
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
En las calles de Colombia hay cada vez más vehículos eléctricos. Solo en los tres primeros meses del año, según cifras de la Asociación Nacional de Movilidad Sostenible, se vendieron 9.360 carros, camionetas, buses y camiones que no funcionan con gasolina, diésel ni gas. La cifra ya supera a las ventas de todo 2024 y triplica las de los primeros tres meses de 2025. El Minminas estima que la demanda de gasolina en el país se ha reducido en un 2 %, en parte gracias al incremento de estos vehículos.
La movilidad eléctrica es apenas uno de los sectores que el gobierno de Gustavo Petro ha decidido impulsar como parte de su apuesta por la transición energética. Como hemos contado en estas páginas, durante los últimos años se ha incrementado el número de proyectos de energía solar, que ya superan el 10 % de la capacidad para generar electricidad de Colombia. Además, se espera que el segundo parque eólico del país empiece su construcción durante los últimos meses del año y entre en funcionamiento para 2027.
Pero sumar nuevas tecnologías y fuentes de energía no es suficiente para la transición energética. El Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC), un grupo de científicos de todo el mundo reunido por Naciones Unidas, ha sido enfático en señalar que es necesario reducir el uso de carbón, petróleo y gas, los principales responsables de las emisiones de gases de efecto invernadero que calientan el planeta. A diferencia de las energías renovables y la movilidad eléctrica, la salida de los combustibles fósiles es un aspecto en el que Colombia ha avanzado poco, de acuerdo con el observatorio Así va la energía, que monitorea los esfuerzos de varios países de América Latina en la mitigación del cambio climático.
A pesar de las dificultades que ha tenido para reducir su dependencia del petróleo, gas y carbón, desde 2023 Colombia ha liderado una iniciativa de más de 20 países que quieren lograr un acuerdo internacional con el compromiso de empezar a eliminar el uso de combustibles fósiles. La idea, aunque ha hecho eco entre organizaciones de la sociedad civil, no ha logrado el respaldo necesario para ser puesta sobre la mesa en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (la conocida COP), el escenario en el que se toman las decisiones sobre cómo enfrentar el cambio climático y reducir las emisiones contaminantes.
Ante ese resultado negativo, la discusión se traslada a la Primera Conferencia para la Transición Más Allá de los Combustibles Fósiles, un evento que se desarrolla desde el 24 al 29 de abril en Santa Marta. El objetivo de la reunión, a la que asisten cerca de 60 países dentro de los que están Bélgica, Brasil, Canadá y la Unión Europea, será discutir una hoja de ruta para que países dependientes del carbón, gas y petróleo como Colombia puedan abandonar estos combustibles sin un impacto grave a su economía y a sus sectores más vulnerables.
El evento se desarrollará en el Centro de Eventos del Hotel Estelar, las instalaciones de la Universidad de Magdalena y la Universidad Sergio Arboleda, y en el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar). Además del segmento de alto nivel, en el que se reunirán representantes de los gobiernos invitados, habrá una agenda académica, científica y de organizaciones sociales que impulsarán sus demandas para la transición energética.
El reto de la reunión, que tendrá un documento de cierre listo para el miércoles 29 de abril, será lograr propuestas concretas que llamen la atención de los países que hasta ahora no han mostrado su interés en apoyar la salida de los combustibles fósiles como China, Estados Unidos y Emiratos Árabes Unidos, que no participarán de la Conferencia.
Todo esto ocurre en medio de “un contexto geopolítico complejo”, como lo define Ximena Barrera Rey, directora de Asuntos de Gobierno y Relaciones Internacionales en WWF, al hablar del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, que ha ocasionado incrementos en el precio del petróleo y una tensión en la economía mundial.
Hablando entre “países interesados”
Hace algunas semanas, el Gobierno de Colombia presentó los primeros resultados de su política de transición energética en el corredor minero del Cesar. Allí, en los municipios que desde hace más de 2 años dependen de la minería de carbón, se implementaron varios proyectos para fortalecer sectores económicos diferentes al minero con el fin de recuperar los empleos y el flujo económico que dejó la salida de Prodeco, que explotaba dos yacimientos de carbón en la región.
Como contamos en este artículo, la estrategia dio los primeros pasos para la recuperación económica y ambiental de siete municipios. Sin embargo, todavía no se sabe de dónde saldrán los COP 60.000 millones que hacen falta para seguir con la implementación de esta política pública. Ante la falta de presupuesto del Gobierno, la continuidad de los proyectos que se empezaron a implementar el año pasado dependerá de la voluntad del próximo presidente o presidenta, según dijo la ministra de Ambiente (e), Irene Vélez, durante el evento en Valledupar.
Esta situación no es exclusiva de Colombia. De hecho, la financiación de políticas para la transición energética es uno de los temas clave de la Conferencia de Santa Marta. “Menos del 3 % del financiamiento para acciones climáticas se destina a la diversificación económica y la preparación de los países para la salida de los combustibles fósiles. El resto de los recursos se destinan directamente a proyectos de energías renovables”, explica Alex Rafalowicz, director de la iniciativa del Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, de la que Colombia hace parte. El tratado busca justamente promover un acuerdo con compromisos y fechas claras para dejar de utilizar combustibles fósiles.
