Durante años, los científicos han pensado que la diversidad de frutos y semillas de las plantas con flores apareció después de la extinción masiva que acabó con los dinosaurios hace 66 millones de años. La idea era que, tras el impacto del meteorito y la reorganización de los ecosistemas, las angiospermas (el grupo al que pertenecen prácticamente todas las plantas con flores actuales) aprovecharon los nuevos nichos ecológicos y desarrollaron distintas estrategias para dispersar sus semillas mediante el viento, el agua o los animales.
Sin embargo, una nueva investigación publicada en Science, referencia de la mejor ciencia del mundo, pone en duda esa hipótesis. Científicos de la Universidad de Berkeley cuentan que analizaron un bosque fósil en lo que hoy es Nuevo México (Estados Unidos). Básicamente, analizaron semillas enterradas bajo ceniza volcánica de 74,6 millones de años, justamente casi 10 millones de años antes del impacto catastrófico del meteorito.
En el yacimiento, los científicos identificaron cerca de 80 tipos distintos de diásporas, el nombre que reciben las estructuras con las que una planta dispersa su descendencia, como semillas o frutos. En el estudio se lee que los fósiles muestran una sorprendente variedad de tamaños y formas, comparable con la que se observa en registros mucho más recientes del Cenozoico. El tamaño promedio de estos frutos era similar al de un arándano, lo que sugiere que muchas plantas ya invertían una cantidad considerable de energía en producir estructuras reproductivas relativamente grandes. “Nuestros resultados demuestran que, al menos en algunos entornos cálidos y húmedos durante el Cretácico Superior, mucho antes del límite de extinción por 10 millones de años, las angiospermas ya estaban invirtiendo más recursos en diásporas individuales y formando densos bosques”, dijo, citado en una nota de prensa, el autor principal y estudiante de doctorado de la UC Berkeley, Jaemin Lee.
En palabras más sencillas, unos 10 millones de años antes de que el meteorito que acabó con los dinosaurios impactara la Tierra, las plantas con flores ya estaban produciendo frutos y semillas más grandes y especializados. Es decir, ya invertían más recursos en su reproducción y habían desarrollado distintas estrategias para dispersar sus semillas, además de formar bosques densos muy similares, en algunos aspectos, a los actuales.
Lo más llamativo es que, según los autores, esta diversificación no habría sido una respuesta a la extinción de los dinosaurios. En cambio, pudo estar relacionada con la transformación de los propios bosques del Cretácico, donde las plantas con flores comenzaron a formar ecosistemas más densos, húmedos y sombreados. Ese nuevo ambiente habría favorecido la aparición de distintas estrategias reproductivas.
Los hallazgos también ofrecen pistas sobre la relación entre las primeras plantas con flores y los animales. Según explicó la paleobotánica Cindy V. Looy, no resulta extraño que hace 75 millones de años existieran animales capaces de alimentarse de frutos carnosos, pues otras plantas con semillas ya producían estructuras similares desde mucho antes. Lo novedoso es que las evidencias muestran que esos animales también estaban consumiendo frutos de las angiospermas, algo que hasta ahora no se creía que ocurriera tan temprano en la historia evolutiva. Sin embargo, aún no está claro qué impulsó el aumento del tamaño y la diversidad de los frutos y semillas de las plantas con flores.
Los autores plantean entonces que probablemente no existió una única causa, sino una combinación de factores ecológicos, y que distintos grupos de angiospermas pudieron haber seguido caminos evolutivos diferentes.
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