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En una investigación publicada esta semana en la revista Science, un grupo de investigadores documentó cómo la ofensiva rusa lanzada en febrero de 2022 contra Ucrania ha afectado a la fauna local, en particular en la Zona de Exclusión de Chernóbil.
Esta última zona, que consiste en un área de 2600 kilómetros cuadrados y que se encuentra abandonada tras el desastre nuclear de 1986, fue ocupada por tropas rusas entre febrero y marzo de 2022, que se retiraron poco tiempo después. A pesar de esto, el sitio sigue siendo un escenario del conflicto y de enfrentamientos entre ambos ejércitos.
Para entender cómo esta disputa militar está afectando a la fauna silvestre, los investigadores analizaron información captada por cámaras trampa ubicadas previamente en esta zona, y encontraron cambios en sus patrones de comportamiento.
“Comprender los efectos de este tipo de conflictos resulta complicado, dado el acceso seguro limitado de los investigadores. Los autores de la investigación pudieron aprovechar las cámaras trampa que ya estaban en funcionamiento para comprender los impactos en la fauna silvestre de la invasión rusa de Ucrania, concretamente la ocupación de la zona de exclusión de Chernóbil”, indicó Sacha Vignieri, editora de la revista Science. “Descubrieron efectos claros del conflicto en los mamíferos de la región, entre ellos una reducción de la actividad, especialmente durante la fase activa del conflicto”.
Según detallan los investigadores del estudio, el análisis se centró en 11 especies de mamíferos silvestres captados por 31 estaciones de trampas de cámara operativas durante la ocupación.
Los autores precisan que, aunque los mamíferos no respondieron de manera uniforme frente a la presencia de conflicto, sí mostraron ajustes significativos en sus comportamientos y en el uso del espacio.
Entre los casos expuestos en la investigación se encuentran los del ciervo rojo (Cervus elaphus) y el zorro rojo (Vulpes vulpes), en los cuales se detectó una disminución de su actividad nocturna, en comparación con lo registrado en tiempos de paz. En particular, en el caso del ciervo, se destacó un aumento de detecciones en fechas con reportes de incendios, lo que podría indicar desplazamientos forzados.
Por su parte, también se detalló cómo individuos de jabalí (Sus scrofa) y de perro mapache (Nyctereutes procyonoides) registraron menos avisamientos cerca de estructuras humanas y carreteras durante el periodo del conflicto. Por otro lado, también se reportaron mayores registros del lince europeo (Lynx lynx) cerca de edificaciones, probablemente, según los investigadores, en búsqueda de alimentos.
“Las especies de mamíferos respondieron al conflicto armado con ajustes de comportamiento inmediatos, entre los que se incluía una reducción de la actividad durante la noche y en los días en que se intensificaban las actividades relacionadas con el conflicto armado”, resumen los autores del estudio.
Los investigadores señalan que en la zona se estableció un “paisaje del miedo”, al pasar a uno determinado, antes de 2022, principalmente por perturbaciones humanas no letales, a convertirse en un entorno militarizado caracterizado por amenazas tanto letales como no letales.
Frente a las oportunidades para utilizar cámaras trampa para estudiar el impacto de los conflictos en la biodiversidad, los investigadores aceptan algunas limitaciones. “Los resultados muestran que los indicadores obtenidos mediante sensores remotos (anomalías térmicas) y las mediciones realizadas en campo (índice de intensidad del conflicto armado) reflejan dimensiones distintas de la perturbación, por lo que deben emplearse de manera complementaria y no como herramientas equivalentes”, concluyen los investigadores.
A través de este enlace puede consultar el informe completo.
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