El problema, como ha señalado el IPCC, es que el mundo no está cumpliendo sus compromisos para lograr limitar el incremento de temperatura a 1,5 °C para finales de siglo. Esto, que es crucial para evitar el colapso de los ecosistemas y la supervivencia, contrasta con el hecho de que “para 2030 se va a invertir en combustibles fósiles el doble de lo que la ciencia recomienda para cumplir el objetivo de los 1,5 °C”, advierte Barrera, de WWF.
La “Coalición de Países Interesados”, que promovió junto a Colombia la realización de la Conferencia de Santa Marta, parece entonces “una gran oportunidad para posicionar estos temas en la agenda internacional”, asegura Jhoanna Cifuentes, directora de ClimaLab, una ONG que promueve la transición energética en Colombia. Además de la cooperación internacional, los países discutirán cómo reducir su dependencia de los combustibles fósiles y qué acciones pueden tomar para cambiar la demanda de petróleo, gas y carbón.
Aunque las decisiones que se tomen en Santa Marta no son de obligatorio cumplimiento para los países, sí podrían ser un primer paso “para conformar un grupo de países comprometidos con esta tarea y que logren insumos para crear una hoja de ruta para abandonar los combustibles fósiles”, dice la investigadora de WWF Colombia.
Las acciones que se necesitan
Los resultados que se esperan de la Conferencia de Santa Marta hacen parte de unas “líneas de acción respaldadas por la ciencia. Todos estamos de acuerdo en que hay que mantener la temperatura por debajo de los 1,5 °C. Lo que falta es aterrizar las acciones de manera clara”, señala David Sánchez Rippe, quien también hace parte del equipo de WWF Colombia.
De hecho, en el primer día de la Conferencia, se lanzó el Panel de Expertos sobre la Transición Energética, que al igual que el IPCC, buscará reunir la mejor evidencia científica disponible para impulsar la hoja de ruta para abandonar los combustibles fósiles.
Una de las medidas que ha recomendado la ciencia, por ejemplo, es eliminar los subsidios a los combustibles fósiles, para redirigir esos recursos a otras áreas, como la implementación de energías renovables o la protección social de sectores que dependen económicamente del carbón, gas y petróleo. Otro aspecto, agrega Sánchez, tiene que ver con las industrias que más consumen energía, “como las siderúrgicas y la de producción de cemento. Tenemos que buscar formas de reducir su uso de gas y carbón”. Para esto, es necesario impulsar fuentes de energía alternativas que permitan cumplir la misma función de los combustibles fósiles en estas industrias.
También, explica Elisa Arond, investigadora asociada al Instituto Ambiental de Estocolmo (SEI, por su sigla en inglés), es necesario “revisar los mecanismos de financiación y cooperación internacional para la transición energética, que hasta ahora han sido, en muchos casos, inadecuados”.
En varios de estos puntos, Colombia ha avanzado poco, de acuerdo con el observatorio Así va la Energía. La eliminación de subsidios a los combustibles fósiles y planes para la salida del carbón, petróleo y gas son los aspectos en los que más atrasos hay, a pesar de que el país lidera la coalición que promueve este tema y alberga la primera conferencia que se hace para discutirlo.
El Gobierno, de acuerdo con la ministra (e) de Ambiente, Irene Vélez, espera tres resultados clave de la Conferencia. “Primero, una plataforma permanente de articulación entre países y actores comprometidos, que permita sostener el trabajo más allá del evento y acelerar decisiones concretas. Segundo, la conformación de un panel de científicos que acompañe técnicamente las transición energética y aporte evidencia robusta a los países y coaliciones. Y, tercero, un Reporte que sirva como contribución directa a la hoja de ruta de la Presidencia de la COP30 y al proceso hacia la COP31”, asegura la funcionaria.
Rafalowicz, de la iniciativa para un Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, cree que es clave que “un país como Colombia, que es productor de petróleo, pero a su vez no tiene grandes ingresos como las potencias globales, lidere este tipo de conversaciones”.
Sobre esto, Vélez dice que “nuestro principal objetivo es consolidar una coalición de países, gobiernos subnacionales, comunidades, academia, sector privado y sociedad civil que estén dispuestos a avanzar de manera concreta en la salida progresiva de los combustibles fósiles”.
Dentro de los países productores de petróleo que participan en la Conferencia se encuentran Australia y Noruega. También está Turquía, el anfitrión de la próxima COP de cambio climático. Sin embargo, Estados Unidos, Emiratos Árabes, Rusia y China, los principales productores y consumidores de combustibles fósiles, siguen ausentes de la conversación. Estos países, además, han sido los llamados a financiar la transición energética de países como Colombia, pues cuentan con los recursos necesarios para hacerlo.
Frente a esto, Barrera, de WWF, es clara en señalar que no se puede tratar de una “conferencia para el optimismo”, sino de un espacio de “alerta”. Lo que está en juego con las decisiones que se tomen de aquí a 2030, añade, “van a definir si un futuro climático habitable sigue siendo posible”. ¿Logrará Colombia liderar un acuerdo exitoso en Turquía?
🌳 📄 ¿Quieres conocer las últimas noticias sobre el ambiente? Te invitamos a verlas en El Espectador. 🐝🦜
