15 Jul 2021 - 7:25 p. m.

Computadores pegados en animales ayuda a resolver un misterio de extinción

Computadoras pegadas al caparazón de un caracol lobo rosado - una especie invasora en Tahití - mostraron cómo una especie nativa de caracol árbol logró sobrevivir a este depredador, que acabó con otras 50 especies de caracoles en el Pacífico Sur.

Redacción Ambiente

Medio Ambiente

Un grupo de científicos logró, con la ayuda de la tecnología, resolver uno de los misterios de extinción masivas más populares del mundo: el de los caracoles del Pacífico del Sur. La extinción de más de 50 especies nativas de caracoles inició en 1974, cuando las autoridades francesas, encargadas de administrar las Islas de la Sociedad del Pacífico Sur, introdujeron al caracol lobo rosado. (Lea: Una especie de ratón ‘resucita’ 150 años después de su extinción)

Esta especie de caracol tenía como función frenar la propagación del caracol terrestre africano gigante, que había sido llevado a estas islas en años anteriores para que sirviera como fuente de alimento. Sin embargo, el caracol lobo rosado acabó con otras 50 especies de caracoles nativos, por su rápido movimiento y por atacar y comerse a otros caracoles y babosas.

Y aunque la mayoría de las especies fueron extintas por el caracol lobo guerrero, hubo una que logró sobrevivir: el diminuto caracol Partula hyalina. Pero, ¿cómo consiguió hacerlo? Para entender este fenómeno, un grupo de investigadores de la Universidad de Michigan puso cuidadosamente pequeñas cámaras en los caparazones de algunos ejemplares de los caracoles lobo rosados. Otras de las cámaras las dejaron en el hábitat de las Partula hyalina.

Por medio de datos solares recopilados por medio de las computadoras, los expertos lograron determinar que el caparazón pálido de la Partula hyalina permitió a la especie evitar la extinción. “Muchos de los caracoles terrestres prefieren la sombra. El caracol lobo rosado de caparazón oscuro, como muchas especies, se secaría como una cecina si se dejara al sol (..) la literatura señala que la Partula hyalina se encontraba a menudo en los bordes del bosque, donde los árboles se adelgazan a la luz del sol”, dice el documento. (Puede leer: El oso panda ya no es una especie “en peligro”, dice gobierno chino)

A raíz de esa teoría, los científicos se preguntaron si el caparazón de la Partula hyalina, al ser tan pálido, podría reflejar y tolerar más luz solar y por eso las franjas soleadas del bosque podrían ofrecer un refugio seguro libre del lobo rosado. Pero, para poder determinar si esto era cierto o no, los expertos debían encontrar una forma de medir cuánta luz solar recibía cada especie al día.

Mientras tanto, en el laboratorio de ingeniería de la universidad David Blaauw se encargó de elaborar la computadora más pequeña. Sus sensores reciben datos con luz visible y los transmiten a través de una radio. Tiempo después, estos dispositivos fueron conectados a los caracoles carnívoros en Tahití. Los científicos estaban cada vez más cerca de entender este misterio.

Para que las cámaras resistieran el experimento, el equipo de Blaauw puso baterías solares, impermeabilizaron el sensor, los protegieron de la luz intensa y lo amortiguaron. En agosto de 2017, el equipo de investigación llegó a Tahití con 55 sensores para comprobar su teoría. (Le puede interesar: Se filtra el informe de la ONU sobre cambio climático y sus conclusiones son muy preocupantes)

“Los datos revelaron que los sensores en el hábitat de P. hyalina recibieron, en promedio, 10 veces más luz solar que los rosados caracoles lobo. Eso confirmó que las condiciones brillantes protegían a los caracoles pálidos de los depredadores rosados”, añade el texto publicado en la revista Communications Biology.

Con estos datos, los expertos esperan poder seguir impulsando estrategias para conservar al Partula hyalina, uno de los pocos caracoles nativos que logró sobrevivir a esta extinción masiva.

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