5 Oct 2020 - 6:28 p. m.

Cantos de ranas y chillidos de murciélagos convertidos en música electrónica

Cucusonic es un proyecto conformado por un grupo de biólogos, antropólogos y artistas que emplean sonidos de animales en herramientas de análisis bioacústico, música y formas de participación social. Aseguran que buscan entender una realidad ‘no-humana’.

Paula Casas, @PauCasasM

La base rítmica de esta canción son murciélagos, la caja o el redoblante está acompañado del sonido de un gecko, – una especie de lagarto –, sonidos que a su vez se mezclan con cantos de ranas. Esta es la descripción de Gecko-reggae, uno de los cuatro sencillos que hasta el momento ha realizado Cucusonic, el proyecto que integra música, cantos de ranas, chillidos de murciélagos, silbidos de pájaros y los sonidos que producen otras especies para transformarlos en herramientas de análisis bioacústico, arte sonoro y formas de participación social. Una idea que tuvo Alejandro Valencia-Tobón en 2015 mientras realizaba su doctorado en antropología social, en la Universidad de Manchester, Reino Unido. (Lea Reabre el parque Natural Gorgona)

En 2015 con el apoyo de Rupert Cox, director del Granada Centre for Visual Anthropology en la Universidad de Manchester, Alejandro buscó otras formas de entender el sonido a través de la biología y la música. “Nos preguntábamos cómo el sonido nos podría estar contando una historia y cómo ese relato lo podríamos llevar a múltiples públicos, considerando que es un lenguaje que no solo los humanos emplean”, dijo Alejandro, biólogo de la Universidad de Antioquia. Planteó que escuchar era un elemento fundamental para percibir la realidad humana, y al estudiar los registros sonoros generados por los animales hay una posibilidad de aproximarse a entender una realidad ‘no-humana’.

Al regresar a Colombia, comenzó a explorar el trabajo de otros biólogos que analizaban sonidos emitidos por especies animales. Para los expertos en bioacústica, el hecho de escuchar, grabar y analizar los sonidos generados por ranas, murciélagos o aves ayuda a comprender su historia biológica, como se hace con taxonomía clásica o biología molecular. Por ejemplo, hay cantos de ranas que se asocian con la etapa reproductiva u otros que indican si un murciélago está próximo a cazar. Conociendo esto, Alejandro tuvo la idea de formar un colectivo que se dedicara a explorar el sonido generado por animales y la percepción humana de esos mismos sonidos, como un medio que posibilitase mezclar simultáneamente diferentes factores sociales y biológicos.

Alejandro buscó, además, reinterpretar los sonidos y convertirlos en canciones. “Abre una perspectiva divertida y hace menos tedioso hablar de estos temas complejos. Es más fácil cuando le pones una canción a una persona y le explicas que lo que está escuchando tiene una tonalidad que es una variación de una de las frecuencias que genera Molossus molossus - una especie de murciélago- y que emite ese ruido cuando se aproxima a su objetivo”, añade el investigador. Al proyecto se sumó Danny Zurc, curadora del Museo de Ciencias Naturales de la Salle; Juan Camilo Arredondo, herpetólogo que trabaja con bioacústica de ranas; Carlos Restrepo, que se encarga de la música; entre otros biólogos, antropólogos y artistas.

El grupo empezó a grabar los sonidos de diferentes especies y, aunque el nombre del proyecto hace alusión a la vocalización del sonido de las ranas –como en el canto de la tradicional ronda infantil de cucú, cantaba la rana, cucú, debajo del agua–, este no es el único grupo de animales que estudian. Analizan también los chillidos de murciélagos, sonidos emitidos por lagartos y el canto de las aves. “No le estamos dando prioridad a ninguno, pero a mí, en particular, me parece llamativo el trabajo con los murciélagos. Ellos se comunican en una frecuencia muy diferente a la audible humana”, señala el investigador.

