Minar las profundidades del océano pero ¿a qué costo ambiental?

Las tecnologías renovables necesitan una gran cantidad de minerales críticos. El lecho marino podría proporcionar estas riquezas. ¿Qué está juego?

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Natasha Gilbert / Knowable en Español
14 de abril de 2026 - 08:28 p. m.
Durante más de una década, la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, que controla la minería en zonas fuera de las jurisdicciones nacionales, ha estado elaborando un código minero para regular la extracción de recursos del fondo marino, pero sus Estados miembros aún no se han puesto de acuerdo sobre las normas.
Durante más de una década, la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, que controla la minería en zonas fuera de las jurisdicciones nacionales, ha estado elaborando un código minero para regular la extracción de recursos del fondo marino, pero sus Estados miembros aún no se han puesto de acuerdo sobre las normas.
Foto: Greenpeace
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

A más de 4.000 metros bajo la superficie del océano Pacífico, una máquina de más de 70 toneladas avanzaba como un tanque oruga a lo largo de unos 160 metros —aspirando nódulos de roca del tamaño de una papa repletos de cobre, manganeso, cobalto y níquel—. Era 2022, y esa prueba piloto de una cosechadora submarina realizada por una empresa canadiense, The Metals Company, se declaró un éxito.

La empresa está trabajando para obtener luz verde para desplegar máquinas similares con fines de recolección comercial en un área de 65.000 kilómetros cuadrados, con el fin de extraer más de 600 millones de toneladas métricas de nódulos.

Lo invitamos a leer: Minambiente acepta la eutanasia en hipopótamos e inicia una carrera contra el tiempo.

Hay riquezas en el fondo del océano: depósitos redondeados formados por capas densamente compactadas de minerales críticos que durante mucho tiempo han estado fuera de nuestro alcance. Pero ya no. Las actividades de The Metals Company forman parte de 31 iniciativas de empresas, gobiernos y empresas estatales —entre ellas China, India y la República de Nauru, una pequeña nación insular en el suroeste del océano Pacífico— para recolectar nódulos con fines de análisis y para probar equipos de minería.

Estos yacimientos sin explotar, que han permanecido intactos durante millones de años, están en el punto de mira de estos países y empresas a medida que el mundo avanza hacia un funcionamiento sostenible ante el cambio climático. Un cambio a gran escala hacia la energía limpia podría cuadruplicar la demanda de metales críticos y elementos de tierras raras, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), una organización con sede en París que ofrece asesoramiento y análisis sobre política energética. Y existe un fuerte desacuerdo sobre dónde obtener esos recursos adicionales.

Países como Estados Unidos, empresas como The Metals Company y algunos científicos que estudian las industrias extractivas sostienen que no hay suficientes minerales críticos de fácil acceso en tierra para satisfacer la creciente demanda. En lugar de abrir numerosas minas terrestres nuevas, la incipiente industria de la minería en aguas profundas podría ayudar a cubrir esa brecha, afirman.

Otros investigadores, grupos conservacionistas y unos 40 países, liderados por la nación archipiélago de Palaos en el océano Pacífico, han pedido una prohibición total o una moratoria de las actividades de minería en aguas profundas hasta que se conozcan mejor los posibles impactos ecológicos y se adopten regulaciones. Muchos sostienen que quedan recursos suficientes por explotar en tierra.

Durante más de una década, la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, que controla la minería en zonas fuera de las jurisdicciones nacionales, ha estado elaborando un código minero para regular la extracción de recursos del fondo marino, pero sus Estados miembros aún no se han puesto de acuerdo sobre las normas. Las conversaciones concluyeron en julio de 2025 con muchas cuestiones sin resolver, entre ellas cómo medir y supervisar los impactos ecológicos. Las negociaciones se han reanudado recientemente.

Pero el tiempo apremia, ya que la minería podría recibir luz verde este mismo año, antes de que se establezcan las normas y las salvaguardias. Nauru está explorando una laguna jurídica que le permite a ella y a otras naciones solicitar un permiso comercial antes de que se acuerde el código minero. Y en una iniciativa unilateral que elude el mandato de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos, The Metals Company ha solicitado a Estados Unidos permiso para explotar la zona de Clarion-Clipperton, donde se concentran la mayoría de los proyectos de minería en aguas profundas; se trata de un área de seis millones de kilómetros cuadrados (casi del tamaño de Australia) en aguas internacionales entre Hawái y México. Estados Unidos no ha firmado el tratado internacional que otorga a la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos jurisdicción sobre tales actividades.

