversidad (AICAS), una red global de sitios críticos para la conservación de las aves, de las cuales ya hay más de 120 en el país. Por eso, el ecólogo sueña que el trabajo que él y su equipo acaban de desarrollar pueda dar paso a que instituciones locales y oenegés creen las Áreas Importantes para los Peces y la Biodiversidad.

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