29 Oct 2020 - 6:31 p. m.

Detener pérdida ambiental es 100 veces más barato que recuperarse de una pandemia

En un nuevo informe del IPBES se estima que el gasto económico de futuras pandemias podría ser de 1 billón de dólares por año y la probabilidad de que surjan nuevos virus zoonóticos es alta, pues aún hay 1,7 millones de patógenos que habitan en mamíferos y aves que no se han descubierto.

Redacción Ambiente

Medio Ambiente

La pandemia del coronavirus que llegó al mundo en los últimos días de 2019 ya dejó cerca 44 millones de personas contagiadas y más de un millón de muertos en todo el mundo. Los sistemas de salud, la educación, la cultura y la economía colapsaron en la mayoría de países afectados y la posible solución aún es un tema de estudio para la ciencia. Lo cierto, es que esta es al menos la sexta emergencia sanitaria grande desde la pandemia de Influenza en 1918 y probablemente no será la última.

Así lo detalla el último informe de la Plataforma Intergubernamental de Ciencia y Política sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) que como primera conclusión de estos diez meses de pandemia ya sienta una primera idea clara: “sin estrategias preventivas, las pandemias vendrán más a menudo, se propagarán más rápidamente, matará más personas y afectará a la economía global con un impacto más devastador que nunca”, señala el documento publicado este jueves 29 de octubre.

Desde hace años, la ciencia ha sido clara en enfatizar que, aunque este tipo de virus tienen origen en diversidad de microbios transportados por reservorios animales, su aparición es impulsada principalmente por actividades humanas. Según el IPBES las causas subyacentes de la pandemia son las mismas que están generando el cambio climático y la pérdida de la biodiversidad, como el uso indebido de la tierra, expansión agrícola y la intensificación del comercio de vida silvestre.

Según el informe, casi el 100% de las pandemias como la influenza o el SARS han sido causadas por una transmisión zoonótica y podría ser hasta ahora el comienzo, pues se estima que hay 1,7 millones de virus que no se han descubierto y que habitan en mamíferos y aves, los hospedadores más recurrentes y de estos de 540.000 a 850.000 podrían infectar a los seres humanos. Cifras que se contraponen a la realidad del comercio de animales que, según el documento, afecta al 24% de especies de vertebrados terrestres silvestres que son comercializadas a nivel mundial.

Para Peter Daszak, presidente de EcoHealth Alliance, es claro que el riesgo de contagio que desencadenó la pandemia del coronavirus fue impulsado por los seres humanos. “No hay un gran misterio sobre la causa de la pandemia de COVID-19 - o de cualquier pandemia moderna-”.

Los costos de una pandemia y la inversión en conservación

Según el informe, el impacto económico de la epidemia del ébola de 2014 en África occidental fue de 53.000 millones de dólares y el costo estimado del virus zika en América del Sur y el Caribe de 2015 a 2017 fue de 7 mil millones a 8 mil millones de dólares. Cifras que el IPBES compara con la asignación financiera que se destina anualmente para la conservación de la biodiversidad mundial que es promedio de 78 mil millones a 91 mil millones de dólares.

Hasta el momento, según el estudio, el costo probable de COVID-19 ha sido de 8 a 16 trillones a nivel mundial y se estima que los costos, solo en Estados Unidos, podrían alcanzar hasta los 16 billones de dólares para el cuarto trimestre de 2021. En comparación, el IPBES advierte que el costo de reducir los riesgos para prevenir las pandemias con el aumento de normas de sostenibilidad ambiental es 100 veces menor a lo que se gastará la economía mundial en reparar los daños causados por las pandemias venideras que podrían llegar a gastar cerca de 1 billón de anuales.

Por esto, la estrategia debería estar puesta en la prevención de las pandemias y no en la respuesta en el momento en el que lleguen." Depender de las respuestas a las enfermedades después de su aparición, como las medidas de salud pública y las soluciones tecnológicas, en particular el diseño y la distribución rápidos de nuevas vacunas y terapias, es un ‘camino lento e incierto’, lo que subraya tanto el sufrimiento humano generalizado y las decenas de miles de millones de dólares en daños económicos anuales a la economía global por reaccionar a las pandemias", señala el documento.

Algunas recomendaciones para el cambio

El informe cierra con varias recomendaciones para abordar políticas de acción que permitan reducir el riesgo de las próximas pandemias. Inicialmente sugiere crear consejos intergubernamentales de alto nivel sobre prevención de pandemias tomar decisiones basadas en ciencia y evidencia sobre enfermedades emergentes.

De igual forma, se recomienda establecer metas y objetivos, en el marco de acuerdos internacionales, sobre conservación animal y de medio ambiente. Así como reducir los tipos de consumo, la expansión agrícola globalizada y el comercio que han dado lugar a pandemias; esto podría incluir impuestos al consumo de carne, la producción ganadera y otras formas de actividades de alto riesgo pandémico.

También se indica la importancia de reducir los riesgos de enfermedades zoonóticas en el comercio internacional de vida silvestre a través de una nueva asociación intergubernamental de “salud y comercio”; eliminar el comercio de especies de alto riesgo de enfermedades; mejorar la aplicación de la ley en todos los aspectos del comercio ilegal de vida silvestre y valorar la participación y el conocimiento de los pueblos indígenas y las comunidades locales en los programas de prevención de pandemias, lograr una mayor seguridad alimentaria y reducir el consumo de vida silvestre.

Para el IPBES es claro que el riesgo de las pandemias venideras puede reducirse significativamente cambiando las actividades humanas que impulsan la pérdida de biodiversidad. ¿La forma de lograrlo? Apostándole a una mayor conservación del medio ambiente con medidas que reduzcan la explotación insostenible en regiones de alta biodiversidad, lo que reducirá el contacto entre animales y humanos y ayudará a evitar la propagación de nuevas enfermedades.

“El hecho de que la actividad humana haya podido cambiar de manera tan fundamental nuestro entorno natural no siempre tiene por qué ser un resultado negativo. También proporciona una prueba convincente de nuestro poder para impulsar el cambio necesario para reducir el riesgo de futuras pandemias, al tiempo que beneficia la conservación y reduce el cambio climático”, concluyó Peter Daszak.

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