Presionados por el tiempo, investigadores y analistas trabajan para responder a preguntas clave. ¿Podemos encontrar los minerales que necesitamos en tierra, o debemos aventurarnos bajo las olas en busca de recursos sin explotar? ¿Cuáles serían las consecuencias medioambientales de cada opción?

Necesidades ecológicas inminentes

Hay poco desacuerdo en que la transición ecológica requerirá un salto gigantesco en el suministro mundial de minerales críticos. Y la producción de minerales de las minas existentes y previstas podría quedarse pronto corta, sugiere la AIE en una evaluación de 2025 sobre las necesidades de minerales para la transición hacia la energía limpia.

Los analistas modelaron tres escenarios diferentes de uso de energías renovables y mitigación del cambio climático. Compararon estas estimaciones de la demanda con diferentes tipos de estimaciones de la oferta, incluyendo una menos ambiciosa que abarca las minas existentes, las que están en construcción y los proyectos aún por poner en marcha que ya cuentan con permisos o financiación asegurada, y un caso más audaz que también tuvo en cuenta proyectos en los que aún se está buscando financiación o permisos.

A partir de este modelo, los analistas estiman que, para 2040, la demanda mundial de litio, un componente clave de las baterías de los vehículos eléctricos, podría multiplicarse por 4,7 con respecto a los niveles de 2024, y la demanda de cobre, crucial para la energía eólica y solar, podría multiplicarse por 1,3. Predicen que habrá escasez de ambos metales ya en 2035.

Los futuros déficits de cobre pueden parecer menos graves que los de litio, según los proyectos anunciados actualmente, pero abrir nuevas minas de cobre o ampliar las existentes es mucho más complicado, afirma Shobhan Dhir, analista de minerales críticos de la AIE. “En general, la roca con alto contenido en cobre ya se ha extraído”, afirma.

¿Serán suficientes las minas en tierra firme?

Algunos analistas creen que estas necesidades pueden satisfacerse en tierra firme abriendo nuevas minas o profundizando en las existentes.

Gavin Mudd, director del Centro de Inteligencia sobre Minerales Críticos del Servicio Geológico Británico en Nottingham, afirma que no hay escasez de yacimientos minerales en tierra firme. Señala que los datos del Servicio Geológico de los Estados Unidos muestran que las reservas de muchos metales críticos están aumentando (las reservas se refieren a yacimientos cuya extracción es rentable y viable en este momento, mientras que los recursos son materias primas geológicas cuya existencia se conoce en el subsuelo). Por ejemplo, la AIE estima que, para 2040, la demanda de litio podría alcanzar hasta 1,5 millones de toneladas métricas anuales. Sin embargo, los datos de 2025 del USGS muestran unas reservas mundiales en tierra de 30 millones de toneladas métricas y unos recursos de 115 millones de toneladas métricas.

Las reservas y los recursos, afirma Mudd, probablemente seguirán creciendo a medida que se descubran nuevos yacimientos. A medida que crezca la demanda de minerales, los precios podrían subir, lo que haría rentable excavar más profundamente en las minas existentes o poner en marcha nuevas explotaciones.

“No hay ningún argumento racional para afirmar que nos quedaremos sin reservas de litio en un futuro próximo”, afirma.

Se observan tendencias similares en otros minerales, como el cobre y el cobalto. Una evaluación global de las minas de níquel realizada en 2022 por Mudd y Simon Jowitt, director de la Oficina de Minas y Geología de Nevada, estima que las reservas y los recursos terrestres pueden satisfacer la demanda durante más de 100 años.

Pero para acceder a estos recursos, será necesario abrir nuevas minas: más de 85 nuevas minas de litio para 2050, según algunas estimaciones, y hasta 40 nuevas minas de níquel para 2030, solo para abastecer las baterías de los vehículos eléctricos, según la AIE. El Foro Internacional de la Energía, un grupo intergubernamental dedicado al debate de políticas energéticas, estima que se necesitarán al menos 35 nuevas minas de cobre para 2050 a fin de abastecer la transición ecológica.

Poner en marcha un proyecto minero puede llevar más de una década. Para evitar mayores retrasos, Mudd afirma que los gobiernos y las empresas deben mejorar la planificación de los proyectos mineros, o la escasez de minerales podría afectar incluso a lugares donde existen recursos.

