26 May 2021 - 2:33 p. m.

Ciénaga de la Virgen, el ecosistema del olvido que se encuentra en Cartagena

A pesar de ser el humedal más grande de la ciudad y tener una biodiversidad estratégica, recibe la contaminación de once caños. Obras de infraestructura fallidas, cambios constante en la Alcaldía y extrema pobreza rodean su historia.

Omar Andrés Carrasquilla León

Para una gran parte de cartageneros visitar la zona es un acto prohibido. Un escenario hermoso si se ve de frente con la mirada hacia el agua, pero a sus espaldas, es una tierra de nadie y hostil en donde la gente no puede hacer turismo por temor a un atraco. Allí, los pandilleros pelean con piedras, cuchillos y palos en batallas musicalizadas por los sonidos lejanos de picós que vibran al son de la champeta. La Ciénaga de La Virgen es el ecosistema más importante en Cartagena y la bordea los cordones acérrimos de la pobreza. (Lea también: Con el agua al cuello: la tragedia de los ríos que se desbordan)

Universos paralelos

La posición estratégica y la biodiversidad que tiene la Ciénaga de La Virgen hace pensar que, en una dimensión paralela, es una linda bahía de aguas turquesas con marinas tabladas donde atracan y zarpan decenas de yates turísticos; y las lanchas, en el atardecer, traen consigo pescados y mariscos lo bastante grandes y brillantes como para hacer sonreír a los hijos del pescador.

Pero no, en esta dimensión no, el humedal más grande de Cartagena es una ensenada que en algunas partes se encuentra verdosa y fangosa; y que tiene como espectadora de primera fila a una avenida solitaria sin terminar flanqueada de casuchas de tabla, las cuales el lobo feroz del cuento podría derribar de un soplo.

En 2006, se dio entrega por parte de la administración local y nacional el primer tramo asfaltado que bordea la ciénaga con la misión de ser una vía circunvalar: una arteria que ayudara a descongestionar la avenida Pedro de Heredia, principal calzada de la ciudad. Los primeros tres kilómetros de pavimento despertaron en los habitantes de la zona un sentimiento de ilusión.

“Luego de décadas de vivir en la espalda de Cartagena, sentimos que la distancia Estado – territorio se achicaba”, añora Frank Bertel, líder barrial de Olaya Herrera, uno de los barrios más afectados por la crisis que vive la zona. La obra, que tenía como proyección unos 15 kilómetros, prometía en sus documentos de diseño un fortalecimiento infraestructural capaz de proteger la flora y fauna del ecosistema y, a la par, de llevar intervenciones sociales e integrales a las barriadas ahogadas, desde siempre, por la insatisfacción de necesidades básicas de subsistencia.

De la quincena de kilómetros ofertados, solo se han construido un poco más de cuatro. Alejandro Raúl Sarmiento Cantillo, investigador de la Universidad Externado, afirma que, a través de los años posteriores a la entrega de la vía perimetral, la Ciénaga de La Virgen ha venido siendo objeto de una ocupación progresiva por parte de asentamientos humanos informales que han contribuido a la degradación de este ecosistema, así como a un crecimiento urbano desordenado, entre otras circunstancias, respecto a las que en la actualidad la institucionalidad busca encontrar la mejor forma de afrontar. (Le sugerimos: Tres hombres capturados por contaminar la Ciénaga de la Virgen, en Cartagena)

Arterias y venas envenenadas

A lo largo de la vía perimetral, la Ciénaga de La Virgen recibe la contaminación de once caños que envenenan sus aguas como si fuesen once jeringas intoxicando las venas de un heroinómano. Es uno de los territorios más importantes de la ciudad por su potencial ecológico, turístico, social y económico, pero se ahoga en medio de la falta de políticas públicas y de cultura ciudadana. Un escenario que, a diario, el abandono estatal fomenta la depredación de su belleza, por la falta de estrategias claras, definidas, comprobables y medibles en el tiempo.

Si se busca en YouTube: “Aniano Morales Blanco” el navegante atracará en un canal con solo ocho suscriptores. Sin embargo, tiene una treintena de vídeos que dan testimonio del activismo del señor Morales. Denunciando, proponiendo y poniendo sobre los escritorios de entidades gubernamentales, auditorios de recintos académicos y mesas plásticas de salones comunales lo crítica de la situación que sufre la ciénaga de La Virgen.

