5 Feb 2021 - 4:30 p. m.

“El progreso en Latinoamérica necesita respetar los límites de la naturaleza”

Así lo señalaron personas expertas en medio ambiente durante la primera cátedra Repensar Nuestro Futuro.

Centro ODS para América Latina y el Caribe (CODS)

Degradación de los suelos, deforestación acelerada, contaminación en las grandes ciudades, riesgo de extinción de miles de especies y cambio climático: estos son tan solo algunos de los problemas que enfrenta la región América Latina y el Caribe de cara a la crisis ambiental por la que está atravesando el planeta. Los cambios, tanto éticos como políticos, no dan espera. Así lo explicaron los ponentes de la primera sesión de la cátedra “Repensar el futuro de América Latina y el Caribe: alternativas para la transformación social-ecológica”, dirigida por Manuel Rodríguez Becerra, exministro de Ambiente y profesor emérito de la Universidad de los Ande y creada por el Foro Nacional Ambiental (FNA) en asocio al Centro ODS y otras instituciones.

La primera sesión tuvo como base el libro “La tragedia ambiental que vive América Latina y el Caribe”, publicado en octubre de 2020 por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) y producto de la reflexión colectiva de 21 ambientalistas con larga tradición en la región. En esta ocasión a Rodríguez Becerra lo acompañaron Nicolo Gligo Viel, director del Centro de Análisis de Políticas Públicas del INAP de Chile; Julio Carrizosa Umaña, integrante del Comité Asesor del Foro Nacional Ambiental; José Luis Samaniego Leyva, director de la División de Desarrollo Sostenible y Asentamientos Humanos de la CEPAL y Margarita Marino de Botero, integrante de la Comisión Mundial del Medio Ambiente y Desarrollo.

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La tragedia es real

El informe de la Cepal revela algunas cifras preocupantes sobre la situación de la región: “hacia 2010, más del 40% de los bosques de América Latina y el Caribe (650 millones de hectáreas) ya habían sido completamente deforestados (350 millones) o se encontraban muy degradados (300 millones) Los motores de este cambio incluyen la agricultura a gran y pequeña escala, la infraestructura y la minería. Como consecuencia, la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero en la región no se generan a partir de energía, sino por el uso de la tierra, el cambio de uso de la tierra y la silvicultura”.

En relación a las emisiones, el informe también señala que “de las 4,6 gigatoneladas estimadas de CO2 equivalente emitidas en América Latina y el Caribe en 2012, más de la mitad se asociaron con la agricultura, la silvicultura y otros usos de la tierra. De acuerdo con

los escenarios de cambio climático, incluso considerando un marcado descenso de las tasas de deforestación, se prevé que en 2050 las emisiones regionales alcanzarán casi 5,3 gigatoneladas de CO2 equivalente al año (6,7 toneladas per cápita). La agricultura, la silvicultura y otros usos de la tierra contribuirán con más del 30% del total”.

La situación en el mundo, como lo explicó el profesor Becerra, también es preocupante: “La muerte de más de la mitad de los corales en el mundo y la destrucción de la selva amazónica son tan solo dos ejemplos que pueden significar un colapso para los ecosistemas. En el caso de la Amazonia, se corre el riesgo de desestabilizar los ciclos del agua, así como los ríos aéreos, los cuales son claves para toda la estabilidad hídrica de la región”.

Como explicó Rodríguez Becerra, la concepción de desarrollo sostenible toma como punto de partida la premisa de que la naturaleza le impone unos límites al desarrollo económico. No obstante, los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) “quizás no sean suficientes porque no tocan puntos esenciales para cambiar el modelo económico vigente”. Se necesita, según el profesor, una “transformación socio ecológica en América Latina y el Caribe”. Es necesario, agregó, que los países trabajen por acuerdos que contribuyan directamente a proteger ecosistemas estratégicos, como lo es el de Escazú, el cual busca, a través de la información, participación y justicia ambiental, construir las bases para un futuro sostenible.

Infortunadamente, como dijo Rodríguez Becerra, empoderar a la sociedad civil no es fácil cuando la mayoría de líderes ambientales asesinados en el mundo eran de América Latina y el Caribe. Según Global Witness, Colombia ocupó el primer lugar de líderes ambientales asesinados, pues se registraron 64 muertes en 2019. Del total de muertes, 45 ocurrieron porque los líderes se opusieron al uso de sus tierras o control del territorio para actividades que van en contra del medioambiente.

