Un proyecto de más de USD 20 millones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) acaba de dar un giro, dejando la investigación científica y empezando una serie de misiones de prospección minera en regiones del océano Pacífico.
El objetivo, según dio a conocer la administración de Donald Trump, es ayudar a encontrar depósitos de materiales en el fondo del lecho marino.
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En una conferencia de prensa realizada en Washington esta semana, Erik Noble, subsecretario adjunto de la NOAA, aseguró que es “emocionante saber que, en los próximos años, bajo esta administración, habrá empresas que extraerán nódulos del fondo marino y los traerán a los Estados Unidos”.
La misión de prospección se realizará, según detalló el funcionario, en un área de 77.700 kilómetros cuadrados del océano Pacífico, en el territorio de Samoa Americana (Estados Unidos).
Previamente, este proyecto había realizado misiones en diferentes zonas del mundo para llevar a cabo investigaciones sobre el mundo submarino.
Por su parte, la administración esta semana expresó sus intenciones para permitir actividades mineras comerciales en aguas abiertas en las costas de Alaska. A finales de esta semana, se anunció que se emitirá un borrador sobre la normativa para la autorización de estas actividades.
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Los efectos de la minería submarina
A mediados de 2025, un grupo de científicos documentó los impactos en la biología marina que dejan los proyectos de minería submarina.
El estudio, publicado en la revista Nature, investigó los efectos a largo plazo de una serie de huellas mineras realizadas en la década de 1970 en la zona Clarion-Clipperton (CCZ), que se extiende entre Hawái y México en aguas internacionales.
En este punto, a más de 4.000 metros de profundidad, se llevaron a cabo pruebas para extraer algunos metales codiciados por varias industrias, en particular por los nódulos de magnesio. En contraste, la CCZ es también el hogar de varios ecosistemas y animales poco estudiados por la ciencia.
“Cuatro décadas después de un experimento minero de prueba que eliminó nódulos, los impactos biológicos en muchos grupos de organismos son persistentes, aunque las poblaciones de varios organismos, incluida la macrofauna de los sedimentos, los alimentadores de depósitos móviles e incluso la fauna de gran tamaño, han comenzado a restablecerse a pesar de los persistentes cambios físicos en el fondo marino”, indican los autores del estudio.
En ese sentido, los investigadores reportaron que se han detectado signos del regreso de la vida en este punto, aunque advirtieron que su recuperación total “podría ser imposible”.
“El número de muchos animales se redujo dentro de las huellas, pero observamos algunos de los primeros signos de recuperación biológica”, afirmó, a Phys.org, el autor principal, Daniel Jones, del Centro Nacional de Oceanografía.
Jones precisó que, mientras animales pequeños y móviles se pudieron ver en la zona minera, aquellos de mayor tamaño y que se adhieren al fondo marino son aún poco comunes.
El estudio concluye que, a pesar de que un equipamiento más moderno podría limitar el impacto en la vida marina, su impacto seguiría siendo visible durante décadas.
“Nuestros resultados no responden a la pregunta de si la explotación minera de los fondos marinos es socialmente aceptable, pero aportan los datos necesarios para tomar decisiones políticas mejor fundamentadas”, concluyó Adrian Glover, coautor del estudio y miembro del Museo de Historia Natural británico, a Phys.org
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