Relevo generacional para la vida y la conservación de la ciénaga de tesca o la virgen.(2)

Para Aniano Morales, los principales culpables del problema no son los pandilleros, los invasores de manglares, los drogadictos, los recicladores que hacen de cualquier esquina un vertedero ni la falta de cultura ciudadana que hace sus necesidades en los humedales. “Por ahí no va la vaina”, para el líder comunal la desidia gubernamental de las últimas décadas es la causante de la contaminación de la ciénaga y de las condiciones paupérrimas en la que perviven niños barrigones con el cabello rubio, siendo negros, sentados en cunetas donde uno que otro perro seca su costillar al sol.

“El vigente plan de ordenamiento territorial en su artículo 96, claramente, tipifica cómo debe ser el manejo de aguas vertidas y aguas lluvias, pero eso nunca se ha neutralizado por las autoridades”, denuncia Morales denotando el olvido estatal. “Hace más de quince años se aprobó el Plan Maestro de acueducto y alcantarillado, que prometió la construcción, limpieza y mantenimiento de los canales que contaminan a la ciénaga, pero solo basta constatar in situ para afirmar que solo se trató de otro ejemplo de letra muerta”.

El periodista, catedrático y exservidor público Bernardo Romero Parra también reconoce que el conato del problema se dio en el mal manejo que se le dio hace años a tuberías que culminaban en las aguas virginales. Vertimientos de aguas servidas, pestilentes, tóxicas y con las deposiciones de gran parte de la ciudad iban a parar en el estuario, demostrando así una perspectiva que sobrevive hoy: “Una ciudad que le da la espalda a sus cuerpos de agua”.

Ya esas tuberías no envenenan la ciénaga, por la construcción de un emisario submarino que ahora transporta las aguas servidas a la profundidad del mar Caribe, sin embargo, para Romero Parra no hay cifras ni datos que permitan inferir que esta alternativa ha ayudado a descontaminar lo que por años afectó. “No ha habido una secuencia en la política administrativa de la ciudad a través de las diferentes y numerosas alcaldías, por temas de ideología y arbitrariedades programáticas, se han abandonado todo tipo de proyectos diseñados que, si no estuvieran inconclusos, ayudarían a la salvación de este cuerpo de agua tristemente abandonado”, acota el periodista. (Le sugerimos: Los guardianes de la Ciénaga Grande de Santa Marta)

Fuentes de la actual administración adscritas al Establecimiento Público Ambiental (EPA) diagnostican que el panorama negativo en materia ecológica, social y económica es un reducto de malas prácticas gubernamentales de alcaldías anteriores, y de la corrupción incrustada en todos los intentos de intervención infraestructural, apoyo económico y subsidiario. Las capacitaciones para construir cultura ciudadana y tejido social se pagaron, pero nunca se dieron.

La solución proyectada por los despachos de la actual administración, al mediano y largo plazo, se relaciona con un macroproyecto polémico y que despierta ilusiones al igual que incertidumbres en la zona.

Posibles salidas

La Ciénaga de la Virgen tiene todo tipo de potenciales ambientales, ecológicos, económicos y turísticos, pero se encuentra diezmada por el taponamiento del acceso por mar con la construcción de la Troncal del Caribe, y de las compuertas construidas en su canal de entrada para su saneamiento ambiental. En su capitulo neurálgico delineado por la avenida perimetral es, continuamente, envenenada por aguas putrefactas y servidas de más del 60 % de la ciudad.

El escenario es un tugurio donde la insalubridad baila en trio con la pobreza y la contaminación. Para el investigador externadista estas prácticas incrustadas en la zona, a través de los años, sin control institucional y sin cultura ciudadana, no permiten la regeneración del cuerpo de agua.

La ciénaga de La Virgen muere lentamente, afirma Bernardo Romero Parra, fundador de las Juntas Administradoras Locales en la ciudad y en el país, además de ser exdirector de la Escuela de Gobierno y Liderazgo de Cartagena y columnista de El Universal. Para él, el cuerpo de agua está en un estado crítico y todas las noches llegan sin haber una estrategia o solución medible y clara.

Fuentes de la Alcaldía de Cartagena manifiestan que, desde hace tiempo, se viene gestionando presupuestos con el gobierno nacional para mejorar no solo la malla vial que comprende el proyecto terminado de la perimetral, sino que igual de importante es mejorar las condiciones sociales y medioambientales de los barrios de la zona donde habitan más de 160 mil habitantes.

