
Una orca en Baja California Sur, en México.
Foto: Meghan Dhaliwal
En las aguas turquesas de La Ventana, una tranquila localidad costera de la península de Baja California, Claudio Ríos, de 41 años, manejaba la radio de un barco pesquero. Era finales de marzo. Sus ojos oteaban el horizonte, una mano suelta sobre el timón mientras el mar de Cortés se mecía bajo él.
“Huele a orcas”, dijo: acre y aceitoso.
Esperó a que una aleta dorsal surcara las olas. A que los capitanes hablaran por radio. A que los motores de los barcos zumbaran al unísono. De momento, nada.
Los turistas se sentaban en los botes cercanos, con...
Por Alexa Robles-Gil / The New York Times
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