9 Apr 2021 - 10:05 p. m.

Expedición Guaviare 2021, ciencia en el territorio después de un año de pandemia

Un grupo de científicos, investigadores y representantes de comunidades y organizaciones locales, recorrieron 820 kilómetros del río Guaviare para descubrir su biodiversidad y estudiar su población de delfines de río. ¿Cuáles fueron los hallazgos?

Por: María Isabel Henao, Laura Villamil (WWF Colombia)

Durante dos semanas de marzo de este año, en un recorrido de 820 km por el río Guaviare, un grupo de 30 científicos, líderes comunitarios y comunicadores, convocados por WWF y la Fundación Omacha hicieron una labor inédita: levantar información sobre la biodiversidad del río, en un territorio inexplorado y recóndito en el límite entre las sábanas de la Orinoquia y la selva Amazónica.

Para llegar allí, tanto ellos como otros 7 tripulantes, se sometieron a pruebas de Covid-19 con la añoranza de reencontrarse con la ciencia de siempre, esa que muchos de los expertos a bordo dejaron de experimentar por más de un año por cuenta de aislamientos y medidas de bioseguridad. Provenientes desde ciudades como Bogotá, Ibagué, Armenia, Medellín y Cali, los expedicionarios, en su mayoría expertos de más de nueve instituciones científicas y académicas, llegaron a la ciudad de Inírida, capital del Guainía, para empezar un trayecto con un destino final —el municipio de Barranco Minas.

Su propósito era establecer el estado y abundancia de la población de delfines de río en el área, y hacer por primera vez el registro de las especies animales y vegetales de este lugar que estuvo vetado para la ciencia durante años debido al conflicto armado. El plan incluía instalar un transmisor satelital en un delfín Inia geoffrensis (especie catalogada En peligro de extinción) dentro del programa de Conservación de Delfines de Río de Suramérica SARDI, y recolectar muestras de tejidos en peces de consumo humano y en delfines para determinar el grado de concentración de mercurio en sus organismos.

Para expedicionarios como William Vargas, botánico de Paisajes Rurales, este viaje significaba la posibilidad de pisar las enigmáticas selvas bajas orientales del país que habían aparecido cientos de veces entre sus libros y sesiones de estudio, pero que le habían sido esquivas en la realidad.

“Las selvas inundables tienen una dinámica muy particular porque cuando sube el río, el agua llega dos o tres metros por encima del nivel del suelo. Yo sabía la teoría, pero no había estado allí. Así que para mí, esta experiencia fue poder aportar información sobre una zona de la cual no existen colecciones botánicas o registros previos”, cuenta el experto, convencido de que esa no solo fue una ganancia para el grupo de plantas, sino para todos los demás, teniendo en cuenta que son pocos los científicos que han llegado hasta allí.

Y para cumplir sus objetivos, los integrantes de la expedición debían enfrentar un desafío grande: mantenerse a salvo de un posible contagio y tener el mínimo contacto posible con los habitantes de las áreas de influencia de ese río que marca un punto de encuentro entre la Amazonia y la Orinoquia. Un reto considerable para los expedicionarios, quienes tuvieron que compartir, en el primer piso de la embarcación, un único baño y un espacio de sueño y trabajo que se calculaba en 17 metros de largo y 5 metros de ancho.

Casi hacinados, sí, pero también felices de poder estar allí. Así lo cuenta Fabio Zabala, experto en herpetos de la Fundación Proterra, quien luego de pasar extensas jornadas haciendo muestreos de anfibios y reptiles —sin repelente ni protección química para no afectar a los individuos—, volvía a la embarcación para ordenar sus muestras y, posteriormente, poner una hamaca sobre la zona en la que reposaban sus instrumentos de trabajo: desde los sueros antiofídicos y el alcohol, hasta el gancho y la bitácora.

Y como él, en la noche todos extendían las hamacas en el mismo lugar en el que habían desplegado las mesas de trabajo en el día, con la certeza de que esas pequeñas incomodidades no se comparaban con las alegrías de escuchar a los monos aullando al amanecer; ver a las guacamayas cruzando el cielo; recorrer las playas amplias y descubiertas que caracterizan el paisaje en la temporada de aguas bajas, y avistar los delfines en el cauce principal.

El marcaje del delfín de río

Sacar muestras biológicas, instalar un transmisor de marcación satelital y liberar a un delfín de río, es una tarea dispendiosa y compleja, pero representa la posibilidad de poder seguir a estos cetáceos en tiempo real, y acceder a información clave para su protección. Por eso durante la expedición, un grupo, conformado por 8 biólogos de la Fundación Omacha y WWF Colombia, se dieron a la tarea y lo lograron: instalaron un transmisor tipo “arete” en una hembra y ya están recibiendo datos de sus desplazamientos.

