Por décadas, los científicos han intentado resolver una paradoja que ocurre en los océanos del mundo. ¿Por qué, si la producción de metano se asocia a entornos sin oxígeno, las aguas superficiales del océano, ricas en oxígeno, liberan metano de manera constante a la atmósfera?
Aunque pueda parecerle un asunto sin mayor trascendencia, es importante recordar que el metano es un potente gas de efecto invernadero, responsable en parte del cambio climático que ya enfrenta la humanidad.
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Desde hace algunos años, un grupo de científicos de la Universidad de Rochester se propuso resolver este misterio. Para hacerlo, el equipo liderado por Thomas Weber, del departamento de Ciencias de la Tierra y del Medio Ambiente de la universidad estadounidense, utilizó conjuntos de datos globales y modelos computacionales.
Tras analizar la información recabada, el equipo de investigadores descubrió un mecanismo clave detrás de la producción de metano en el océano abierto. De acuerdo con los resultados de su estudio, publicado recientemente en la revista académica Proceedings of the National Academy of Sciences, ciertas bacterias generan metano como subproducto al descomponer compuestos orgánicos, pero solo lo hacen cuando el nutriente fosfato es escaso.
En palabras de Weber, “esto significa que la escasez de fosfato es el principal factor que controla la producción y las emisiones de metano en mar abierto". Según los investigadores, estos hallazgos replantean la forma en la que los científicos entienden la producción del metano en el océano.
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“En lugar de ser un proceso poco común o inusual, la producción de metano en entornos ricos en oxígeno podría estar muy extendida en regiones donde el fosfato es escaso”, agregaron los científicos.
El problema, advierten los investigadores, es que el cambio climático podría intensificar este fenómeno y generar “un alarmante ciclo de retroalimentación para el cambio climático”.
En palabras de Weber, “el cambio climático está calentando el océano de arriba hacia abajo, aumentando la diferencia de densidad entre las aguas superficiales y las profundas. Se espera que esto ralentice la mezcla vertical que transporta nutrientes como el fosfato desde las profundidades”.
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Con una menor mezcla vertical, explicó el científico, las aguas superficiales podrían sufrir una creciente carencia de nutrientes, “creando condiciones ideales para que prosperen los microbios productores de metano”.
En palabras más sencillas: el calentamiento de los océanos conduce a más emisiones de metano, lo que a su vez impulsa un mayor calentamiento. Hasta el momento, advierten los investigadores, este círculo vicioso no ha sido incluido en los principales modelos de proyección climática.
“Nuestro trabajo ayudará a subsanar una laguna clave en las predicciones climáticas, que a menudo pasan por alto las interacciones entre el entorno cambiante y las fuentes naturales de gases de efecto invernadero que se emiten a la atmósfera”, concluyó Weber.
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