El Distrito y el Consejo Gremial de Bolívar, una corporación de industriales y privados, consideran que la mayor apuesta y necesidad es la terminación de la vía perimetral como se proyectó. Para el gobierno y el sector privado los 11, 5 km faltantes son el principal foco problemático para los barrios adyacentes. Al conectar dos vías estratégicas como lo son: La Cordialidad, en la intersección con la Variante de Cartagena, y la Vía del Mar, ambas de Cartagena a Barranquilla, se controlará el espacio público, se tratará la contaminación ambiental, se neutralizarán invasiones que sedimentan el manglar para levantar cambuches, y se recuperarán zonas desoladas que son campos de fútbol o béisbol en la mañana y, al atardecer, se convierten en cuadriláteros sin jueces para los jóvenes en riesgo.

Toda esta iniciativa de asfalto e inversión infraestructural está comprendida por un macroproyecto llamado Parque Distrital de la Ciénaga de La Virgen, con presupuestos mixtos. Gobierno, iniciativa privada y cooperación internacional para llevar desarrollo a un territorio diezmado por la miseria y el descontrol. Para funcionarios de la secretaría de Infraestructura de Cartagena y del Consejo Gremial esta es la solución.

Bernardo Romero también se suscribe en las voces que ven en la entrega de la vía perimetral como una intervención positiva y en el proyecto del parque como una salida a la crisis. En sus palabras, la avenida llevó ciudad a la zona suroriental. En los pocos kilómetros que se han entregado se ha visto el impedimento a las invasiones, descontrol y atropellos ecológicos; generando así un apoyo al medioambiente, y en el compendio del proyecto a futuro del parque con unidades residenciales y retoma institucional de parajes desolados, se fomentará la seguridad.

Sin embargo, desde las favelas paralelas a la ciénaga se ve con recelo a la pincelada de asfalto que es la perimetral. Líderes como Frank Bertel denuncian, constantemente, que el pavimento se entregó y luego se abandonó el territorio por parte de la administración local y departamental.

En todo espacio suscrito para examinar las causas del problema medioambiental y social, buscando la concertación de soluciones potenciales entre juntas vecinales, entidades públicas y sector privado, se clama por intervenciones integrales de cultura ciudadana, participación pública, limpieza y preservación ambiental, mayor seguridad policial, legalización de predios, y control de las invasiones y de la depredación del mangle. Los villorrios piden acompañamiento estatal e internacional, resalta Aniano Morales en sus redes sociales. Aunque le den la caña de pescar más cara y moderna a un individuo, si no se le capacita en su uso, mantenimiento y cuidado, más temprano que tarde, no pescará nada y la usará para otra cosa.

Origen hermoso y destino mortífero

En la memoria de gestores barriales como Aniano y Frank, la ciénaga de la Virgen hace años era un paraje hermoso y con una importancia económica y social que no se parece en nada a la situación en que se encuentra actualmente. El cuerpo de agua tiene origen en arroyos y riachuelos en las serranías de Turbaco, Villanueva, Santa Rosa y de otras localidades adyacentes a la ciudad. Los humedales que dan origen a la ciénaga se diferencian de ella por su belleza y aguas cristalinas que los clasifican como parte del paquete turístico de la región.

A la altura de barrios como El Pozón, Olaya Herrera, Fredonia y Nuevo Paraíso las aguas de la ciénaga son tan diáfanas como una coca cola. Para gestores comunitarios como Aniano Morales Blanco se requieren soluciones urgentes para la contaminación medioambiental que no se relacionan directamente con la malla vial o la construcción de un megaparque. Para él líder barrial aún se pueden hacer muchas cosas para recuperar el pulmón de Cartagena.

Para Aniano Morales, la construcción de una gran represa que una los principales canales es una solución necesaria. Con dicha construcción se oxigenará y limpiará el cuerpo de agua, taponado desde su origen hasta el final, y eso preservará la vida marina que da sustento a pescadores o el cultivo artesanal de todo tipo de frutos de mar. Pero eso requiere una decidida y comprometida voluntad gubernamental.

¿Existe dicha voluntad? Para los líderes comunales el presupuesto destinado a la infraestructura e intervención integral y medioambiental se malgasta en capacitaciones que no se dictan, salarios a contratistas y funcionarios que solo van a la zona a tomarse fotos para sus informes de gestión, y limpiezas parciales que no profundizan en la solución urgente del problema.