La información recaudada por este transmisor satelital, será un insumo clave para analizar mejor los sitios de reproducción de esta especie pues la hembra aún se está desplazando con su cría, como explica Fernando Trujillo, Director de la Fundación Omacha y quién lideró la instalación. Este transmisor se suma a otros 35 dispositivos similares instalados en delfines de río en Suramérica en los últimos cuatro años y a través de los cuales se busca que se puedan establecer mejores políticas para su conservación.

Además de la marcación, y el análisis poblacional de los delfines en este tramo del río Guaviare, en esta ocasión los científicos hicieron una segunda estimación de abundancia de delfines para establecer si sus poblaciones se incrementaron, redujeron o mantuvieron desde 2016, cuando ambas organizaciones navegaron el río Guaviare, desde San José del Guaviare hasta Inírida (1,080 km).

Un territorio inexplorado

De acuerdo con Saulo Usma, Especialista en Agua Dulce de WWF, “En esta expedición le apuntamos también a un llamado de la Corporación Ambiental CDA y la Gobernación del Guainía para incrementar el conocimiento de la diversidad de plantas y animales del río Guaviare”, apunta Usma.

Atendiendo este llamado, Francisco Villa, ictiólogo de la Universidad del Tolima, se apuntó en la expedición. Por primera vez durante la pandemia, pudo regresar a campo, esa palabra que, al pronunciarla, revela en él un tono de satisfacción. “Estuvimos un año guardados en la casa esperando a que en algún momento se abrieran las puertas y pudiéramos volver a salir a campo. Cuando me invitaron fue algo muy sorprendente”, cuenta.

Añade que al recorrido por el río Guaviare no solo acudieron expertos de todos los grupos de flora y fauna, sino también los líderes de algunas de las comunidades ribereñas. “En mi caso particular, tener personas de la comunidad para estudiar peces ayuda muchísimo, porque el conocimiento que ellos tienen de la zona, cómo pescar, qué tipo de artes se usan, en qué lugares, a qué horas, nos facilita el trabajo y nos abre el conocimiento de manera sorprendente. Lo que nos podría llevar años de estudio, lo resolvemos ahí de una manera más amigable y más sencilla”.

Hallazgos preliminares

A bordo del barco, en medio de mesas, sillas e instrumentos de trabajo como redes de pesca y de niebla, formol, baterías, bolsas, linternas, y cámaras, estuvieron herpetólogos, mastozoológos, ictiólogos, ornitólogos, entomólogos y botánicos. Todos, entrando y saliendo de la embarcación de acuerdo a sus horas de muestreo. ¿Qué encontraron?

De manera preliminar, explican los expertos, observaron 188 delfines en seis días de esfuerzo, lo que marca una ligera disminución en el número de encuentros con delfines en 2016. No encontraron primates ni tortugas, y vieron pocas aves acuáticas. Al mismo tiempo, notaron más personas y asentamientos a lo largo del recorrido, y se registraron una gran cantidad de redes de pesca que hasta 2016, estaban prohibidas.

Los resultados preliminares muestran 40 especies macroinvertebrados acuáticos, 71 especies de peces, entre ellas, una endémica, cuatro migratorias, nueve con importancia pesquera y 10 con importancia ornamental. También encontraron 186 especies de aves, que equivalen al 40% de la avifauna de la Orinoquia colombiana y significan un valor adicional para la implementación de proyectos de aviturismo liderados por las comunidades locales.

A estos hallazgos se suman 18 especies de anfibios y 20 de reptiles y 700 ejemplares botánicos que serán identificados en la colección del Herbario Amazónico Colombiano COAH del Instituto Sinchi.

En medio de una crisis actual que abarca una alarmante pérdida de naturaleza, los desafíos del cambio climático y una pandemia en la que las amenazas contra los ecosistemas no han cedido, la información recolectada en la Expedición Guaviare 2021 es un insumo necesario para promover el conocimiento de la riqueza natural en las comunidades locales, que dependen de los ecosistemas y especies para su subsistencia, y para definir estrategias de conservación y uso sostenible con la participación de organizaciones científicas, gobiernos y comunidades locales.

*En la Expedición Guaviare 2021 participaron especialistas de WWF Colombia, Fundación Omacha, Instituto Sinchi, Corporación Ambiental CDA, Gobernación del Guainía, Mesa Ramsar de la Estrella Fluvial Inírida, ACEFIN, Universidad del Tolima, Universidad de Ibagué, Universidad del Quindío, Pontificia Universidad Javeriana, Universidad de Los Andes, Proterra, Fundación Paisajes Rurales y Manakin Nature Tours.

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