8 Sep 2020 - 1:40 a. m.

Erosión vía Salamina-El Piñón: A punto de un desastre en el Caribe

La Vía de la Prosperidad alteró la dinámica del caudal del río Magdalena y ahora la obra tiene riesgo de romperse. Un nuevo trazado de 80 metros y el dragado en un islote son las soluciones para evitar que 300 mil hectáreas se inunden.

Al bajar el puente Pumarejo, desde Barranquilla hacia Ciénaga (Magdalena), comienza la Vía de la Prosperidad, una carretera que pretendía prevenir las inundaciones de los municipios ribereños del Magdalena y dinamizar su comercio y economía. Bordeando el río, la calzada recorre 11 municipios, entre los que están Salamina, El Piñón, Plato, Remolino y Palermo. Pese a ser uno de los negocios más grandes de los últimos 50 años en el departamento, su construcción alteró las dinámicas del caudal del río generando problemas ambientales, entre ellos la erosión en algunos tramos.

Uno de esos puntos afectados está en la vía que conecta a los municipios de Salamina y El Piñón. En el kilómetro 2,4 de esta carretera, el domingo 30 de agosto cerca de 100 metros cúbicos de terreno cedieron al río, dejando su caudal a solo dos kilómetros de las casas de algunos de los habitantes de El Tamarindo, una de las zonas más populares de Salamina. Una semana después, el 5 de septiembre, el aumento del nivel del río por las lluvias amenazó otro punto de esta misma calzada. El desprendimiento progresivo del talud en el kilómetro 2,1 siguió cediendo y el caudal quedó a solo un metro de la vía.

En este tramo de la carretera la presión que ejerce el río Magdalena es de 7.246 metros cúbicos por segundo y cerca del 80 % de su caudal está inclinado hacia la orilla occidental, agudizando la erosión. Desgasta con tanta fuerza la carretera que, incluso, amenaza con desaparecer a Salamina. Pedro Pablo Jurado, director de Cormagdalena, explicó que de ceder la vía otros 10 metros cuadrados inundaría entre 100 mil y 300 mil hectáreas del municipio, poniendo en riesgo a las más de 16 mil familias que viven allí. Además se dañarían sus cultivos -principalmente de maíz y yuca-, más de 200 mil cabezas de ganado y provocaría la pérdida de flora y fauna.

Aunque el riesgo es latente para estas poblaciones, por el aumento del caudal del río Magdalena, desde hace un año Salamina está en alerta roja por una posible inundación que, además, amenaza a otros dos municipios: Pivijay y Remolinos. La erosión no es algo atípico en esta carretera. En los últimos años se han ido formando islotes por los efectos de la sedimentación que impidieron que el río siguiera su curso natural. “Esto ha generado que la corriente tenga una mayor fuerza y choque en la zona afectada (…). En este caso la erosión se focalizó en un punto determinado y pudo ocurrir que ya estuviese debilitado”, señaló en uno de los informes Humberto Ávila, director del Observatorio del Río Magdalena de la Universidad del Norte.

Ahora que el río amenaza con desaparecer a las poblaciones asentadas en ese tramo, varias entidades trabajan para contrarrestar los efectos de la erosión, a pesar de que desde hace algunos años habían advertido del peligro que representaba construir una carretera en esta zona del Magdalena. Una de las primeras fue Sandra Morelli. En 2013, cuando fungía como contralora general, señaló que “la Vía de la Prosperidad, a pesar de que está prevista para funcionar como un dique y defender al Magdalena de las inundaciones, su construcción implicará impactos negativos para la flora y la fauna (…). No queda claro cómo podrá ser una solución de fondo para las inundaciones. Para protegerlas se necesitarán otras obras de hidráulica que requerirían grandes inversiones”.

