28 Sep 2015 - 2:00 a. m.

“Fui testigo del bombardeo a este jardín del Edén”

El periodista estadounidense estuvo en Bogotá durante la cumbre de las Américas sobre el cambio climático.

MARÍA PAULINA BAENA JARAMILLO

Alan Weisman guarda en su computador las imágenes que cualquiera que siga la historia del conflicto armado en Colombia quisiera tener. En 1988 vivió en un campamento de las Farc con Raúl Reyes y fotografió a ese comandante que sería dado de baja por el Ejército en 2008, a los guerrilleros que le sirvieron de guías y a los cocaleros de la región.

Pero su objetivo no era político. Para la revista del New York Times tenía la misión de penetrar la serranía de La Macarena porque allí se ubicaba el punto más biodiverso del mundo. Como dice él: “Una trampa para las especies”. Tuvo que salir corriendo por un bombardeo en el que casi pierde la vida y entre sus imágenes más cuidadas del viaje capturó osos perezosos, jaguares, caimanes, paujiles y chigüiros.

Colombia fue uno de los tantos lugares que recorrió. Ha llenado varios pasaportes con sus viajes por cerca de 60 países y siete continentes. Cuando pequeño quiso ser muchas cosas: ornitólogo, paleontólogo y astrólogo. Al final se decidió por la literatura y el derecho, pero se resistió al enclaustramiento. Entonces estudió periodismo y ha escrito seis libros, traducidos a decenas de idiomas, en los cuales descubrió que el medio ambiente es la base de los problemas sociales.

¿Por qué encontró en la ecología las respuestas para escribir historias?

Cada vez que podía acompañaba a los ecólogos de Arizona y descubrí que ellos entienden las conexiones de una gran red compleja que es el ecosistema.

¿Cómo llegó a Colombia?

Fue en 1988. Tenía que proponer una historia para la revista del New York Times sobre este país, pero las tres únicas cosas que anunciaban los periódicos internacionales en ese entonces eran café, narcotráfico y violencia.

Vivió en un campamento de las Farc con “Raúl Reyes”, movido por un interés ambiental y no político. ¿Por qué?

Me di cuenta de una contradicción. El país tenía mucha biodiversidad, pero era inviable. Necesitaba un símbolo de riqueza y me encontré con que Colombia era primera en aves, segunda en plantas y anfibios, y tercera en reptiles. Le pregunté al director de Parque Nacionales de ese momento cuál era el lugar con mayor riqueza biodiversa. Me contestó que el punto más biodiverso del mundo era la serranía de La Macarena, pero que ni siquiera él había podido ir por lo peligroso.

¿Qué quería encontrar en La Macarena?

Iba a ir aguas abajo con un lanchero por el río Duda, llegaríamos a una pista de 40 hombres, de ahí subiríamos a un cañón durante diez días de caminata para ver todas las maravillas: osos de anteojos, hormigueros, cantidades de pájaros, armadillos.

Estuvo en medio de un ataque del Ejército mientras vivía con las Farc. ¿Cómo fue?

Un día me levanté temprano para escuchar los pájaros y comenzó un bombardeo al otro lado del cerro. Lo sorprendente es que cada vez que caía una bomba, una nube de guacamayas salía del bosque y el cielo se pintaba de muchos colores: rojos, azules, verdes. Estaba viendo la riqueza más impresionante ser bombardea por mi país y por el suyo. Fui testigo del bombardeo del jardín del Edén.

En 1994 llegó a la Orinoquia. ¿Cuál era su propósito en el pueblo Las Gaviotas?

Escribí un libro que se llamó Un pueblo llamado Gaviotas. Se trataba de un lugar en el Llano que decidió no armarse, a pesar del conflicto. Se convirtió en el escenario de una de las historias medioambientales más esperanzadoras que existen, un paradigma del desarrollo sostenible.

¿Qué tecnologías desarrollaron los gavioteros?

Ante la falta de infraestructuras inventaron molinos de viento, bombas manuales capaces de extraer agua de acuíferos profundos y paneles solares que podían calentar e incluso potabilizar agua bajo los cielos nubosos de los Llanos. Consiguieron recuperar un ecosistema perdido y se está regenerando la selva tropical que una vez cubrió la región.

Su libro “El mundo sin nosotros” es un experimento que nos elimina del planeta. ¿Usted es misántropo?

La idea del libro era teóricamente borrarnos del paisaje para mostrar qué pasaría si no estuviéramos aquí. Increíblemente, la naturaleza es fuerte, resiliente, y logra sanar las cicatrices que dejamos. No considero que mi especie sea un cáncer en la Tierra. Decidí escribir este libro porque quiero un mundo con nosotros, pero en equilibrio.

¿Cómo llegó al tema de la sobrepoblación en su más reciente libro, “La cuenta atrás”?

No podemos seguir creciendo en un mundo que no crece. Me dieron unas cifras en la unidad de población de las Naciones Unidas que nadie puede comprender: cada 4,3 días estamos agregando 1 millón de personas al planeta. Eso no es ser sostenible.

¿Qué aprendió de su conexión con la naturaleza durante todos estos años?

Que todos los conflictos de este mundo tratan de recursos, de conflictos sobre recursos, de escasez de recursos o cambios en la naturaleza que nos están afectando a todos.

 

Nota del editor.

*Esta entrevista fue modificada. El autor nunca dijo que la única cosa ética que podríamos hacer los humanos es dejar de procrear. Weisman utilizó estas palabras porque fueron mencionadas por una de sus fuentes, pero él no está de acuerdo con la afirmación. Nos disculpamos con el autor y nuestros lectores por el error.

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