12 Nov 2018 - 2:00 a. m.

Cali pone la lupa sobre la cuenca del Cauca y sus afluentes

Gobierno, sector privado y sociedad civil buscan soluciones a las principales presiones de esta región hidrográfica: contaminación y falta de articulación institucional. Las cuencas de los ríos Palo y Cali son prioridad para garantizar el agua de millones de personas y para la economía de la región.

Redacción Bibo

La riqueza hídrica del Valle del Cauca es codiciada. Surcado por dos cordilleras y atravesado por el río Cauca, este departamento posee 47 cuencas hidrográficas.

No obstante, la enorme diferencia entre el agua disponible en calidad y cantidad y aquella a la que puede acceder genera dudas sobre el futuro del recurso y ha despertado el interés de diversos actores que buscan soluciones frente a estos retos.

Por ejemplo, la Comisión para la Recuperación del Río Cauca, creada en 2017 por el sector público, la academia y el sector privado, advierte que su tarea tomará 30 años. La fuente hídrica que buscan salvar abastece al 70 % de la población de Cali y a importantes sectores productivos e industriales y por eso requiere una intervención que va más allá de medidas a corto plazo.

Así lo describe Gabriel Torres, funcionario de la Contraloría del Valle y miembro de la Secretaría Técnica de la Comisión. Según dice, la prioridad será buscar una integración con actores del departamento del Cauca, con quienes comparten la riqueza y problemáticas del río Cauca. De igual forma habrá que actualizar el documento Conpes de esta cuenca, que está desactualizado desde el 2009.

El ingeniero sanitario fue uno de los asistentes al pasado Encuentro Regional por el Agua de Cali con el que El Espectador, Isagén, Bavaria y WWF propiciaron un diálogo entre la sociedad civil, el Gobierno, las universidades y el empresariado para identificar los retos que el nuevo Plan Nacional de Desarrollo 2018-2022 debe priorizar respecto al río Cauca y sus principales afluentes en el Valle.

Con ese propósito, los presentes se centraron en el análisis de las cuencas de los ríos Cali y Palo, que abastecen a la capital vallecaucana y a municipios circundantes.

De acuerdo con Mary Louise Higgins, directora de WWF en Colombia, ambas cuencas tienen un altísimo potencial, pero la ciudad les ha dado la espalda y las presiona de diversas maneras. Por ejemplo, cerca del 50 % de la cuenca del río Cali, afluente del Cauca, está altamente deforestada. Algo similar sucede con la cuenca de El Palo, en donde se ha deforestado el 84 % de sus coberturas naturales.

La falta de coberturas naturales en las cuencas tiene consecuencias nefastas. En suelos desnudos, si deja de llover, como lo pronostica la Organización Meteorológica Mundial, con un probable fenómeno de El Niño para finales de este 2018, las cuencas erosionadas no tendrán la capacidad de regular el agua para mantener un caudal moderado en los ríos y enfrentar la sequía.

Ya en 2016, cuando tuvo lugar un fenómeno de El Niño, el Cali presentó su caudal más bajo de los últimos 65 años, por lo que se suspendió indefinidamente el servicio en 73 barrios del oeste y del norte de la ciudad. Por otro lado, la combinación de suelos deforestados y lluvia puede también generar desbordamientos e inundaciones, con graves consecuencias, como las presentadas en los últimos años con el fenómeno de La Niña en el 2010 y 2011.

Entre la contaminación y el derroche

Cali se ha preciado de ser la ciudad de los siete ríos, pero el suministro de agua para la capital vallecaucana corre riesgos.

Los costos del tratamiento del agua en Cali son muy elevados, en parte por los problemas de sedimentación generados por los suelos deforestados en las cuencas que abastecen de agua al acueducto de la ciudad. Adicionalmente, Alexandra Satizábal, bióloga y funcionaria del Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente (Dagma), explica que el sistema de drenaje sur no funciona adecuadamente y casi todas las aguas residuales y la basura de esa parte de la ciudad y de municipios aledaños se descargan antes de llegar a la bocatoma de Puerto Mallarino, lo cual afecta la disponibilidad de agua potable.

“Aún no sabemos cómo abordar este problema, porque los costos son tremendamente altos”, manifiesta Satizábal, quien considera urgente formular un proyecto que priorice algunas medidas estructurales para el sistema de drenaje sur.

El otro gran problema del río Cali son las enormes pérdidas de agua. Según cifras de Emcali, la empresa que presta el servicio de acueducto para la ciudad, de los 780 millones de litros de agua que consume diariamente esta capital, 429 millones (equivalentes a $1.000 millones cada mes) no son facturados, por lo que se consideran pérdidas. Esto se debe a conexiones fraudulentas a la red, ruptura de tuberías y robo de contadores (unos 5.000 cada año).

Retos para las cuencas

La situación ambiental de la cuenca del río Palo es similar a la de la mayor parte de afluentes de la cuenca del río Cauca. De un lado, produce mucha más agua por año: durante un año medio ofrece 1.161 milímetros cúbicos, mientras la del río Cali produce 80 milímetros cúbicos al año. Sin embargo, por su alto nivel de deforestación, el caudal del río Palo tiende a disminuirse a más de la mitad en períodos de sequía y esto genera un riesgo alto para el abastecimiento de agua de cerca de 10 municipios y para la producción de caña, eje de la economía de la región.

Pese a su importancia para la ciudad de Cali y para la región, la cuenca del Palo no cuenta aún con un documento Pomca (Plan de Manejo y Ordenamiento de una Cuenca) aprobado que entregue un diagnóstico más certero de las condiciones medioambientales y una formulación de soluciones a las principales presiones.

Luis Alfonso Hurtado, investigador del Instituto Cinara de la Universidad del Valle, cuenta que el documento (aunque según los presentes en e Encuentro por el Agua no se socializó con la sociedad civil) está a la espera del aval del Ministerio de Medio Ambiente. Según detalla, el Pomca será prioritario para focalizar esfuerzos en procesos que ya están andando, como la necesidad de una planta de tratamiento de aguas residuales para el municipio de Puerto Tejada (Cauca) y para Guachené, también en este departamento, que durante la ola invernal de 2010 sufrió daños y hoy restablecerla cuesta alrededor de $900 millones.

Hurtado destaca la necesidad de una articulación entre actores claves alrededor de esta cuenca. “Necesitamos un papel más activo de la Corporación Autónoma Regional del Cauca, que se les dé prioridad a los líderes indígenas de los tres cabildos que están en la zona alta de la cuenca y que haya una integración entre las autoridades del Cauca y el Valle”, destaca.

En eso coincidieron los demás asistentes al Encuentro Regional por el Agua. En el Valle, como en pocos departamentos, hay un liderazgo sólido de las asociaciones de cuencas, como Corpopalo, que se han convertido en ojos y gestoras de las cuencas en los territorios. Sin embargo, lo mismo debe impulsarse desde el departamento vecino, para que puedan articularse acciones de conservación y restauración que contribuyan a regular el agua que fluye en la gran cuenca del río Cauca y en afluentes como el Palo y el Cali.

Para esto, expresaron los participantes, será también crucial hacer un uso sostenible del suelo en relación del agua: propiciar un adecuado uso del suelo y tener cuidado sobre el tipo de vegetación con la que vaya a reforestarse en zonas degradadas.



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