A la advertencia de Morelli se sumó la del Instituto de Estudios Hidráulicos y Ambientales (Ideha), de la Universidad del Norte, que en uno de sus estudios señaló que al construir una carretera a menos de 500 metros del río, esta generaría graves inundaciones. Además, en asocio con Cormagdalena, determinó que esta área es de baja resistencia a la sedimentación e históricamente ha presentado variaciones de erosión por su naturaleza inestable. Sin tener en cuenta estos resultados ni los contratados por la Alcaldía de Salamina, en los que aseguraban que el suelo de la zona era inestable, comenzó la proyección de la ampliación de este tramo de la vía.

De los 53 kilómetros de Vía de la Prosperidad que prometió entregar el entonces gobernador del Magdalena, Luis Miguel Cotes, solo 18 están funcionando. Un proyecto que, en vez de dinamizar el comercio y la economía entre los municipios como se prometió, ha degradado la biodiversidad de la región. Para su construcción debió modificarse el terreno porque, por sus características naturales, era muy débil para soportar el peso del concreto, lo que generó que el suelo se fuera degradando. Los manglares fueron una de las especies más afectadas por estas transformaciones.

Las poblaciones de cangrejos azules también se han visto perjudicadas por esta vía. Durante su proceso migratorio intentan cruzar la Circunvalar de la Prosperidad y mueren al toparse con un separador de cemento que aísla la ciénaga de la playa. En cuanto a las aves migratorias que vienen de Norteamérica, ya no estacionarán en esta zona por el fuerte ruido que provocan los autos de la carretera.

Mientras el caudal del río sigue creciendo, las autoridades buscan una estrategia para solucionar a corto plazo la fragmentación de la carretera y evitar un desastre como el de 2010, cuando se rompió el Canal del Dique, en el que 100 mil personas resultaron damnificadas, 14 municipios de Bolívar inundados y 35 mil hectáreas productivas destruidas. Jurado aseguró que ya está en marcha una estrategia, en la que está un nuevo trazado de 80 metros y el dragado en uno de los islotes.

“La Unidad Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) suministra los equipos para las labores de dragado; el Invías restablece la comunicación terrestre entre ambos municipios y adelanta las actividades para el nuevo trazado de la vía, y en Cormagdalena nos encargamos en realizar las mediciones del caudal, su velocidad y el monitoreo permanente del río para la asistencia técnica”, añadió.

El lunes 7 de septiembre comenzó la estabilización de la orilla y el miércoles, 9 de septiembre, llegarán los contenedores que movilizarán el sedimento del dragado hacia el talud. ¿En qué consiste el plan? Según Jurado, la primera fase es una operación de inducción de dragado en la isla ubicada en el sector El Tamarindo que permita una distribución de los caudales para que la corriente fluya uniformemente y no se concentre en la bancada. Un proceso que estabilizaría la orilla. Sin embargo, Rafael Martínez, exalcalde de Santa Marta, denunció en sus redes sociales que esta labor no ha comenzado.

“Luego de asumir el compromiso en el Consejo Departamental para la Gestión del Riesgo de Desastres no han iniciado el dragado (…) los trabajos están en riesgo, ya que la erosión no cesará mientras no inicien las obras de dragado y mitigación contratadas también por la UNGRD”, añadió. Mientras inicia el dragado, la Unidad ya está ejecutando la segunda fase, que es una obra de contención para frenar el socavado en el kilómetro 2,4 de la vía Salamina-El Piñón. La tercera, realizada por el Invías, es el traslado de la vía afectada. Para ello se deberán adquirir nuevos predios y hacer un nuevo trazado de 80 metros de vía.

Estas tres acciones, contó Jurado, contarán con una inversión de $3.700 millones, que serán financiados por la UNGRD. “Un convenio existente entre el Invías y la Gobernación del departamento debe asignar otro monto, probablemente cercano a los $9 mil o $10 mil millones”, dijo. La prioridad en este momento son los kilómetros 2,1 y 2,4 de la vía que conecta a Salamina con El Piñón, sin embargo, a lo largo de los 36 km de carretera deberán intervenir otros puntos que también están amenazados de desaparición por la erosión.

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