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Por un buen vivir

De acuerdo con Nicolo Gligo Viel, coautor del libro “La tragedia ambiental que vive América Latina y el Caribe”, la calidad de vida para la mayoría de la población genera directamente mayores emisiones de Gases Efecto Invernadero (GEI). Ese progreso, dijo, ha generado que la población de la región haya dejado de lado el “patrimonio natural” como un requisito para tener calidad de vida. El problema de seguir con esa vía, agregó, es que representa un “suicido ambiental”, pues el progreso se ha basado en la sobreexplotación de los recursos naturales.

Es necesario, según Gligo Viel, un cambio estructural para que el medio ambiente no sea una preocupación marginal sino un sujeto político y una condición de bienestar como lo es la salud humana, por ejemplo. La idea de buen vivir, por ejemplo, no contempla la acumulación de riqueza o recursos, sino una calidad de vida con estándares diferentes y con una ética ecológica. “Es importante que seamos conscientes de lo que tenemos, de nuestros ríos, de nuestros bosques, de lo que significan. Necesitamos ciudadanías vinculantes y nuevos ordenamientos territoriales que permitan proteger los ecosistemas, estableciendo límites y nuevas formas de hacer uso de los suelos”.

Por otro lado, el expositor señaló que el conocimiento científico y tecnológico deben adecuarse a las necesidades ambientales de los ecosistemas de la región. No se trata, agregó, de utilizar la tecnología para seguir explotando los recursos naturales, sino que es necesario buscar una adaptación de la tecnología para resolver los problemas de la región. Los cambios no se pueden limitar a las campañas políticas y publicitarias de “lo verde”, sino que es necesario revisar el modelo económico a profundidad, dijo Gligo Viel. Por eso mismo, la gestión ambiental debe ir más allá de lo que desde el Estado definen como ambiental y tiene que abrirse una discusión sobre las medidas económicas y sociales y sus impactos en los ecosistemas.

En segundo lugar, Margarita Marino de Botero, integrante de la Comisión Mundial del Medio Ambiente y Desarrollo, señaló que a este debate es necesario agregar que existen unos reclamos sociales de prosperidad por poblaciones históricamente marginadas. Son personas, agregó, que quieren desarrollar sus vidas y contar con oportunidades. En ese sentido, es necesario pensar cómo se pueden hacer reformas que permitan tanto una transición ecológica como social. En América Latina y el Caribe, agregó, tenemos una historia de pensamiento ambiental que tiene más de 50 años y por la cual se han identificado los retos y la necesidad de proteger diferentes ecosistemas y culturas que hacen parte del ADN de la región.

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Desarrollos alternativos

Para Julio Carrizosa, reconocido ambientalista y profesor en América Latina, es cierto que no podemos “seguir repitiendo las instrucciones que nos llegan de otros países para administrar nuestros recursos naturales”. Y agregó que, como lo dijo el Papa Francisco en el Laudato si, lo social y lo ecológico están unidos y por eso mismo es necesario pensar en nuevos conceptos para afrontar la crisis ambiental. Actualmente existe lo que él llama una “simplificación del pensamiento” y basta con ver el concepto de desarrollo y cómo los países de la región la han utilizado sin tener en cuenta las consecuencias de ese modelo a futuro.

El cambio, además de político, necesita ser ético, estético y cognitivo, agregó Carrizosa. “Necesitamos liberar nuestras mentes para entender que lo político y lo económico son dos aspectos de nuestras vidas, pero los seres humanos también buscamos la bondad, la belleza; no solamente estamos tras maximizadores de poder y dinero. Si consideramos a los ecosistemas como un todo integral con nuestra realidad, podemos modificar esos procesos que nos están llevando a un suicidio colectivo. No simplifiquemos más la realidad y liberemos nuestras mentes”.

En último lugar, José Luis Saramiego, director de la División de Desarrollo Sostenible y Asentamientos Humanos de la Cepal, agregó que este es un momento crucial para integrar las preocupaciones económicas a la dimensión ambiental. El paradigma del buen vivir, dijo, está lejos de los instrumentos bajo los cuales los países suelen medir el progreso, es decir, el PIB, “pues el buen vivir tiene límites, no se trata de acumular sino de vivir bien y en comunidad”. Por eso, agregó, es clave que en América Latina se definan los límites naturales, se midan los flujos y los PIB por lo menos comiencen a reflejar las consecuencias naturales de la explotación de los suelos. Y otro aspecto relevante, y quizás igualmente complejo, es que la sociedad establezca una nueva relación con la naturaleza, de lo contrario, los planes de ordenamiento territorial y otras medidas estatales se quedarán cortas.

*No se pierda las siguientes sesiones de la cátedra “repensar nuestro futuro”.

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