En esa misma línea, además del olvido gubernamental en materia medioambiental, se encuentra la carestía de intervención estatal y policiva en la invasión desbordada. Dicha práctica afecta la conservación de un ecosistema biodiverso con muchas especias de fauna voladora, crustáceo y acuáticas, y una flora característica y de origen como el mangle rojo que puede llegar a los 30 metros de altura, si los okupas con sus tablas, bolsas negras y láminas de zinc no lo depredaran en aras de buscar un lugar donde vivir.

Frank Bertel, líder barrial es un adscrito a la máxima de que todo tiempo pasado fue mejor. Él siente nostalgia por los viejos tiempos. Considera que, si alguien que se encuentre entre los mangles y aguas anegadas de la ciénaga, y procediera a tapar sus fosas nasales y alzar la vista más allá del horizonte de casuchas, islas flotantes de basura y uno que otro burro demacrado por ser usado como volqueta, podrá dejarse llevar por sonidos melódicos de una gran variedad de aves como las garzas, los pelícanos, el águila pescadora, los colibríes y el pintoresco Martín Pescador.

La experiencia puede ser enriquecida por algún roce en la bota del pantalón de una iguana verde, grumosa y con tintes violetas, y dejarse embargar por la solemnidad de la naturaleza con silbidos de pájaros y la resonancia del viento acariciando los mangles. Una experiencia sensorial y espiritual similar vivirá uno que otro individuo que atraviesa los arbustos aledaños, y del follaje comenzará a salir humo espeso en un minuto.

Despertar abrupto

Pero al abrir los ojos y alejar los dedos de la nariz, la contaminación golpea con un jab y lo paupérrimo del contexto mete un gancho directo al mentón. Nocaut que sufren las 300 mil personas que residen en los más de 40 barrios afectados por la situación. Los problemas, para los líderes y dirigentes cívicos, se exacerban debido a la falta de políticas públicas para enfrentar la contaminación ambiental, la inseguridad y la canalización de arroyos.

En la misma línea, los gestores claman por una urgente inversión social en educación y salud, y una inversión eficiente en materia de infraestructura vial, movilidad, semaforización, señalización y servicios públicos. En Isla de León, uno de los sectores más miserables de Cartagena, en el barrio El Pozón, se ven postales similares a las que proyectan documentales sobre la miseria africana.

Líderes como Aniano Morales Blanco y Frank Bertel, son una representación de esa porción de la población preocupada por el daño ambiental que causa el vertimiento de aguas residuales con las deposiciones de gran parte de la ciudad a la ciénaga de La Virgen. Virginidad ultrajada a diario y que, en sus palabras, se relacionan con el mal manejo de la empresa Aguas de Cartagena y el sistema del emisario submarino que fue “vendido como la gran solución y panacea para los estragos al medio ambiente que sufre el cuerpo de agua más importante de los cartageneros”. La medición de la efectividad de dicha alternativa se reprueba en números rojos con la pudrición y los olores nauseabundos que tienen a las comunidades en el mayor hartazgo.

Para el periodista Bernardo Romero, desde la formulación y elaboración del Plan de rehabilitación de la zona Suroriental que contempló la construcción y adecuación del alcantarillado y el acueducto para la zona, y la intervención social y multidimensional de las condiciones y calidad de vida de los habitantes, no se conoce otra política pública o estrategia macro de solución a los problemas, generada en los pasillos del palacio de La Aduana donde funciona la Alcaldía de Cartagena.

El exservidor público alega que “Podemos recordar que, inclusive, con asistencia internacional se hicieron intervenciones psicosociales y alimentarias en la zona; se construyeron varios centros de desarrollo vecinal en barrios como Omaira Sánchez, Olaya Herrera y en La Esperanza pensados para capacitaciones comunitarias y presencia estatal, pero, hoy, están en ruinas o en desuso, dando muestra de que no existen programas definidos para la recuperación ambiental y social de la zona”. Territorio que arropa sin sabanas a la mayor cantidad de pobres en Cartagena.

