15 Apr 2017 - 2:00 a. m.

El Escudo Guayanés: un mundo perdido en Colombia

En nuestro país están algunas de las rocas más antiguas del planeta. Con 1.300 millones de años y 800 metros de altura, estos ecosistemas albergan especies de flora y fauna que sólo existen allí.

Mariana Rolón Salazar.

Luego de su travesía en helicóptero, Juan Manuel Díaz llegó a un lugar remoto. Estaba parado en una de las rocas más antiguas del planeta, con 1.300 millones de años. Se trataba de un mundo perdido, virgen y poco explorado, el Escudo Guayanés en Colombia. Un territorio que se extiende por cuatro departamentos del país: Caquetá, Guainía, Vaupés y Vichada. Ni siquiera él, biólogo de la Universidad de los Andes y doctor en ciencias naturales, sabía de la existencia de este lugar tan inhóspito.

Si volteaba hacia los lados se perdía en la inmensidad del bosque, y si miraba hacia abajo se encontraba con un abismo de 800 metros de altura.

Luego de su expedición, Díaz se reunió con El Espectador para revelar los secretos que esconden estos ecosistemas y presentar el libro que de su viaje resultó: El Escudo Guayanés en Colombia. Un mundo perdido.*

¿Qué es el Escudo Guayanés?

El Escudo Guayanés, suena rara la palabra, pero tiene que ver con una de las formaciones geológicas más antiguas del mundo y tiene afloramientos en Colombia, Venezuela y Brasil. Pero principalmente en las Guayanas. Por eso se llama así. Se trata de unas rocas muy particulares que afloran a la superficie y forman una suerte de serranías que están inmersas en un contexto amazónico o de la Orinoquia.

Por ejemplo, la serranía de Chiribiquete, La Lindosa y los cerros de Mavecure. Lo particular es que toda la fauna y flora que está asociada a esas formaciones rocosas es antiquísima también. Y como son islas, tanto la fauna como la flora han permanecido millones de años aisladas, entonces se encuentran muchos endemismos. Sobre todo en la parte vegetal, donde hay plantas únicas.

¿Cómo fue su proceso de formación?

Cuando se formó el planeta, la tierra era muy caliente. Y muchas de las rocas estaban inicialmente en un estado líquido. Pero a medida que se fueron enfriando se fueron formando los famosos cratones: lo que llamamos los escudos. No quiere decir que esas rocas siempre han estado donde están hoy en día, pues los continentes se han movido, fraccionado, migrado, etc. Pero de todos esos fragmentos de rocas antiguas o escudos, el más antiguo de Suramérica es el de Colombia.

Y son pocos los lugares donde todavía aflora la roca original. Por eso son islas, muy distanciadas unas de otras. Así como los parientes más cercanos de la flora y la fauna están a muchísimos kilómetros. Y como no hay comunicación ni intercambio genético, se van creando especies nuevas, aisladas unas de otras.

Podríamos hablar entonces de que Colombia tiene las rocas más antiguas de Latinoamérica.

Sí, y del mundo. Rocas más antiguas, de pronto en el cratón de Corea, que puede tener 1.800 millones, pero es una diferencia mínima. Las de acá tienen entre 1.200 y 1.300 millones de años.

Más allá de la edad de estas formaciones, lo interesante es la fauna y la flora que sólo existen aquí.

¿Por qué podríamos llamar a este territorio un laboratorio de la evolución?

Precisamente es un laboratorio porque allí, al estar esos afloramientos rocosos tan aislados unos de otros, muchos elementos de la fauna y la flora no tienen medios de dispersión para atravesar esa barrera, porque es un ambiente completamente distinto a aquel en que se encuentran. A no ser que sean plantas que tienen semillas que vuelan y el viento las transporta kilómetros y kilómetros, están confinadas. Todo el ciclo reproductivo se lleva a cabo ahí, entonces, al pasar muchos años, se diferencian unas especies de otras. Es lo que se conoce como especiación geográfica: al cabo de millones de años de no haber intercambio genético, acaban volviéndose especies distintas unas de otras.

¿Por qué se habla de un período de evolución de 120 millones de años?

Porque hace 120 millones de años estábamos pegados a África. Cuando se fraccionó Gondwana (África), una parte se volvió América del Sur y la otra África. Entonces parte del escudo se quedó del otro lado. Por eso los parientes más cercanos, fuera de América del Sur, se quedaron en África.

¿Cuál cree que es la razón por la que el hombre no ha llegado a explotar la tierra, siendo una región tan rica?

La roca tiene una particularidad y es que se erosiona y se vuelve arena. Además tiene mucho aluminio y se vuelve un poquito tóxica. Entonces, alrededor de las formaciones rocosas, los suelos que hay no tienen ningún potencial agrícola ni ganadero. Allá hay presencia de plantas carnívoras. Eso es un indicativo de que el suelo es muy pobre y a la planta le toca rebuscarse la comida con insectos, porque el suelo no le da suficiente.

Igualmente es un pronóstico favorable para la preservación en Colombia.

Para estos sitios, sí. No tanto para los que están bajo la figura de parque nacional sino para los que están bajo resguardo indígena; esos se cuidan mejor que los parques. Para el turismo, toca hacer un plan de ordenamiento. Obvio, vale la pena ir a conocerlo, no es que se le blinde a todo el mundo, pero hay que hacerlo de una manera ordenada. Zonas que se puedan declarar intangibles, que se permita la entrada. Hacer senderos interpretativos, tener guías bien entrenados y poner cuotas.

¿En este momento hay alguna entidad que lo esté conservando?

Buena parte de lo que es ese escudo en Colombia está dentro del sistema de áreas protegidas. La actividad humana, sobre todo la extractiva, está muy controlada, o está en resguardos indígenas, que también son una manera de conservar. Pero sí hay un temor grande con la apertura del ecoturismo.

* Este libro contó con el patrocinio y la publicación del Banco Occidente.

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