Otra fuente: el reciclaje

El reciclaje de baterías de vehículos eléctricos y otros materiales procedentes de tecnologías verdes podría ayudar a reducir la necesidad de nuevas minas, afirma Paul Anderson, químico inorgánico de la Universidad de Birmingham, Reino Unido, que lidera un proyecto para mejorar la reutilización y el reciclaje de las baterías de iones de litio utilizadas en los vehículos eléctricos.

Las estimaciones varían en cuánto podría reducir la demanda el reciclaje. La AIE estima que, para 2050, el reciclaje podría reducir la necesidad de nuevas actividades mineras en un 25 % para el litio y el níquel, y en un 40 % para el cobre y el cobalto. Otras estimaciones sugieren un impacto mucho mayor. Un estudio de 2022 realizado por investigadores de la Universidad KU Leuven de Bélgica sugiere que, para 2050, el reciclaje podría cubrir entre el 40 % y el 77 % (dependiendo del metal) de las necesidades de metales para la energía limpia de Europa. Y un informe de 2025 elaborado por investigadores de la Universidad de California, Davis, estimó que el reciclaje podría reducir el número de nuevas minas de litio necesarias de 85 a 15.

Los gobiernos tendrían que construir instalaciones de reciclaje en todas las regiones del mundo, no solo en las zonas que fabrican baterías para vehículos eléctricos o que cuentan con los mayores mercados de vehículos eléctricos, concluyeron los investigadores de la UC Davis. Además, los países deberían adoptar políticas para fomentar el reciclaje, como establecer objetivos para que los fabricantes recojan las baterías usadas y para que las plantas de reciclaje recuperen los minerales críticos de las baterías.

Anderson afirma que el reciclaje suele ser una cuestión secundaria en el diseño y la producción de baterías y otras tecnologías verdes, lo que lo hace menos eficiente y eficaz. “Estamos obsesionados con reducir la huella de carbono mediante la implantación de la tecnología… no estamos pensando en integrar en ella la gestión del fin de la vida útil”, afirma.

Pero incluso con el reciclaje, la transición global hacia una economía verde podría depender de la intensificación de la minería terrestre —una de las industrias más contaminantes y destructivas desde el punto de vista medioambiental y social—. Los estudios sugieren que la minería terrestre es responsable del 9 % de toda la pérdida de selva amazónica entre 2005 y 2015. Además, consume grandes volúmenes de agua, a menudo en regiones con escasez hídrica, y puede poner a las personas vulnerables en riesgo de sufrir abusos contra los derechos humanos. Los vertidos de residuos mineros tóxicos contaminan las vías fluviales y matan la fauna acuática.

El alcance de los daños en las profundidades marinas

Los defensores de la minería en aguas profundas sugieren que la industria podría tener menos problemas ambientales y sociales.

Los impactos en las profundidades del océano podrían no ser tan duraderos como los de la minería en tierra, afirma The Metals Company. Apunta a investigaciones que sugieren que algunas comunidades de fauna de las profundidades del océano afectadas por la minería podrían empezar a recuperarse en número y diversidad en el plazo de un año. Afirma que las comunidades microbianas de las profundidades marinas podrían recuperarse de los impactos de la minería “en un plazo de 50 años”. Por el contrario, la empresa afirma que “puede llevar cientos o miles de años regenerar nuevos suelos y bosques capaces de sustentar los niveles anteriores de biodiversidad” que son destruidos por la minería terrestre.

Saleem Ali, científico especializado en sistemas ambientales de la Universidad de Delaware que también realiza investigaciones y asesora a las Naciones Unidas sobre metales críticos, afirma que la minería de aguas profundas debería formar parte de los debates sobre la transición ecológica. Es coautor de un análisis de 2022, financiado por The Metals Company, que comparaba los residuos mineros de los yacimientos terrestres con los de los recursos del lecho marino. (Ali afirma que nunca ha recibido financiación directa de The Metals Company). Por ejemplo, el análisis examinó el impacto de los residuos de las minas terrestres en la contaminación del agua y la biodiversidad local, así como la contaminación prevista por la extracción de nódulos, como los sedimentos del lecho marino que las máquinas de recolección lanzan a la columna de agua. Sugiere que ambos tipos de minería tendrán efectos sobre la biodiversidad, pero que la minería en aguas profundas podría generar menos residuos y menos riesgos para las comunidades que la minería terrestre. El estudio advierte, sin embargo, que sus conclusiones están limitadas por una “incertidumbre sustancial” en cuanto a los impactos de las plumas de sedimentos.

Ali añade que la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos lleva al menos 30 años recopilando datos, lo que debería ser suficiente para elaborar normas y reglamentos que regulen la minería de los fondos marinos, aunque no esté claro cuáles son los impactos a largo plazo ni si los impactos ambientales serán mejores o peores que los de la minería en tierra.

