La NASA, la agencia espacial estadounidense, divulgó una serie de imágenes que muestran el deshielo del que era el iceberg más grande del mundo.
Conocido como A23a, el iceberg de alrededor de cuatro mil kilómetros cuadrados se separó de la costa antártica en 1986, pero se asentó en 2020 en el mar de Weddell, pasando a ser una isla de hielo. Luego, como contamos en esta nota, en enero de 2025 generó preocupación en la comunidad científica al desplazarse lentamente desde la Antártida en una posible trayectoria de colisión contra Georgia del Sur, un sitio fundamental para la reproducción de la fauna salvaje. Dicho evento no se materializó.
“Incluso para los estándares antárticos, el A-23A ha tenido un largo y sinuoso viaje lleno de capítulos inesperados que han mejorado la comprensión de los científicos sobre los ‘megabergs’ que ocasionalmente se liberan en el océano austral. Después de permanecer encallado en las aguas poco profundas del mar de Weddell durante más de 30 años, el A-23A se liberó en 2020 y pasó varios meses en un vórtice oceánico giratorio llamado columna de Taylor", precisó la NASA a través de un comunicado.
“Finalmente, se alejó girando y se dirigió hacia el norte, casi chocando con la isla Georgia del Sur y quedando atrapado en aguas poco profundas durante varios meses antes de escapar al océano abierto, donde se ha ido desintegrando rápidamente a lo largo de 2025“, añadió la agencia.
En las nuevas fotografías, tomadas entre el 26 y 27 de diciembre por el satélite Terra de la NASA, se ve cómo en el iceberg se han empezado a formar charcos de agua azul rodeados por gruesos bordes de hielo blanco. Según investigadores de la NASA, este sería el principio del final de A23a.
Según explicó Ted Scambos, investigador científico sénior de la Universidad de Colorado en Boulder, en un comunicado de la NASA, “las zonas azules son probablemente el resultado de procesos de desintegración continuos. El peso del agua acumulada en las grietas del hielo hace que estas se abran”.
Según los investigadores de la NASA, es poco probable que el iceberg sobreviva el próximo verano austral, que va desde diciembre a marzo.
“Estoy increíblemente agradecido de que hayamos contado con los recursos satelitales que nos han permitido seguirlo y documentar su evolución tan de cerca”, indicó, en un comunicado, Chris Shuman, investigador de la NASA. “El A-23A corre la misma suerte que otros icebergs antárticos, pero su trayectoria ha sido notablemente larga y llena de acontecimientos. Es difícil creer que no vaya a estar con nosotros mucho más tiempo”.
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