Pero pasó el tiempo entre lluvias torrenciales, inundaciones, peleas de pandillas, bailes multitudinarios de champeta en potreros y casuchas levantadas con palos. 15 años exactamente, y las comunidades esperan los 12 kilómetros de vía perimetral que fueron prometidos en esos 15,2 kilómetros de asfalto como presencia estatal que conectarían la vía La Cordialidad, adyacente al barrio El Pozón, con la vía al mar, utilizada mayormente para el traslado neurálgico hacia Barranquilla. Una promesa incumplida ya que, del pavimento entregado, actualmente, la avenida parece la única embajada de la Luna en el planeta. Cráteres y oscuridad.

“La ciénaga de La Virgen, además de contaminada, la terminan de masacrar las invasiones deforestando el manglar y talando de manera indiscriminada con la ‘ley de los cuatro palos’”, expone Frank Bertel, asiduo asistente a la Unidad Comunera de Gobierno 6, conformada por barrios como Olaya Herrera, Fredonia, Nuevo Paraíso y El Pozón que aún esperan la culminación de las obras prometidas, mientras son testigos en palco platino de la depredación de los territorios que bordean al humedal, por aquellos parias que no encuentran un techo en la incipiente solución de vivienda que existe en la ciudad.

Pobreza extrema que subraya Aniano Morales Blanco, donde la única ley es “la ley de los cuatro palos. Una familia con el bolsillo roto por la quiebra o en condición de desplazamiento, ve la ciénaga como un territorio de nadie, un pesebre donde cada uno puede clavar cuatro troncos, hacer paredes de tablas, cartones y papeles, y entechar con bolsas negras. Listo, habemos casa”. Una práctica de supervivencia compleja de juzgar bajo preceptos humanistas, pero que obstaculiza la preservación del cuerpo de agua.

No solo es un tema de falta de oportunidades, abandono estatal, inseguridad, viviendas paupérrimas y prácticas económicas como la pesca, totalmente obstaculizadas por la contaminación, sino que también es un tema sanitario. En la zona proliferan las ratas y los mosquitos. Es el harén de la leptospirosis, el dengue hemorrágico, la meningitis meningocócica, entre otras enfermedades de transmisión viral relacionadas a la condición perjudicial del medioambiente.

En las orillas de la ciénaga de La Virgen pocos saben qué es el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, el Catastro o Corvivienda, entidad distrital de vivienda, ya que los que se encargan de la organización habitacional y del loteo de predios, mayormente son las mismas pandillas. Jóvenes en riesgo, pandilleros de matorrales y callejones anegados que cobran entre dos y tres millones de pesos para entregar lotes sobre las orillas o palafíticos dentro de la ciénaga. Plástico para las paredes, el piso con relleno de basura que el mismo humedal proporciona, cartón para el tejado y, para el baño, se tiene la ciénaga como retrete sin palancas para halar la cadena. Una república independiente sin servicios públicos y presencia estatal.

Los habitantes, ya instalados, recurren a la pesca para estrellarse con la escasez de peces y especies marinas por la destrucción del manglar y la disminución del cauce del cuerpo de agua, hecho que genera desazón y más pobreza. Sentados en alguna roca se sientan a esperar soluciones integrales para sus necesidades básicas insatisfechas y, muchas veces, son sorprendidos por la erosión y las inundaciones frecuentes en esas tierras de baja mar, mientras son picados por ejércitos desorganizados de zancudos y jejenes.

Caminos por seguir

En Cartagena, en poco más de una década ha tenido doce alcaldes. En la serie polémica y controversial en que se ha convertido la administración pública en la ciudad, en sus temporadas más recientes, las soluciones al problema medioambiental y socioeconómico de la ciénaga de La Virgen siempre han estado alineadas bajo dos proyectos: Culminación de la vía perimetral y la construcción de un parque malecón distrital, con una intervención urgente mediante un Proyecto Integral de Canales y Lagunas (PCL) necesario y adherido a las dos principales y posibles salidas.

Fuentes de la secretaría de Infraestructura afirman que con la realización de un malecón en la zona tomando como referencia el hecho en Barranquilla, a la altura del Río Magdalena, traerá consigo desarrollo urbano y económico en las barriadas adyacentes. En la capital atlanticense, la zona se convirtió en un destino turístico, recreativo y gastronómico, dejando atrás un pasado de periferia.

El parque distrital de la ciénaga de La Virgen y su malecón peatonal se proyecta como una inversión pública al turismo y a la civilización del territorio. Con la limpieza de canales y lagunas se espera que se fortalezca el ecoturismo fluvial en un espejo de agua carente de afecto. Para los habitantes de las favelas, el proyecto genera ambigüedades. Por un lado, como todo ser humano, se ilusionan con una nueva alternativa de solución a sus penurias, sin embargo, les preocupa la falta de concertación, transparencia contractual y financiera o que haya expropiaciones, desalojos y riesgos de gentrificación.