“No estoy diciendo que debamos seguir adelante con ello. Lo que digo es que merece ser considerado en este amplio contexto de decisiones muy difíciles que tenemos que tomar”, afirma.

Pero los detractores que piden moratorias o prohibiciones señalan que el mismo estudio al que The Metals Company se refiere como prueba de una rápida recuperación llegó finalmente a conclusiones más pesimistas a partir de sus datos en su conjunto. “Es probable que los efectos de la minería de nódulos polimetálicos sean a largo plazo”, escribieron los autores, y los análisis “muestran efectos biológicos negativos considerables de la minería de nódulos del fondo marino, incluso a la pequeña escala de los experimentos de minería de prueba”. A los científicos les preocupa que los organismos de las profundidades marinas, adaptados a vivir en un entorno oscuro, tranquilo y poco poblado, no soporten bien el ruido y las perturbaciones lumínicas de la minería. Los organismos también estarán expuestos a metales tóxicos y a columnas de sedimentos que pueden interferir en su alimentación y respiración. The Metals Company no respondió a varias solicitudes de entrevista.

Debido a estas incógnitas, no se deben precipitar las normas de minería, afirma Anna Metaxas, ecóloga de aguas profundas de la Universidad de Dalhousie, Canadá, coautora de una revisión de 2025 sobre los posibles impactos de la minería en el ecosistema de las profundidades oceánicas publicado en el Annual Review of Environment and Resources. Metaxas participa en la Deep-Ocean Stewardship Initiative, una red internacional sin ánimo de lucro de expertos dedicada a informar sobre políticas y gobernanza de las profundidades marinas. Afirma que anteriormente dirigió un proyecto con expertos en minería terrestre y de las profundidades marinas para desarrollar un marco de referencia que permitiera comparar el impacto medioambiental de la minería en tierra con el de la minería en el lecho marino. Sin embargo, en 2024, ella y sus coautores llegaron a la conclusión de que, en la actualidad, los datos son demasiado escasos para hacerlo.

“Nuestras lagunas de conocimiento son realmente grandes”, coincide Matthias Haeckel, biogeoquímico marino del Centro Helmholtz GEOMAR de Investigación Oceánica en Kiel, Alemania. Forma parte de un grupo de 30 investigadores y expertos técnicos a los que la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos encargó en 2024 desarrollar los valores necesarios para supervisar y evaluar los impactos de la minería. El grupo analizó la toxicidad, como la derivada de los metales pesados, la turbidez provocada por los sedimentos removidos por las máquinas de extracción, y el ruido submarino y la contaminación lumínica. Se espera que presenten un primer borrador de normas y directrices en algún momento de este año.

En busca de respuestas (y pronto)

El Consejo de la Autoridad Internacional de los Fondos Marinos —su órgano ejecutivo— se reunió en Jamaica a principios de marzo y volverá a hacerlo en julio para debatir, y tal vez adoptar, la normativa minera. The Metals Company sigue a la espera de que Estados Unidos dé luz verde para iniciar la explotación minera comercial en la Zona Clarion-Clipperton. Sin embargo, afirma que espera obtener el permiso a finales de este año y comenzar la explotación poco después.

Mientras tanto, científicos como Haeckel se apresuran a organizar nuevas expediciones de investigación para recabar datos fundamentales que sirvan de base para las decisiones sobre el futuro de la minería de los fondos marinos y el código minero. Haeckel lidera un proyecto europeo llamado MiningImpact que volverá a finales de este año a los lugares de investigación donde, en 2021, supervisó parte de las pruebas de extracción realizadas por Global Sea Mineral Resources, una filial de la empresa belga DEME. La tercera fase de MiningImpact tiene como objetivo ver cómo ha evolucionado el ecosistema cinco años después y promover una mayor comprensión de la ecología de la vida en las profundidades abisales.

“La zona de Clarion-Clipperton es un gran área, y aún hay muchísimas preguntas sin respuesta”, afirma Haeckel. Se pregunta cómo se podría regular adecuadamente la minería en la zona cuando los científicos apenas saben qué criaturas viven allí abajo, o cómo interactúan.

Este artículo fue traducido por Debbie Ponchner.

🌳 📄 ¿Quieres conocer las últimas noticias sobre el ambiente? Te invitamos a verlas en El Espectador. 🐝🦜

Por Natasha Gilbert / Knowable en Español

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.