26 Apr 2021 - 2:08 p. m.

El corto “Save Ralph” nos recordó que hay animales sufriendo en los laboratorios

El cortometraje Save Ralph, que se hizo viral hace poco, trajo de nuevo el debate sobre la experimentación en animales. Reflexión sobre la urgencia de buscar alternativas al testeo en animales.

Sandra Rojas*

El cortometraje Save Ralph, estrenado el 6 de abril, se hizo viral debido a la forma como mostraba la vida de un conejo usado en testeo con fines cosméticos. A partir de la antropomorfización de este conejo se generó una empatía en la que nos proyectamos en la rutina de Ralph, sentimos su dolor, sufrimiento e incluso su resignación con la vida que le tocó. (Lea Las presiones detrás del desastre ambiental que vive la Amazonia)

La exposición del sufrimiento de los animales usados en experimentación (cosmética, científica o académica) no es nueva. Desde hace décadas es bien sabido lo que viven en los laboratorios. Pero este cortometraje tuvo una gran acogida debido a que la vida de Ralph nos recordó cómo hemos llegado a normalizar la explotación animal, en este caso, para el testeo cosmético.

Aunque se puede discutir qué tan fiel a la realidad es el video de Save Ralph, vemos el oxímoron de las leyes que, en general, hablan de ‘experimentación animal’ y ‘buen trato’. Luego de un procedimiento y como parte de los protocolos que aseguran su bienestar y cuidado en medio de prácticas que acortan sus vidas y los dañan con una crueldad inimaginable, estos animales son “sacrificados”, el eufemismo clásico del asesinato.

Una de las ideas tradicionales sobre el uso y “sacrificio” de estos animales es que los podemos utilizar como necesitemos porque los producimos, en este caso para obtener productos que no nos dañen y medicamentos. Así lo vimos con Ralph, quien señala que cumple la misma labor que sus antepasados y que morirá igual que ellos por el bien de seres superiores como los seres humanos.

La idea de la superioridad humana es de una perspectiva limitada, conveniente y utilitarista, pues considera la vida humana como valiosa por una excepcionalidad que fue refutada hace dos siglos por Darwin, e ignora al sujeto con el que se experimenta por una “irracionalidad” expuesta en la antigüedad y que los estudios en psicología, etología, neurología y demás áreas muestran como equivocada.

Al final del cortometraje vemos a un Ralph ciego y muy dolorido. Puede que muera en su siguiente “turno laboral”. En el campo de la farmacéutica y la academia, la muerte de animales “no es en vano”, pues es por el mejoramiento de la vida humana, una premisa bajo la cual la experimentación con animales se ha vendido como “necesaria” por una falsa idea de que es la última alternativa, a pesar de existir desarrollos que reemplazan el uso de animales, como los órganos en chip y las herramientas QSAR (modelos de relación cuantitativa de estructura-actividad que permiten predecir, a través de algoritmos, la respuesta biológica ante la toxicidad de compuestos).

Los procedimientos que causarán sufrimiento a los animales pasan por comités de ética animal y comités institucionales, organismos expertos en su cuidado y uso, por lo que la búsqueda de alternativas . Además, cuando se habla del sufrimiento de los animales, este no se puede anticipar, pues la intensidad de dolor es inconmensurable al ser una experiencia subjetiva e inaccesible por otro.

A pesar de que Save Ralph se enfoca en el uso de animales para fines cosméticos, nos invita a actuar frente a su utilización en todo tipo de experimentación. En Colombia podemos decir que actuamos ante el testeo de animales con fines cosméticos con la sanción de la Ley 2047 de 2020, que prohíbe la fabricación y comercialización de productos que hayan sido probados en animales; pero, además, entre las acciones inmediatas que podemos tomar, se encuentra cuestionar las prácticas clásicas de hacer ciencia. La tradición debe actualizarse y reevaluarse en un mundo que no acepta continuar con el uso a ciegas de los animales.

*Sandra Rojas es profesora de la cátedra de Bioética y Animales del Instituto de Bioética de la Pontificia Universidad Javeriana y es miembro del Observatorio Animalista. Es filósofa y magistra en Bioética.

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