Para Bernardo Romero Parra, no hay indicios de que la construcción del parque lineal genere desalojos a las unidades de vivienda legalizadas de la zona. “Obviamente una estrategia como esa de embellecimiento tendrá que instaurar el orden medioambiental y natural, comenzando por las invasiones y predios que han arrasado con el mangle”. Tampoco considera el periodista y académico que haya riesgos de gentrificación, ya que la pobreza incrustada en las comunidades por tantos años de abandono, la inseguridad, la insalubridad y la falta de recuperación medio ambiental de la ciénaga, hacen que todo tipo de capital de cuello blanco se rehúse a invertir en la zona.

Según Romero, el proyecto es beneficioso si se hace en concertación con las juntas de acción comunal y los líderes barriales que combaten a diario con los embates de la miseria, y su aporte es vital para toda intervención congruente y coherente con el contexto. En sus palabras, el malecón debe estar complementado, ineludiblemente, con la terminación de la vía perimetral en su tramo prometido.

El esfuerzo en el que dependencias distritales como la Empresa de Desarrollo Urbano (EDURBE), el Establecimiento Público Ambiental (EPA) y la secretaría de Infraestructura se encuentran alineadas es en la estructuración planificada de la hoja de ruta a seguir para finalizar la vía perimetral; imponiendo orden en los asentamientos ilegales a orillas de la ciénaga. Ocupar el espacio público para salvar humedal de la crisis medioambiental que sufre desde hace muchos años.

Se estima que la inversión necesaria para entregar los 15,2 kilómetros contemplados desde el 2006 ronda una cifra entre los 600 y 900 mil millones de pesos. El distrito siempre apela a la Ley 1784 de 2016, popularmente llamada la ‘Ley del Sitio de Cartagena de Indias’, en donde se estableció que el Gobierno nacional debía proporcionar los recursos necesarios del Presupuesto General de la Nación para financiar diversos proyectos de la ciudad, dentro de los que se encuentra la terminación de la vía Perimetral. Uno de los elementos que fuentes de la administración establecen como una de las principales causas del abandono, es la imposibilidad financiera de la ciudad para tratar el problema sin la ayuda de la nación.

Los 4 kilómetros entregados hace 15 años ya se encuentran maltrechos con huecos de gran diámetro y puentes con desperfectos que obligan a reducir la velocidad de los vehículos y arriesgarse a las fauces de una moto de atracadores o de barricadas artesanales donde jóvenes en riesgo cobran peajes extorsivos en donde no entregan tiquetes ni facturas. La gente en Cartagena lo sabe y evita al máximo utilizar la desolada avenida.

Los líderes barriales denotan cierta frustración e impotencia ya que, con el pasar de los alcaldes, siempre llegan al mismo lugar común de los inacabables diseños y estudios, y la infinita gestión de recursos con la Agencia Nacional de Infraestructura y el departamento nacional de Planeación. Proyectos se envían y la espera de respuestas no llegan como se espera, mientras la ciénaga está anegada de basuras y de cambuches.

Ana María González Forero, directora del despacho de Cooperación Internacional de la Alcaldía de Cartagena, expresa con emoción que, frente a la dificultad presupuestaria que se deriva de esperar la intervención de entidades nacionales, se ha logrado que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) financie la intervención integral de la zona: el macroproyecto del parque distrital y malecón de la Ciénaga de La Virgen, y apoyar a la limpieza de canales, caños y lagunas, que permitan cimentar el retomar de la terminación de la vía perimetral.

Este cóctel de proyectos es una de las promesas hechas por el actual mandatario distrital, William Dau, cuando se posesionó de manera sui generis en una tarima levantada en la avenida perimetral, frente a centenares de habitantes que buscan hace años una mayor dignificación de sus condiciones de vida.

Un año y medio después de esa posesión mediática y pintoresca, muchos de los moradores de los barrios afectados denuncian que no ha habido cambios sustanciales que den solución a la contaminación medioambiental y a la falta de cultura ciudadana y de tejido social en la zona. El gestor barrial Frank Bertel exclama que “en los barrios hay potencialidades sociales y económicas que requieren ayuda del Estado. Si se salva a la ciénaga, regresará la pesca que permitía que nuestros padres y abuelos comieran sin pedir limosna ni atracar; además que hay iniciativas de reciclaje y ecoturismo llevadas a cabo, en gran parte, por pandilleros resocializados que buscan un mejor mañana”.

