Cuando Bruce, un loro kea, ingresó a la Reserva de Vida Silvestre Willowbank, en Nueva Zelanda, ya le faltaba el pico. Doce años después, ha logrado convertirse en el loro macho alfa de su “circo” (como se conoce a los grupos de loros kea), ganando todas las peleas contra los otros machos, pese a que es el único pájaro “discapacitado” en su grupo.
Así lo anuncia un grupo de investigadores en un artículo científico publicado en la revista científica Cell. Pero, ¿cómo es posible que, sin pico, Bruce haya ganado todas las peleas, sin estresarse? En teoría, la ausencia de un pico debería dificultarle alimentarse y competir con otros loros. Sin embargo, lo que observaron los científicos es que Bruce no solo logró adaptarse, sino que desarrolló una forma completamente nueva de pelear.
En lugar de usar el pico como lo hacen otros loros kea, mordiendo hacia abajo, Bruce comenzó a atacar hacia adelante, como en una especie de “embestida”, combinando movimientos del cuello, carreras o saltos. Este comportamiento, que no se ve en otros individuos, le permitió golpear distintas partes del cuerpo de sus oponentes y desplazarles con mayor eficacia. Lejos de ser una simple compensación por su discapacidad, esta estrategia se convirtió en una inesperada ventaja, escriben los autores del estudio.
Bruce utilizaba su pico con mucha más frecuencia que otros kea y sus ataques resultaban más efectivos que las patadas, logrando desplazar a sus rivales en la mayoría de los enfrentamientos. En palabras un poco más sencillas, transformó una limitación física en una herramienta competitiva a través de la innovación en su comportamiento. Pero su posición dominante dentro del grupo no solo se reflejaba en las peleas. También tenía beneficios sociales y fisiológicos. Por ejemplo, otros kea lo acicalaban, algo que no ocurría con los demás individuos y que, según los investigadores, está asociado con menores niveles de estrés. Además, tenía acceso preferencial a la comida: era el primero en llegar a los comederos la mayoría de las veces y podía alimentarse sin ser desafiado por otros.
Bruce logró mantener ese estatus dominante por sí solo, sin formar alianzas, algo que, dicen los investigadores en su estudio, sí ocurre en otros animales cuando un individuo tiene alguna limitación. Casos documentados en primates muestran que animales con discapacidades suelen depender de otros para mantener su posición. Bruce, en cambio, lo hizo de manera individual, lo que lo convierte en un caso excepcional.
“Nuestros resultados respaldan la visión emergente de que la discapacidad proporciona una poderosa lente natural sobre la flexibilidad conductual y la resiliencia en los animales y pone en tela de juicio si la asistencia protésica bien intencionada para animales con discapacidades físicas siempre mejorará el bienestar animal positivo”, escriben los autores. Se refieren la discapacidad, más que ser solo una limitación, puede revelar hasta qué punto un animal es capaz de adaptarse, innovar y encontrar nuevas formas de interactuar con su entorno. Y en ese sentido, sugieren que no siempre es evidente que intervenir, por ejemplo, con prótesis para los animales, sea la mejor opción. Aunque la intención es ayudar, en algunos casos los propios animales pueden encontrar soluciones que les permiten no solo compensar la limitación, sino incluso desenvolverse con éxito dentro de su grupo.
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