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En una de las películas de la trilogía del Planeta de los Simios (La guerra), una escena muestra que el conflicto no es solo entre humanos y simios. También hay una batalla entre los propios simios, motivada por diferencias sobre cómo convivir o enfrentarse a los humanos.
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Aunque esta es solo una escena de una película de ciencia ficción, un reciente estudio publicado en la revista Science sugiere que los guionistas de esa cinta no estaban tan alejados de la realidad. En la investigación, liderada por Aaron A. Sandel, del Departamento de Antropología de la Universidad de Texas, los científicos encontraron que un grupo de chimpancés en Uganda está inmerso en algo similar a una guerra civil.
En los resultados, los investigadores explican que la mayor comunidad conocida de chimpancés salvajes en el mundo está dividida y que, además, lleva ocho años inmersa en una “guerra civil”. Todavía no están claras las razones que expliquen por qué la comunidad de chimpancés de Ngogo, ubicada en el Parque Nacional Kibale, en Uganda, está fragmentada. Sin embargo, los científicos han reunido evidencia desde 2018 de este conflicto: han registrado 24 asesinatos, incluidos 17 de crías.
Sandel, codirectora del Proyecto de Chimpancés de Ngogo, explicó en un pódcast de la revista científica que antes estos chimpancés solían darse la mano. “Ahora intentan matarse entre sí”, agregó, y señaló que estos hallazgos son clave porque “pueden revelar cómo se desarrollaron los primeros conflictos humanos”.
Antes de detallar cómo llevaron a cabo el estudio, los investigadores indican que el comportamiento de los chimpancés se caracteriza por ser territorial y por incluir interacciones hostiles con miembros de otros grupos. Sin embargo, durante varias décadas los casi 200 chimpancés de Ngogo habían convivido en relativa armonía, como indicó la antropóloga.
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Estos ejemplares, durante años, se organizaban en dos subgrupos, que los investigadores denominaron Occidental y Oriental. A pesar de esa división, habían funcionado como una comunidad cohesionada.
El comportamiento habitual después de los conflictos consistía en gritos o en evitarse temporalmente. Luego, volvían a acicalarse y cooperar entre sí. Esto, agregó la investigadora, se debe a que “los chimpancés son un tanto melodramáticos”.
Sin embargo, en junio de 2015, contó la antropóloga a la revista científica, fue la primera vez que observaron una clara polarización en el grupo. En ese momento notaron que los integrantes del costado occidental habían huido y estaban siendo perseguidos por el otro grupo.
Tras ese episodio, hubo un período de evitación entre ambos bandos que duró seis semanas. Durante ese tiempo, las interacciones se volvieron menos frecuentes. “Cuando se producían esas interacciones, eran un poco más intensas y agresivas”, anotó.
Desde entonces, la división empezó a profundizarse. De hecho, la investigadora indicó que en 2018 se produjo la ruptura definitiva, cuando los integrantes del grupo occidental comenzaron a atacar a los chimpancés del bando central.
Entre los principales factores que, según los investigadores, pudieron haber llevado a esta fractura están el tamaño del grupo, la competencia por los recursos y la rivalidad entre machos por la reproducción. Sin embargo, el estudio señala tres posibles detonantes puntuales.
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El primero es la muerte, en 2014, de cinco machos adultos y una hembra por causas desconocidas. Este suceso pudo haber perturbado las redes sociales y debilitado los lazos entre los subgrupos. Otro escenario ocurrió un año después, cuando se produjo un cambio en el macho alfa.
De acuerdo con el estudio, este hecho coincidió con el primer período de separación entre los grupos occidental y central. “Los cambios en la jerarquía de dominancia pueden aumentar la agresividad y la evitación entre los chimpancés”, detallaron los investigadores.
Finalmente, está la muerte de 25 chimpancés, entre ellos cuatro machos adultos y diez hembras adultas, a causa de una epidemia respiratoria en 2017, un año antes de la separación definitiva. “Uno de los machos adultos fallecidos era uno de los últimos individuos que conectaba a los dos grupos”, explicaron los científicos.
“En el caso de la escisión de Ngogo, individuos que vivieron, se alimentaron, se cuidaron y patrullaron juntos durante años se convirtieron en blanco de ataques letales debido a su nueva pertenencia a un grupo”, señalaron en el estudio.
Ahora, dijeron los investigadores, si los chimpancés, una de las especies genéticamente más cercanas a los humanos, pudieron llegar a este tipo de conflicto sin las construcciones humanas de religión, etnia o creencias políticas, entonces “la dinámica relacional puede desempeñar un papel causal más importante en los conflictos humanos de lo que se suele suponer”.
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