Aunque hay algunas especies de murciélagos que se comunican por medio de sonidos sociales que alcanzan a ser percibidos por los humanos, la mayoría de ellos se emiten en el ultrasonido, que son los sonidos de alta frecuencia, registrados por encima de los 20 kHz. Las señales acústicas generadas por los murciélagos les ayudan a ubicarse en el espacio; es decir, cuando la señal impacta con un obstáculo, los animales analizan el eco recibido para detectar a su presa, por ejemplo. Las señales sonoras emitidas por los murciélagos parecen estar divididas en tres fases que podrían indicar el tipo de actividad que las especies están realizando.

Para explicar este proceso, Cucusonic lo hace por medio de la canción Murciélagos, en las que están las tres fases de las señales sonoras de los murciélagos. La primera es de búsqueda y se presenta cuando cada individuo está analizando lo que sucede en su hábitat. Los pulsos que emiten en esta fase se presentan en intervalos de tiempo más largos. Luego, cuando encuentran una posible presa, que es en la fase de aproximación, se dirigen hacia ella teniendo pulsos en intervalos más cortos. Y, durante la última fase, que es la terminal, están tan cerca de su posible presa que producen pulsos en un intervalo de tiempo muy corto para obtener información más rápida sobre lo que está pasando en su entorno.

Pero, ¿cómo transformar estos registros de ultrasonido para que los humanos lo puedan percibir? Lo que hacen los investigadores de Cucusonic es realizar grabaciones en frecuencias altas (en ultrasonido o por encima de 20 kHz). Una vez que tienen las grabaciones y empleando programas de edición y análisis de audio, reducen la frecuencia de muestreo y la dejan a 44,1 kHz, lo que hace que el audio se reproduzca más lento. Así, las frecuencias queden audibles para el humano. Con los datos recolectados han conseguido componer cuatro canciones.

Para una de ellas, llamada Ranas y murciélagos, el equipo tomó seis grabaciones importantes de tres especies de ranas y cuatro de murciélagos. Alejandro cuenta que, en este caso, el atractivo era más acústico, dado que el sonido producido por estas especies permitía crear una mezcla de música electrónica. En cambio, en otro tema titulado Murciélagos se decidió usar únicamente chillidos generados por algunas familias de murciélagos. Al analizar la información que toman del espectro de las señales que emiten pueden entender lo que le está pasando al animal, si está volando o guiándose de lo sucede en su entorno. Incluso, puede ayudar a identificar taxonómicamente a la especie.

Y aunque la pandemia postergó algunos trabajos de campo, la cuarentena les permitió crear una estrategia que vinculase al público y explorar otros sonidos. Uno de los casos que llamó la atención de Alejandro fue el de un ciudadano del centro de Medellín, que envió una grabación de varios cantos de aves, sonidos que antes no se apreciaban por la cantidad de buses, personas y vendedores. “Ha sido un ejercicio de percepción humana. En el Valle de Aburrá, por ejemplo, se encontró un aumento en las aves que se escuchaban en las mañanas y un incremento de sonidos de ranas e insectos en las noches. Pero no estamos analizando variables cuantitativas, solo la percepción sobre cómo había cambiado el paisaje sonoro”.

Con las anécdotas recogidas por los ciudadanos y los datos obtenidos en algunos trabajos de campo, sumados al apoyo de Rupert Cox en la Universidad de Manchester y del Global Challenges Research Found en el Reino Unido, el equipo de biólogos, antropólogos y artistas que conforma Cucusonic espera poder construir un banco de historias cada vez más grande y llevar sus hallazgos a una galería o museo. Con los sonidos recolectados y las composiciones musicales buscan seguir entablando una forma de comunicación entre humanos y no humanos y, por qué no, que los cantos de las ranas, los chillidos de los murciélagos y los sonidos de los geckos, que fusionan en una mezcla electrónica, suenen en las discotecas.

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