“Esa misma gente pujante que, a veces, ya está mamada de promesas políticas y electorales, se encinta el machete, se organiza, y nos vamos para la ciénaga a limpiarla de basura y podar la maleza, paños de agua tibia frente a la gravedad del problema, pero, algo es algo” señala Aniano Morales Blanco, mientras alista la cámara para perderse entre matorrales y zanjas, y grabar otro vídeo de denuncia que, próximamente, montará en su canal de YouTube.

El futuro de la ciénaga de La Virgen

En la ley 99 de 1993 se consagró la gestión pública del medio ambiente y la conservación de la biodiversidad en cada rincón del país. En ella se disponen las estrategias a seguir en materia programática, presupuestaria y ejecutiva para intervenir ecosistemas tan deteriorados como la ciénaga de La Virgen.

Sin embargo, para llevar a cabo dicha intervención integral y multidimensional en el territorio afectado se requiere mucha voluntad política y gubernamental. Además, los programas desde su fase de diseño y planificación necesitan el enriquecimiento que se genera en espacios de concertación con múltiples actores como los habitantes, la academia, el sector privado, la administración distrital, departamental y nacional, y las fundaciones y organizaciones no gubernamentales que hacen presencia en el territorio.

En Cartagena, funcionarios públicos de la secretaría de Infraestructura, fuera de registro, exponen que los esfuerzos están abocados a la terminación de la vía perimetral y la adecuación de los canales y caños. Para Bernardo Romero Parra se necesita precisar y reformular la estrategia, ya que “toca darle primacía a la intervención urgente de la crisis medio ambiental antes que el asfalto”.

Para Romero Parra no se necesita sopesar una de las alternativas sobre la otra, sino de equilibrar la inversión pública y el ímpetu gubernamental para que esa zona recupere su dignidad humana, tomando como modelo al Malecón del Río en Barranquilla y su transformación del contexto colindante. Sin embargo, agrega que “falta mucha iniciativa gubernamental, no parece haber políticas claras ni caminos a seguir”.

La misma incertidumbre comparten los líderes barriales que, a diario, caminan, limpian, graban, denuncian e incomodan en los despachos, pero que no se sienten escuchados ni que los problemas de la zona tengan la prioridad que, con asistir, mirar y oler, se puede afirmar que son críticos. “Si asistes a preguntar en Infraestructura cómo van los proyectos para la perimetral y la ciénaga, siempre es la misma retahíla de que están en fase de diseño. La zona necesita urgente el Plan de drenajes pluviales, pero es otro plan en diseño”, denuncia Frank Bertel, que se reparte su cotidianidad entre caños, la Alcaldía local y los despachos distritales.

Hay muchas personas en la ciudad que visualizan la sequía de la ciénaga y sus colores mortuorios, y huelen los olores nauseabundos que destila, y se acongojan, no solo porque se activa el ámbito moral, humanista y ciudadano de preservar el medio ambiente; también es un tema de proyección, ya que si el manejo hubiese sido otro o se implementarán las intervenciones mañana o en un mes, es probable que la zona recupere su hermosura natural y su gran potencial de desarrollo turístico, económico y social. Un escenario utópico con marinas, corredores náuticos, astilleros, restaurantes, hoteles, hostales, escenarios deportivos, colegios que no se caigan a pedazos y espacios de investigación académica como por ejemplo el estudio de biología marina. Eso, para los líderes que no pierden la fe, se puede lograr en un mediano y largo plazo si el abandono estatal cesa.

La ciénaga de La Virgen no es para Cartagena, como diría García Márquez, un trapito para bajar la olla caliente. Es el cuerpo de agua más importante de la ciudad y comparte su ciclo vital con 40 barrios y 160 mil personas, y subiendo; así como galopa la pobreza y la falta de vivienda de muchos que terminan ahí levantando su casucha y depredando el manglar. Solo la voluntad política que ejecute los proyectos, y la intervención psicosocial de cultura ciudadana en habitantes que se conviertan en agentes de desarrollo sustentable y cuidado ecológico, fomentará la dignificación del territorio y evitará mayores estragos.

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